El futuro de RD no depende de un reality

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El autor es compositor y activista comunitario. Reside en San Cristóbal.

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La democracia dominicana ha sido el resultado de décadas de construcción institucional, de luchas políticas, de aciertos y errores, pero también de la participación de hombres y mujeres que, con mayor o menor éxito, han procurado dirigir los destinos del país desde una visión de Estado.

El reciente anuncio del empresario y comunicador Santiago Matías (Alofoke), manifestando su interés en aspirar a la Presidencia de la República, ha generado un amplio debate nacional. Más allá del derecho constitucional que tiene cualquier ciudadano que reúna los requisitos legales para aspirar a la primera magistratura, la sociedad dominicana debe preguntarse qué tipo de liderazgo desea para conducir el país en las próximas décadas.

La República Dominicana ha sido gobernada por figuras con una amplia trayectoria política, administrativa y académica. Presidentes, ministros y altos funcionarios han pasado por prestigiosas universidades nacionales e internacionales, han acumulado experiencias en la gestión pública y han debido enfrentar complejos desafíos económicos, sociales, diplomáticos y geopolíticos. Aun con esos niveles de preparación, los problemas nacionales siguen siendo enormes y las soluciones continúan representando grandes retos.

Resulta entonces legítimo cuestionar si una nación con tantos desafíos puede convertir la elección presidencial en un espectáculo donde el impacto mediático, la popularidad en las redes sociales o la capacidad de generar tendencias digitales sustituyan la experiencia, la preparación y la visión estratégica que exige el ejercicio del poder.

La política no puede reducirse a un concurso de popularidad. Gobernar no consiste en acumular seguidores, producir contenido viral o dominar los algoritmos de las plataformas digitales. Gobernar implica tomar decisiones que afectan la estabilidad económica, la seguridad ciudadana, la educación, la salud, las relaciones internacionales, la inversión extranjera y el bienestar de millones de personas.

El país debe evitar caer en la peligrosa tentación de convertir el proceso electoral en una especie de reality show político, donde el entretenimiento sustituya el debate de las ideas y donde las emociones desplacen el análisis serio de las propuestas.

Las redes sociales constituyen hoy una poderosa herramienta de comunicación y movilización ciudadana. Sin embargo, una gran influencia digital no equivale necesariamente a capacidad para administrar el Estado. La historia universal demuestra que el liderazgo político requiere mucho más que notoriedad pública; exige formación, criterio, capacidad para construir consensos, conocimiento de la administración pública y un profundo compromiso con el interés nacional.

La democracia dominicana merece campañas sustentadas en programas de gobierno, indicadores medibles, propuestas viables y equipos técnicos capaces de responder a los desafíos del siglo XXI. El debate debe centrarse en cómo generar más empleos, elevar la calidad educativa, fortalecer la seguridad, mejorar la productividad, garantizar un crecimiento económico sostenible y reducir las desigualdades sociales.

No se trata de descalificar a una persona por su profesión, por su origen o por su éxito empresarial o comunicacional. Se trata de recordar que la Presidencia de la República constituye la más alta responsabilidad política de la nación y que el país no puede decidir su futuro únicamente sobre la base del impacto mediático o la capacidad de entretener.

Los dominicanos tienen el deber de evaluar a cada aspirante con el mismo nivel de exigencia, independientemente de su popularidad. El voto debe ser el resultado del análisis racional y no de la fascinación momentánea que producen las tendencias digitales.

El futuro de la República Dominicana no puede depender de un reality. Debe descansar sobre la fortaleza de sus instituciones, la calidad de sus líderes y la madurez de un electorado consciente de que elegir un presidente es decidir el rumbo de toda una nación, no el ganador del programa más visto del momento.

jpm-am

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