POR ROBERTO VERAS
Conservo una placa de bronce con aproximadamente 71 años de antigüedad, una pieza que ha sobrevivido al paso del tiempo y que ha sido transmitida de generación en generación desde la época del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina. Más que un simple objeto metálico, constituye un testimonio material de uno de los períodos más trascendentales y controvertidos de la historia de la República Dominicana.
Esta placa era un letrero de uso obligatorio en numerosos hogares dominicanos y llevaba grabada la inscripción: «En este hogar Trujillo es símbolo nacional». Su presencia en las viviendas representaba una manifestación pública de adhesión al régimen y reflejaba el fuerte control político y social ejercido durante la dictadura.
La colocación de este tipo de placas no respondía únicamente a un propósito decorativo. Formaban parte de un sistema mediante el cual el Estado promovía la exaltación de la figura del gobernante, buscando reforzar su presencia en la vida cotidiana de los ciudadanos y proyectar una imagen de unidad nacional alrededor de su liderazgo.

Históricamente, diversos estudios han señalado que durante el régimen trujillista se desarrolló un amplio aparato de propaganda oficial. Monumentos, retratos, consignas, desfiles y letreros como este eran utilizados para fortalecer el culto a la personalidad y consolidar la autoridad del gobierno en todos los ámbitos de la sociedad.
Uno de los aspectos más llamativos de esta placa era su costo. Su precio ascendía a 50 pesos, una suma considerable para la época, tomando en cuenta que el salario mensual promedio de muchos trabajadores rondaba los 30 pesos. Esto significaba que el valor del letrero superaba incluso el ingreso mensual de un empleado común.
Para facilitar su adquisición, se permitía pagar una inicial que oscilaba entre 2 y 5 pesos, quedando el resto sujeto a pagos posteriores. Aunque este mecanismo hacía más accesible la compra, también evidenciaba el esfuerzo económico que muchas familias debían realizar para cumplir con una disposición vinculada al régimen.
Hoy, observar esta placa permite comprender cómo los objetos cotidianos pueden convertirse en valiosas fuentes para estudiar la historia. Más allá de su composición en bronce, representa un documento histórico que ilustra las formas en que el poder político podía manifestarse incluso dentro del espacio privado de los hogares.
Con el paso de los años, piezas como esta han adquirido un importante valor patrimonial y documental. Son evidencias tangibles de una época que marcó profundamente la vida política, económica y social del país, permitiendo a las nuevas generaciones conocer de manera directa aspectos de ese período histórico.
Conservar este tipo de objetos no implica exaltar el pasado ni justificar las prácticas del régimen que los originó. Su verdadero valor radica en preservar la memoria histórica, fomentar la investigación y promover una comprensión crítica de los acontecimientos que moldearon la República Dominicana durante gran parte del siglo XX.
Después de siete décadas, esta placa continúa despertando interés entre historiadores, coleccionistas y ciudadanos que desean comprender mejor el pasado nacional. Como reliquia histórica, invita a reflexionar sobre la importancia de proteger la memoria colectiva, aprender de la historia y valorar la libertad de pensamiento y de expresión como pilares fundamentales de toda sociedad democrática.

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