Artritis geopolítica: una metáfora del desgaste de las guerras permanentes

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EL AUTOR es aogado y comunicador. Reside en Santo Domingo.

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En medicina, la artritis es una enfermedad que provoca inflamación, dolor, rigidez y pérdida progresiva de movilidad. Sus efectos no aparecen de forma repentina; se acumulan con el tiempo hasta limitar la capacidad de acción del organismo. Tomando esta imagen como metáfora, podría hablarse de una «artritis geopolítica» para describir el desgaste que experimentan las naciones involucradas durante largos períodos en conflictos militares, rivalidades estratégicas y crisis internacionales sucesivas.

Los síntomas de esta condición no aparecen en un solo frente. La inflamación se refleja en el aumento constante de las tensiones regionales; el dolor, en los costos humanos, económicos y políticos de las guerras; la rigidez, en la pérdida de flexibilidad diplomática; y la reducción de la movilidad, en la creciente dificultad para alcanzar objetivos estratégicos mediante los mismos instrumentos que antes parecían eficaces.

La reactivación de la crisis en Oriente Medio parece haber profundizado algunos de esos síntomas en la política exterior estadounidense. Lejos de producir estabilidad, el conflicto ha incrementado las tensiones regionales, elevado los costos de la intervención y reducido el margen de maniobra diplomático de Washington.

Donald Trump prometió durante su campaña poner fin a los conflictos mediante la disuasión y negociar desde una posición de fuerza. Sin embargo, la complejidad de la región volvió a demostrar que las soluciones rápidas rara vez funcionan en escenarios marcados por décadas de rivalidades, intereses cruzados y desconfianza mutua. Lo que se presentó como una estrategia de corrección terminó generando nuevas dificultades y mayores exigencias políticas y militares.

El conflicto entre Israel e Irán parecía manejable en sus primeras etapas, pero las respuestas de Teherán, la persistencia de las tensiones y el aumento de los riesgos regionales contribuyeron a un desgaste estratégico creciente. Cada nueva crisis exige más recursos, más atención diplomática y mayores compromisos de seguridad. Como ocurre con la artritis, el problema no es únicamente el dolor inmediato, sino el deterioro progresivo de la capacidad de movimiento.

Las secuelas también son visibles en la credibilidad internacional. En geopolítica, la confianza constituye un activo fundamental. Cuando se debilita, aumentan las posibilidades de confrontación y disminuye la eficacia de la diplomacia. El resultado es una política exterior cada vez más reactiva, obligada a responder a crisis recurrentes en lugar de concentrarse en objetivos estratégicos de largo plazo.

El periódico digital, almomento.net, reseño lo que dijo el líder Supremo Mojtaba Jameneí, afirmó que el presidente de EUA, Donald Trump, “buscó la firma del memorando de entendimiento con «desesperación», estaba en contra del acuerdo pero lo aceptó por la insistencia del presidente iraní, Masud Pezeshkian” y agregó: “los políticos, movidos por una sincera preocupación, realizaron grandes esfuerzos. Fue Donald Trump quien, movido por la “desesperación”, utilizó todo tipo de argucias para lograrlo”.

La historia demuestra que las grandes potencias rara vez son derrotadas por un solo enemigo o una única batalla. Con frecuencia, el desgaste acumulado de conflictos sucesivos termina erosionando su economía, capacidad de adaptación y reduciendo su margen de maniobra. Tanto EUA, como Rusia, han ejercido influencia más allá de sus fronteras y han buscado proteger o ampliar sus intereses estratégicos, por lo que han provocado conflictos bélicos en patio ajeno.

Quizás la verdadera amenaza para las grandes potencias no sea un adversario específico, sino la tendencia a quedar atrapadas en guerras permanentes que consumen recursos, multiplican compromisos y generan nuevas crisis antes de resolver las anteriores. Como ocurre con la artritis, el problema no siempre es la pérdida de fuerza, sino la pérdida gradual de movilidad. Y cuando una nación comienza a perder movilidad estratégica, conserva su poder, pero cada vez le resulta más difícil ejercerlo con la eficacia que alguna vez la distinguió

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