Por FRANCIS JAVIER
El genocidio es una de las prácticas más execrables. Tiene por finalidad eliminar a grupos de personas por motivos económicos, raciales, políticos, religiosos o sociales.
Los genocidas asesinan, violan, matan, someten a la fuerza a niños a los cuales entrenan para matar. Todo ese panorama dantesco se presenta en Haití ante las narices de estados miembros de la ONU.
¿Cómo es posible que ese organismo fundado en 1945 para preservar la paz, permita un genocidio en sus mismas narices?
Los líderes progresistas de América Latina y Europa están donde están. ¿O es que no sabe la comunidad internacional que en Haití hay más muertos que en Gaza y Ucrania?. Once millones de personas están sin alimentos, salud, educación, agua potable, cinco millones de habitantes de ese empobrecido país han sido desplazados forzosamente de sus hogares lo que ha motivado uno de los éxodos humanitarios más grandes de la era moderna.
La situación haitiana nos llena de vergüenza como sociedad civilizada. Nos gustaría ver a esos estudiantes universitarios norteamericanos y franceses que hoy protestan por lo que sucede en Gaza alzar su voz por los 100 mil haitianos asesinados. ¿O es que los niños, niñas y mujeres haitianas víctimas de ese conflicto no son seres humanos?.


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