Si algo se le reconoció temprano al gobierno de Luis Abinader fue el manejo correcto de la crisis sanitaria que heredó del anterior de Medina, al que se le atribuyó haberla politizado durante la campaña electoral para favorecer al candidato oficial.
Siendo así, mal puede el actual gobernante dejar que esas notas le bajen o exponerse a que el sistema de salud del país sufra un colapso, con el rebrote del COVID y las variantes que han sacado la cabeza y disparado el número de contagiados.
El presidente dijo que la salud de los dominicanos sigue siendo su prioridad e hizo bien en ordenar unos mil 500 millones adicionales para abastecer de los medicamentos requeridos a las farmacias de los pueblos. Muy oportuno, pero ojo con aquello de que “es imposible” y de que “no hay condiciones” para volver a cerrar el pais y paralizar la actividad productiva. ¿Y si lo peor aún no ha pasado?…
Porque, frente a la imprudencia e indiferencia de la gente ante el peligro, y el abuso criminal y mercurial de las aseguradoras y demás agentes privados que no reparan en una situación de emergencia nacional para volver a hacer negocios con indefensos pacientes, todo debe depender (¿).
Por ejemplo -y en lo que el Congreso, retraído, asume su rol y modifica la ley para que el Estado sea quien tenga control y aplique las reglas de juego de la seguridad social, para que esta realmente sea segura y social (¿)-, el Gabinete de Salud y Palacio deben prestar especial atención a la advertencia-denuncia del presidente del Colegio Médico Dominicano, dotor Senén Caba, sobre los riesgos y negocios que ha habido y hay de por medio.
¿Cómo es posible que las ARS impongan que el paciente solo tiene derecho a una prueba PCR y obliguen al “asegurado” a hacerse una de antígenos, que no es determinante, antes de la PCR, para cobrar por las dos, y que la máxima autoridad del sector salud no le dé un corte marcial a ese despropósito?
Con todo y que, a decir del presidente, el turismo ha liderado la recuperación económica del país, con más de 5 mil millones de dólares en divisas, no es aceptable –ni entendible- que los turistas lleguen a los aeropuertos dominicanos hasta sin camarillas y no se les pida su tarjeta de vacunación y una prueba reciente, como se exige al que va de aquí a otra parte del mundo.
La autoridad, en democracia, tiene que “empantalonarse” ante la crisis y en función del interés general. Poner e imponer control, de verdad, y dar seguimiento. En supermercados y diversos establecimientos ya no piden la tarjeta de vacunación; no hay distanciamiento del público y la gente andan sin mascarilla, que tiran en las aceras o donde quiera, exponiendo a los demás al contagio (¿). Y no hay control al respecto, salvo la observación de empleados de algún establecimiento que, muchas veces, reciben insultos de quien está en falta.
En fin, en el actual rebrote de contagio el gobierno no debe exponerse a que le achaquen indiferencia ante a la crisis, que ya envuelve con efectos preocupantes al propio personal médico, y que al priorizar el aspecto económico al de salud, el control sanitario se le vaya de las manos al Estado y el sistema colapse. Mejor precaver.
JPM


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