Hoy se cumple el primer mes de la juramentación de autoridades en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Un leve atraso en el pago de los sueldos de marzo llevó a profesores y empleados a pensar en la certeza de las denuncias que atribuyen al rector saliente el manejo irresponsable de los recursos de la institución. Desde hace dos décadas, la UASD ha experimentado un proceso de involución que la hace parecerse cada vez más a la sociedad política, con su correspondiente cadena de vicios: clientelismo, antivalores, desorden, desvergüenza y el afán desmesurado por conseguir riquezas aún fuere a costa del decoro, pero sin rubor alguno. También en la academia se ha demostrado la contraposición entre poder y pudor. Ya van lejos los tiempos en que para ser rector de la más antigua universidad de América bastaban el prestigio profesional y la calidad académica. Para acceder a ese puesto se requiere de mucho dinero, condición que no suelen tener los aspirantes y que les llega de una atmósfera impura que permea el campus universitario. A la nociva práctica de complacer a los cotizantes de campaña convertidos en suplidores, para comprarles bienes y servicios que puede necesitar o no la universidad, se adiciona que el rector necesita formar una claque que le sirva en sus planes políticos cuando abandone la posición académica. El rector, Iván Grullón Fernández, ha dicho que su predecesor, Mateo Aquino Febrillet, sobrecargó la nómina de la UASD colocando a adeptos políticos, con miras a las elecciones de 2016, en las que aspiraría a ser senador. Solo por ese hecho debería quedar descalificado en su pretensión. Pero, nadie sueñe, en los partidos eso es un mérito. En los últimos seis meses de su gestión –denunció Grullón- Febrillet incluyó 884 “trabajadores” en desmedro de los servidores de carrera, situándose la nómina en casi cinco mil personas. La Universidad tiene un reglamento de contratación de su personal que ha sido un modelo en la administración pública. Pero es letra muerta. El profesor Grullón se ha comprometido con el saneamiento de la nómina. Saneamiento implica acondicionamiento de un lugar o una cosa a una situación de higiene. La nómina de empleados universitarios requiere limpieza. No se trata de quitar uno para poner otro, es sacar al que no se necesita y a los designados irregularmente. Quizá resulte incómodo para el rector aplicar las medidas que demanda la situación, pues en su entorno se mueven sanguijuelas que forman parte del tumor financiero de la academia. Por suerte, también tiene a su lado al economista Porfirio García Fernández, cuyo rectorado fue modelo de sobriedad financiera. Ojalá y Grullón aprovechara su experiencia. La UASD, otrora paradigma de gestión y transparencia, tiene que retornar a su antiguo recato. Por vergüenza. rafaelperaltar@gmail.com
Vergüenza en la Universidad
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