Bernardo Correa y Cidrón en nuestro pasado (2 de 2)

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EL AUTOR es abogado. Reside en Santo Domingo.

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Por su actitud ante las relaciones internacionales el Dr. Bernardo Correa y Cidrón se afectó personalmente por la rivalidad del rey Carlos IV de España con Francia (que el 22 de julio de 1795 dio origen al tratado de Basilea). Ese hecho provocó que llegara aquí el general haitiano Toussaint Louverture con su horda destructora, causando el primero de varios de los exilios de ese sacerdote dominicano.

Correa y Cidrón comprendió de inmediato que Louverture, con su genio político, buscaba dominar y arrasar con el pueblo dominicano valiéndose de una apresurada y antojadiza aplicación del artículo X del referido tratado. Los hechos posteriores demostraron que carecía de credenciales legales para esa trágica aventura.

Fue un hecho controversial a la luz de una exégesis  a texto de referencia. “Ese episodio histórico ha sido estudiado por algunos tratadistas, dominicanos y haitianos, pero las conclusiones aparecen aún bastante confusas, aunque el estatuto constitucional que Toussaint hizo adoptar en 1801, es una clave eficiente para seguir el hilo de sus objetivos” (Divulgaciones Históricas. Editora Taller, 1989. P.57. César A. Herrera).

Ante esa indeseada presencia en tierra dominicana el sacerdote Correa y Cidrón emigró a Cuba, donde no fue bien tratado por las autoridades coloniales españolas que dirigían a ese país antillano. De allí se fue a Caracas, Venezuela, donde sí tuvo una excelente acogida, en reconocimiento a sus altas calificaciones académicas y a la excelencia de su personalidad.

Bernardo Correa y Cidrón

En la llamada Era de Francia en Santo Domingo volvió a su tierra natal, persuadido por su madre y sus hermanas. El a la sazón gobernador colonial general Jean-Louis Ferrand  lo cortejó para que lo ayudara a gobernar en paz en vista de los constantes disturbios que se presentaban.

Eran los tiempos en que  el caudillo cotuisano Juan Sánchez Ramírez y otros, que en realidad no buscaban la libertad del pueblo dominicano sino el cambio de amos, se movilizaban por todo el territorio nacional para ejecutar lo que los latinos llamaban un quid pro quo.

A ese respecto Correa y Cidrón escribió una misiva pública en el 1808 desnudando los reales propósitos de los que encabezaban la Guerra de la Reconquista, la cual duró del 7 de noviembre de 1808 hasta el 9 de julio de 1809; y cuyo fin era que España volviera a colonizar a los dominicanos. También utilizó el púlpito para orientar a sus feligreses en ese sentido.

Esa realidad inocultable, su juicio de que Ferrand había contribuido a eliminar el peligro en suelo dominicano de Louverture y sus secuaces, así como una carta personal del rey español Carlos IV (de novedoso contenido) lo llevaron a colaborar en favor de la permanencia de los franceses en el país.

Napoleón

Cuando el emperador Napoleón Bonaparte creó la audiencia mixta para la colonia de Santo Domingo, Correa y Cidrón aceptó ser oidor de la sección española, junto con José Ruiz y Pedro Prados. Era, además, vicario general del ala dominicana de la iglesia católica; había también otra francesa; cosas propias de esa época. Fue asesor de Ferrand y de su  sucesor, el general Joseph-David de Barquier.

Cuando los ingleses llegaron desde Jamaica para reforzar a Juan Sánchez Ramírez y sus seguidores Correa y Cidrón quedó neutralizado, “resignado al mandato de las circunstancias”, hasta que pudo irse a Francia y luego a la España ocupada por los franceses con el reinado  de José Bonaparte, a quien los españoles apodaban despectivamente Pepe Botella.

En esa estancia de Correa y Cidrón en España fue incardinado en la catedral de Málaga. Cuando los españoles recuperaron su libertad lo acusaron, encarcelaron y condenaron bajo el denominado Decreto de purificación, por haber colaborado con los franceses. El tribunal de alzada de Granada ratificó dicha condena, que fue salomónica, conforme se lee en el dispositivo de la sentencia.

Después de dicho fallo, en diciembre de 1815, Correa y Cidrón escribió  que había salido en paz y a salvo de los zarzales en que lo enredaron los buenos patriotas españoles.

De nuevo en tierra dominicana comenzó otra etapa de su vida, que por larga no cabe en esta crónica; pero sí puedo resumir que cuando los ocupantes haitianos conminaron el 28 de julio de 1830 al arzobispo Valera Jiménez para que se fuera al exilio él lo acompañó. Murió en Santiago de Cuba, ciego y con otros achaques propios de su edad avanzada.

jpm-am
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Hernando C
Hernando C
7 minutos hace

Correa y Cidron, un pro francés y anexionista. No tiene importancia conocer lo que hizo.Total no fue mas que un elemento mas de justificación para el anti haitianismo que surgió con fuerza a partir de 1930.