SAN CRISTOBAL.- A unos 30 kilómetros de la capital dominicana, en la provincia de San Cristóbal, se encuentran las Cuevas del Pomier, uno de los conjuntos arqueológicos más extraordinarios y menos conocidos de América.
Por Mariela Pérez Valenzuela
Corresponsal jefa en República Dominicana
También denominadas como las Cuevas de Borbón, albergan miles de pinturas rupestres y petroglifos elaborados por los pueblos indígenas que habitaron la isla La Española siglos antes de la llegada de los europeos.
Para arqueólogos, antropólogos y especialistas en conservación, este complejo constituye una ventana excepcional al pasado precolombino del Caribe. Para la República Dominicana, representa un patrimonio científico, cultural e histórico de gran valor, cuyo reconocimiento internacional apenas comienza.
UN TESORO OCULTO BAJO LAS COLINAS
El Monumento Natural Reserva Antropológica Cuevas del Pomier, ubicado en la región sur del país, está conformado por decenas de cavernas de origen kárstico, formadas durante millones de años por la acción del agua sobre la roca caliza. Aunque las estimaciones varían, se han documentado más de 50 cuevas, algunas de ellas interconectadas, en cuyo interior se preservan algunos de los testimonios más importantes de la presencia indígena en el Caribe insular.
Sus paredes y techos mantienen una impresionante colección de pictografías y más de un centenar de petroglifos trabajados por los taínos, aunque los expertos estiman que la cifra real podría ser mucho mayor.
Estas imágenes simbolizan figuras humanas, animales, rostros, símbolos geométricos y deidades vinculadas a la cosmovisión indígena.
Entre las más frecuentes se encuentran aves, tortugas, perros y murciélagos, además de figuras antropomorfas y escenas relacionadas con rituales religiosos, que constituyen una fuente invaluable para comprender las creencias, la organización social y la relación con la naturaleza de los pueblos originarios.
LA CIENCIA DETRÁS DE LAS PINTURAS MILENARIAS
Durante décadas, los especialistas reconocieron la antigüedad del arte rupestre de Pomier, aunque sin poder determinar con exactitud cuándo fue realizado.
Esa interrogante empezó a resolverse mediante estudios que utilizaron técnicas de datación por carbono 14 en pequeñas muestras tomadas de las pinturas.
El trabajo, realizado por especialistas dominicanos y españoles con la participación de la Universidad de Oxford, una de las más antiguas y prestigiosas ubicada en Reino Unido, permitió establecer por primera vez una cronología científica del sitio.
Los resultados indican que las representaciones fueron hechas entre el siglo XI y finales del XV, llegando incluso hasta el período de contacto entre los taínos y los europeos, y confirma, además, que Pomier fue utilizado durante varios siglos como un importante centro ceremonial.
CUANDO LAS CUEVAS ERAN RECINTOS CEREMONIALES
Más que refugios naturales, las cuevas desempeñaron un papel espiritual esencial para las comunidades indígenas.
Algunas galerías muestran escenas relacionadas con la cohoba, una práctica ritual en la que líderes religiosos inhalaban una sustancia alucinógena para comunicarse con los dioses y los antepasados. Otras contienen expresiones asociadas a divinidades vinculadas a la lluvia y a otros fenómenos naturales.
Para los arqueólogos, el conjunto funcionó como un gran santuario. Su importancia dentro del mundo taíno habría sido comparable a la que poseen hoy algunos de los principales espacios sagrados para otras culturas.
Las cuevas no solo preservan arte. También albergan evidencias de prácticas funerarias y de actividades humanas que permiten reconstruir aspectos de la vida cotidiana de los pueblos que habitaron la isla antes de la colonización.
MÁS QUE ARQUEOLOGÍA: UN ECOSISTEMA SUBTERRÁNEO
Las Cuevas del Pomier no son únicamente un patrimonio cultural. También constituyen un ecosistema de gran valor ambiental.
Las cavernas sirven de refugio para diversas especies de murciélagos y otros organismos adaptados a la oscuridad. Además, forman parte de un sistema geológico que ayuda a comprender la evolución del paisaje caribeño.
Por esta razón, la salvaguarda del sitio implica proteger simultáneamente un patrimonio arqueológico y un entorno ecológico de gran fragilidad.
DEL CONFLICTO A LA CONSERVACIûN
Pese a su importancia científica, las Cuevas del Pomier han convivido durante décadas con actividades extractivas en sus alrededores.
La explotación de piedra caliza y otros materiales generó preocupación entre estudiosos, ambientalistas y gestores culturales, quienes advirtieron sobre los riesgos para las cavernas y para las manifestaciones rupestres que albergan.
Ante esta situación, el gobierno dominicano inició en 2025 un plan de rescate que incluyó la interrupción de actividades mineras en áreas consideradas sensibles para el sostenimiento del monumento natural.
Posteriormente se conformó una mesa de trabajo integrada por instituciones ambientales, culturales y académicas con el objetivo de restaurar el entorno y diseñar una estrategia de protección permanente.
En junio de este año, un decreto presidencial declaró de utilidad pública varios terrenos ubicados dentro de la reserva antropológica con el fin de fortalecer las acciones de cuidado, restauración ambiental y monitoreo científico.
LA FUTURA CAPITAL PREHISTûRICA DEL CARIBE
Las autoridades dominicanas aspiran a convertir Pomier en un gran centro de investigación, educación y turismo cultural.
El proyecto contempla la recuperación ambiental de áreas afectadas, la mejora de la infraestructura para visitantes y la promoción internacional del sitio como referente arqueológico del Caribe.
Entre las metas figura también impulsar una futura candidatura ante la Unesco para obtener el reconocimiento como Patrimonio Mundial, una distinción que contribuiría a fortalecer su protección y visibilidad internacional.
Este junio, el Senado aprobó el proyecto que declara dicha Reserva Antropológica como «Capital Rupestre de la República Dominicana».
LO QUE POMIER AÚN TIENE POR REVELAR
A pesar de décadas de exploración, las Cuevas del Pomier guardan numerosos secretos.
Los especialistas continúan identificando nuevas manifestaciones rupestres, mientras analizan técnicas usadas en las pinturas y exploran aspectos aún poco conocidos de la vida ceremonial taína.
Cada nuevo hallazgo confirma que estas cavernas constituyen mucho más que un atractivo turístico. Son un archivo de piedra que conserva la memoria de una de las civilizaciones más importantes del Caribe y una fuente de conocimiento que todavía tiene mucho que aportar a la ciencia.
La historia de Pomier demuestra que algunos de los grandes tesoros arqueológicos del continente permanecen lejos de los circuitos más conocidos.
Su preservación no solo compete a la República Dominicana, sino también a la comunidad científica internacional y a todos aquellos interesados en comprender los orígenes culturales de América.
of-am


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