Para quien suscribe, el terror es el acontecimiento más despreciable que pueda ocurrir en una sociedad.
Es que se hace con premeditación maldita, ubica, mide y no le importan las consecuencias.
Sencillamente, él, o los terroristas carecen de sensibilidad alguna ante el dolor ajeno.
Los terroristas son seres sádicos extremos, cuyo odio y desprecio por todo lo viviente rompe los parámetros de la criminalidad y del oprobio.
El odio de los terroristas se eleva al cubo y más allá, sin importarles, que durante el acto salvaje de su inmisericordia, fallezcan hasta sus padres.
A los terroristas no les importa destrozar la alegría infantil de la inocencia, mucho menos, la delicadísima dulzura de una madre en gestación.
Los terroristas son monstruos, nacidos, no de vientre venturoso alguno, sino, de la enferma perversión execrable de Polifemo, para vestidos de afrentosa infamia devorar la sagrada paz, en cualquier aurora o arbusto distante donde se anide.
Consumado su desastre, casi siempre logran escabullirse zigzagueantes, vueltos reptiles, a celebrar y libar entre cloacas repletas de heces, con tragos venenosos la hediondez de su horroroso y maltrecho triunfo.
Así festejan los terrorista su artera, cobarde rufianía, dejando sangriento destrozo indiscriminado, que manado de la desmalicia preventiva coloca la nobleza en el instante preciso y el lugar para una tragedia inimaginada en el planeta.
En la desvirtuosa escena explosionada, acaecida con autos estrellados sobre multitudes transeúntes, casi nadie atina precisar a los malvados. Los ojos y el accionar solidario siempre se vuelcan al espontáneo socorrer las víctimas, muchos mutilados, otros heridos, muy mal heridos y muertos.
Muertos por siempre quedaron 14 ciudadanos del mundo, incluyendo un niño, que con admiración satisfecha disfrutaban las atracciones turísticas de Barcelona, España.
De los más de 132 heridos reportados a causa del penúltimo y fervientemente repudiado ataque terrorista, Protección Civil de la península ibérica, acaba de reportar que 79 ya fueron dados de alta y 53 continúan ingresados en distintos centros sanitarios.
De las personas que siguen bajo atención médica, 13 de ellas están en un estado crítico mientras que 22 tienen una consideración grave, 16 son calificadas de «menos graves» y 2 presentan heridas de carácter leve.
Por suerte, en el último atentado perpetrado horas después en Cambrils, por otra facción del mismo grupo Yijadista, que consumó la matanza de la Rambla en Barcelona, la policía logró ajusticiar a 4 monstruos desalmados, mientras fallecía un joven arquitecto y soñador.
Estos atentados del terror, se suman a cientos de bochornos ocurridos en diferentes lugares del mundo, y a causa de ello, la mayoría de los pueblos se han pronunciado con estupor, cuando España llora impotente.
Yo me inclino reverente, ante las tumbas inocentes y por los que sobreviven heridos que luchan tratando de recuperarse.
carlosmarquezcabrera@gmail.com
JPM


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