El discurso de toma de posesión del presidente Luis Abinader fue una joya. Claro, preciso y conciso.
No se podía pedir más pues trazó las líneas generales de lo que será su gobierno en un contexto golpeado por una fuerte crisis económica acarreada por una inédita situación sanitaria que transformada en pandemia azota la humanidad.
El discurso presidencial trajo esperanzas en medio de un panorama tétrico.
Solo hay un aspecto que faltó: la austeridad. Un elemento que si bien se refleja en la eliminación de instituciones innecesarias y fuentes de corrupción, debió tocar más de cerca a quienes asumen el poder.
Es incomprensible que en medio de esta crisis económica, la falta de empleos y el inevitable endeudamiento, se mantengan una serie de salarios exhorbitantes y privilegios irritantes.
Con su liderazgo en la cúspide y una credibilidad incuestionable, el presidente Abinader debe tomar las medidas necesarias para que revertir esta iniquidad.
De hecho está demostrado que el desprendimiento no es una virtud muy común en la clase política dominicana. Los recursos del Estado e instituciones autónomas constituyen para muchos una piñata que repartir a manos llenas.
El presidente Abinader tiene en sus manos proceder ahora porque después puede ser tarde para imponer la urgente austeridad que reclama la realidad actual.
JPM


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