El constitucionalismo, como fenómeno histórico-político, aparece muy vinculado a dos grandes acontecimientos de la humanidad en el siglo XVIII, como fueron la independencia de los Estados Unidos en 1776 y la Revolución Francesa en el 1789. De la primera saldría la Constitución de 1787, aún vigente en esa emblemática República, y de la segunda surgiría la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Ambos sucesos, fuertemente, influenciados ideológicamente por el pensamiento liberal de John Locke, Montesquieu, Jean-Jacques Rousseau y otros pensadores de la Ilustración. Fueron estos procesos, la independencia norteamericana y la revolución francesa, los que impulsaron la creación de las constituciones escritas, la universalización del pensamiento constitucional, dentro de las que se encuentran la Constitución de Cádiz de 1812 cuyos postulados repercutieron en las colonias iberoamericanas. Ahora bien, mientras aquella tan solo ha sido modificada una ventena de veces, la de nuestro país ha sido reformada en alrededor de cuarenta ocasiones, las dos últimas en menos de 8 años, lo que incontestablemente muestra lo accidentado que ha sido el proceso histórico y constitucional dominicano. Las constituciones, incluyendo la dominicana, están concebidas cual máxima norma de la República para garantizar derechos, establecer deberes, ordenar, separar y “limitar” los poderes del gobierno, y como tal merece ser colocada en un estandarte en donde se le cuide, proteja y respete, de una vez y para siempre, de las reformas caprichosas, antojadizas, de la demagogia de la clase política, en fin, de lo que les ha dado a los constitucionalistas por llamar como la fiebre de reformas. El legislador dominicano del 2010 nos proveyó una constitución moderna y progresista que entendemos debemos reservar hasta que los cambios sociales y culturales futuros demanden su actualización. Al conmemorarse el 170 aniversario de la firma de la Carta Magna, en donde se dio origen al Estado dominicano en el 1844, no podemos pasar por alto y rendirle un tributo a nuestros patriotas que se desempeñaron como asambleístas constituyentes, destacándose nuestro representante, el Padre Ayala, quien nos legó una gran cantidad de obras y conquistas que fueron determinantes para el desarrollo de nuestra provincia. Nuestra querida provincia de San Cristóbal atraviesa por grandes males que afectan a los ciudadanos, manchan su imagen y nos pone en una posición desventajosa ante las demás provincias del país, es por esto que se hace necesario que los Sancristobalenses promovamos más que nunca nuestra tierra como la Cuna de la Constitución. ¡¡Hagamos de la constitución nuestro principal activo!!
La Constitución: principal activo de San Cristóbal
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