POR MARCELINO LARA
En el primer capítulo de su libro titulado «El precio de la civilización», el laureado economista Jeffrey Sachs nos dice lo siguiente, en su diagnóstico de la crisis económica americana: «Bajo la crisis económica americana, subyace una crisis moral: la élite económica y política cada vez tiene menos espíritu cívico. De poco sirve una sociedad con leyes, elecciones y mercados, si los ricos y poderosos no se comportan con respeto, honestidad y compasión hacia el resto de la sociedad y hacia el mundo».
El gobierno dominicano ha intentado varias veces ejecutar una reforma tributaria desde su llegada al poder en agosto 2020, pero su inclinación a manejarse con un excesivo gasto corriente ha generado desconfianza y falta de credibilidad en diferentes sectores de la sociedad.
Ya son varios los decretos de austeridad emitidos, pero ninguno han sido cumplidos, mientras tanto, a el gasto público corriente ha continuado expandiéndose financiado por una indetenible fiesta de préstamos.
Pero como dice la canción, todo tiene su final, y los intereses pagados por deuda son tan elevados (más de 300 mil millones) que las autoridades se han visto obligadas a reaccionar proponiendo al país un adefesio de reforma tributaria disque para recaudar 60 mil millones de pesos, y así procurar mantener el déficit alrededor del 3.0% del PIB, que es el límite tolerable por el FMI.
Por razones de espacio solo vamos a evaluar aqui algunas de las principales medidas a ser aplicadas. Vamos a empezar por el aumento del ISR a grandes empresas del 27% al 30%. En múltiples ocasiones empresarios dominicanos se han quejado de que ese 27% está muy alto y que le quita competitividad con respecto a otras empresas de la región que pagan una tasa inferior a ese porcentaje.
Y por otro lado, hay estudios que dicen que la administración tributaria sólo recauda el 40% del total del ISR que debería cobrar. Es lógico pensar que si se sube la tasa al 30% podría terminar cobrando mucho menos del 40% que actualmente se cobra por ISR. De más está decir que dicho impuesto sería pagado por los consumidores a través del alza en los precios.
El aumento del impuesto a las transferencias financieras digitales de 0.15% a 0.20% resulta incomprensible en un gobierno que a través del banco del estado ha invertido tanto dinero en publicidad para hablar de bancarizacion, cuenta de ahorro digital y de inclusión financiera, y hasta de disminuir la brecha digital, esté aplicando impuestos a las transacciones bancarias en línea.
Llevar a 39 mil pesos el sueldo libre de pago del ISR es una medida que ha debido aplicarse anualmente si respetáramos la ley de indexación salarial que ya existe desde hace varios años atrás. Por otro lado, la canasta básica familiar ya asciende a los 55 mil pesos mensuales. De manera que 39 mil pesos a penas podría cubrir la canasta básica de subsistencia.
En cuanto al pago de anticipos, las mipymes siempre han considerado este impuesto como un anacronismo que debería desaparecer por completo, y sólo fue eliminado para las microempresas.
Las demás propuestas no son tan relevantes desde el punto de vista de su impacto social, algunas de ellas son simples correcciones y otras podrían beneficiar a pequeños grupos muy específicos. Por ejemplo tenemos la eliminación de un impuesto al fósforo que data de los años 30, o la que se refiere a la ganancia de capital o la que reduce impuestos de sucesiones y donaciones.
En dicha propuesta no se plantea poner tope al gasto público corriente ni tampoco se especifica monto para reducir dicho gasto. No se menciona por ninguna parte reducir la elevada nómina pública de 800 mil empleados. Ni tampoco de mejorar la administración tributaria.
En definitiva se deja libre al Leviathan (T. Hobbes) para que siga gastando a manos llenas y sin ningún tipo de control.
Sólo en mayo se otorgaron sobresueldos a empleados públicos por RD$3,650 millones lo cual significa una ejecución del 140% mensual, siendo superior al promedio de enero-abril. Y el pago por publicidad ascendió a 1,077.0 millones, una proyección de más de 10 mil millones anual.
Al cerrar el año 2025, el gasto público corriente aumentó en 50 mil millones de pesos y fueron otorgadas transferencias corrientes por RD$418,916.2 millones. No hubiera sido mejor bajar el ISR a las grandes corporaciones del 27% al 24% y eliminar ese elevado monto de transferencias corrientes?
El déficit presupuestario es de unos 280 mil millones de pesos y pretendemos recaudar 60 mil millones para mantener una proporción del 3.1% del PIB para no asustar a los tenedores de bonos del estado dominicano, ni al FMI. Ya estamos entre la espada y la pared.
No se pueden presentar soluciones coyunturales para problemas que se han vuelto estructurales. La economía no puede manejarse a través de presentaciones mediáticas eludiendo el verdadero problema de fondo.
Sabemos que debe ser muy difícil para una administración de gobierno hedonista entender que su papel es llevar a la sociedad dominicana hacia delante con responsabilidad y visión de futuro. Los parches nunca han evitado las crisis económicas, a penas sirven para posponer su fecha.
Como bien dice el premio Nobel de economía Jeffrey Sachs: Si no restauramos los valores de la responsabilidad social, no puede haber ninguna recuperación económica significativa y sostenible.
of-am


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1. En ese mismo sentido, considero que antes de aumentar el ISR de un 27% a un 30% para los grandes contribuyentes, las autoridades deberían concentrarse en mejorar la eficiencia de la recaudación y combatir la evasión fiscal. Si, como se afirma en el artículo, una parte importante del ISR no se recauda, resulta razonable preguntarse si la solución está en aumentar las tasas o en fortalecer los mecanismos de control y fiscalización.
2. La reforma parece cargar nuevamente el peso sobre quienes ya cumplen con sus obligaciones tributarias. Un aspecto que merece mayor atención es la transparencia y el control en la recaudación del ITBIS, ya que las empresas actúan como agentes de retención del Estado y están obligadas a transferir esos recursos al fisco. Mejorar la supervisión y garantizar el cumplimiento efectivo de estas obligaciones podría generar mayores ingresos
3. Ademas plantea que los problemas fiscales actuales son de carácter estructural y no pueden resolverse únicamente mediante aumentos de impuestos. Desde mi punto de vista, una reforma integral debería combinar una mejor administración tributaria, una reducción de la evasión, mayor transparencia en el uso de los recursos públicos y una revisión responsable del gasto estatal.
Muy interesante profesor Marcelino Lara;
El artículo señala que el Gobierno pretende aumentar la recaudación mediante nuevos impuestos y mayores tasas, mientras deja sin abordar problemas estructurales como el crecimiento del gasto corriente, la falta de control del gasto público y las debilidades en la administración tributaria.
Estoy de acuerdo con medidas para mejorar la administración tributaria, de manera que se pueda bajar la evasión fiscal. Esa si sería una medida correcta para recaudar muchos recursos sin cargar más impuestos.
«Los gastos se socializan,los beneficios se privatizan»
Mientras les aprietan la tuerca,el pueblo con su cabeza metida en las redes sociales y Teteo, luce que mientras encuentre con que comprar una recarga,una fría o un pote,nada les importa