Hacia la evolución de un imperio (1 de 2)

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El autor es doctor en Humanidades. Reside en Azua

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Por JOHNNY WEBSTER
En el Siglo 16 España es el imperio del momento; al llegar el 1700, su supremacía se derrumba. En cambio, Holanda toma el mando (1602): También se desintegra (1665). A este le sigue Francia (1804) y sucumbe (1870). Y así llego el turno de Inglaterra; su periodo pico surge entre (1815 y 1914); luego se desmorona; le pasa el mando a EE. UU. (1898– ). Y ahí nos encontramos hasta el día de hoy.
Preguntémonos ahora: estaríamos ya viviendo la última etapa del capitalismo de EE. UU. (o del neocapitalismo) como única potencia mundial? O estaría el capitalismo regularizado, o sea, de estados como China y Rusia, desplazando al modelo actual que tenemos, especialmente hoy con la llegada de un «enemigo biológico» el Covid-16?
Empecemos: como ningún imperio ha tenido en su territorio todos los recursos económicos o naturales para hacer crecer sus ganancias, el dominio de su medio entorno (o donde se encuentren los recursos que necesita para multiplicar riqueza) es la forma en que todos los poderíos se manifiestan. En este sentido usan todos los mecanismos disponibles con tal de lograr esa meta. Desde hacer incursión militar en un país armamentísticamente inferior, hasta bloquearlo y declararle guerra económica. Estas entre otras son algunas de las técnicas que se usan en el mundo del capitalismo irregular para subyugar al oponente y hacerlo testaferro a los intereses de dicha estructura económica.
Del excepcionalismo a la hegemonía:
Las potencias siempre basan su poderío en la creencia de cierto excepcionalismo divino. Creen que sus actos sórdidos se basan en una condición divina, ordenada por un ser supremo, que les da la autoridad de ir a venir por todos del mundo, en una especie de cruzada religiosa, interfiriendo en la vida de otros, ya que creen que su realidad es superior a los demás. Y es un mandato divino.
Por ejemplo, de haber sido la revolución bolivariana en Venezuela en los años en que Ronald Reagan era el presidente en la tierra del Tío Sam (1981-1989), o sea cuando el mundo era unipolar, y solo lo que se respiraba era la celebración el «libre» comercio y el supuesto triunfo del capitalismo descentralizado ante el otro regularizado, hace tiempo que el gobierno bolivariano, hubiese dejado de existir; Reagan emprendió una cruzada cuya secuela hoy se está debilitando o está casi moribunda.
Así es como se da el caso que Reagan, y luego los que llegarán más adelante a la Casa Blanca cuando los Bush y Obama serán producto de ese excepcionalismo, y como secuela, hicieron invasiones por todos lados, gastando una cantidad de dinero equivalente a 8 trillones de dólares. Aunque casi todas estas acciones balísticas fueron un mecanismo para fomentar ganancias, una gran parte de este dinero se usó para invertirlo en la industria armamentística.
Asimismo se calcula que después de la Segunda Guerra Mundial, el Tío Sam ha venido en una cruzada imparable, y ha sido responsable de la muerte de entre 20 y 30 millones de personas en conflictos esparcidos por todo el mundo, y aun de un gran número de golpe de estado.
De las armas al mecanismo de intimidación:
La piedra angular de este supuesto excepcionalismo está basado en el poder de las armas. O dicho de otro modo, la plutocracia para, lograr su objetivo de dominio, tiene que tener un poder armamentístico, ya que es aquí donde descansa su autoridad ante los demás. Sin armas no hay obediencia ni mucho menos excepcionalismo.
 
A. Veamos el caso de República Dominicana
En el 1962, cuando en R.D. el pueblo votó por un gobierno progresista, abogando por programas como la reforma agraria, más inversión en obras públicas, nada de esto no fue visto de buena forma para la futura relación con los políticos de la Casa Blanca; y así después de tan solo 7 meses en el cargo, el presidente electo fue depuesto por un golpe de la CIA (o el ejército invisible del Tío Sam).
En 1965, cuando un grupo intentó reinstalarlo a aquel gobierno electo, el presidente Johnson dijo: «Este Bosch no es bueno». Y el subsecretario de Estado Thomas Mann le respondió: “No es bueno en absoluto. Si no conseguimos un gobierno decente, señor presidente, tendremos otro Bosch. Simplemente va a ser otro sumidero».
Dos días después comenzó la invasión estadounidense; y 22.000 soldados e infantes de marina entraron a la media isla y unos 3.000 dominicanos murieron durante los combates. El discurso dominante para hacer esto fue que se hizo para proteger a los extranjeros allí. (El Tío Sam siempre se cuida de tapar todas sus acciones con una cortina de humo).
Si hubiese el mando de Juan Bosch existido en una época de internet y donde abundaran tantos medios sociales (donde las personas pueden tener aseso a información que antes se escondía tras batidores), y, donde el espacio unipolar va camino al desgaste (si no ya ha llegado), y otro multipolar está surgiendo, es muy probable que ese golpe de estado no se hubiese dado de la forma en que fue ejecutado en aquel entonces.
JPM
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