Elecciones 2028: el verdadero desafío 

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EL AUTOR es economista y contador. Reside en Punta Cana.

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Por Rafael Ramírez Medina

En un artículo anterior concluía con una reflexión que ha generado interesantes comentarios: “Al final, la pregunta no es quién tiene derecho a aspirar a la Presidencia. La verdadera pregunta es si nosotros estamos dispuestos a elegir con responsabilidad el futuro que queremos para nuestro país.”

Un lector, con la franqueza que amerita el tema, respondió que nuestra realidad demuestra precisamente lo contrario, elegimos con muy poca responsabilidad. Y añadió una interrogante que merece ocupar el centro del debate nacional, si en el 2028 volveremos a las urnas para escoger las autoridades que conducirán el país, ¿qué debemos hacer desde ahora para que esa elección no termine siendo más de lo mismo?

La pregunta no puede despacharse con optimismo ingenuo. La experiencia nos dice que las campañas suelen despertar emociones, alimentar esperanzas y, muchas veces, sembrar decepciones. Cambian los rostros, cambian los discursos, cambian los eslóganes, pero con frecuencia los criterios de una parte importante del electorado permanecen intactos.

Es cómodo responsabilizar únicamente a los políticos por los males de la democracia. Sin embargo, esa explicación resulta incompleta. Los dirigentes son, en gran medida, el producto de una sociedad que los elige, los tolera o los premia. Una democracia difícilmente será mejor que el nivel de compromiso cívico de sus ciudadanos.

Por eso, el desafío del 2028 no comienza cuando se abran los colegios electorales. Comienza hoy.

Comienza cuando decidimos informarnos antes de opinar. Cuando aprendemos a distinguir entre una propuesta seria y una promesa imposible. Cuando valoramos la trayectoria de un candidato más que su capacidad para hacer campaña. Cuando dejamos de votar por simpatías personales, favores recibidos, lealtades partidarias o emociones pasajeras.

Necesitamos una ciudadanía más exigente. Que pregunte cómo se financiarán las promesas. Que examine los resultados de quienes ya han ocupado funciones públicas. Que entienda que administrar un Estado exige preparación, experiencia, visión y, sobre todo, integridad.

También necesitamos partidos políticos más responsables. Organizaciones capaces de formar líderes, abrir espacios al mérito y presentar candidatos que representen soluciones y no simplemente estrategias electorales. La democracia pierde calidad cuando las candidaturas responden exclusivamente a cálculos políticos o intereses particulares.

La educación cívica debe ocupar un lugar prioritario. No basta con enseñar derechos; también debemos enseñar deberes. No basta con incentivar la participación; hay que promover una participación consciente, informada y crítica. Ninguna reforma electoral sustituirá el valor de un ciudadano que entiende el peso de su voto.

Los medios de comunicación, las universidades, las iglesias, las organizaciones sociales y quienes ejercemos la opinión pública también tenemos una cuota de responsabilidad. Debemos contribuir a elevar el nivel del debate, privilegiando las ideas sobre los insultos, los argumentos sobre la propaganda y los hechos sobre la desinformación.

Quizás nunca logremos una democracia perfecta. Ningún país lo ha conseguido. Pero sí podemos aspirar a una democracia más madura, donde los ciudadanos exijan tanto como esperan y donde el voto sea el resultado de una reflexión y no de una reacción.

El 2028 será una nueva cita con la historia. Ese día escogeremos un presidente, legisladores, alcaldes y otras autoridades. Pero, en realidad, estaremos decidiendo algo mucho más profundo, el tipo de país que queremos construir durante los años siguientes.

La pregunta, entonces, ya no debería ser quiénes serán los candidatos.

La verdadera pregunta es si para entonces habremos formado ciudadanos capaces de elegir pensando menos en el próximo beneficio y más en el próximo país.

Porque las grandes transformaciones no comienzan en el Palacio Nacional. Comienzan en la conciencia de cada elector, frente a una boleta de votación y frente a su propia responsabilidad con la nación.

jpm-am

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