¿Por qué ahora?

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República Dominicana ha venido siendo embestida por un sin número de ataques y acusaciones internacionales por sus medidas migratorias.  La vorágine se incrementó a partir de la sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional sobre el caso de la señora Juliana Deguis Pierre.

Cientos de ONGs sustentadas con fondos de estados adversos a la Nación dominicana, las cuales no escondieron sus intenciones ni dudaron en confrontar a nuestro país en escenarios internacionales como la Organización de Estados Americanos, conformaron un coro de acuse y derribo contra el Estado dominicano por el simple hecho de tratar de imponer una legislación clara y conveniente para sus intereses en materia migratoria.

La tempestad ha amainado, mas no la intención de imponer una «solución» a la situación de miseria, hambre y hacinamiento en Haití de millones de seres humanos, a costa de la vida y el bienestar de los que viven en la parte este, o dicho de otro modo,  del lado dominicano.

¿Por qué precisamente ahora se destapa el “showman”,  como sería calificado en el ámbito de Norteamérica, don Álvaro Arvelo hijo, con la diatriba cobarde, deshonrosa y agresiva contra el Padre de nuestra nacionalidad?

Emborronar cuartillas recordándoles a los dominicanos quien fue Juan Pablo Duarte sería perderse en las veredas del laberinto en el que se nos quiere situar; aquí, lo que nos debemos preguntar es ¿a quién sirve Álvaro Arvelo hijo con estas vergonzantes declaraciones?.

Creo con toda sinceridad que el señor Arvelo es solo la punta del iceberg, y que detrás de sus declaraciones existe otra embestida contra el Estado dominicano, con la variante de que ésta es más peligrosa que las anteriores, pues los disparos han comenzado sobre la cabeza moral y patriótica de nuestra nacionalidad.

Usar un personaje como éste, que se ha hecho famoso por su lenguaje soez en los medios de comunicación, ganándose el favor de grandes masas sin pizca de educación que se deleitan escuchando incoherencias en palabras vulgares, es una forma ladina e inteligente de preparar el terreno para futuros ataques a los valores que nos han forjado como nación.

¡Ojo al cristo!. Alvarito no es tan solo Alvarito. Detrás de este ataque alevoso y desvergonzado puede haber algo más.

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