Agosto parece venir vestido de toga, con un código penal debajo del brazo y una fila de abogados calentando motores frente a las redes sociales, canales digitales y plataformas de YouTube.
Todo indica que la República Dominicana entrará en una nueva etapa donde muchos tendrán que pensar dos veces antes de hablar… y otros tres veces antes de subir un video.
Durante años las redes sociales se convirtieron en un coliseo moderno. Allí cualquiera opina, acusa, condena, destruye reputaciones, improvisa investigaciones, satiriza sin límites y dispara palabras como si fueran balas de fogueo. El problema es que algunas terminan siendo reales y dejan heridas verdaderas.
Con la entrada en vigencia del nuevo código penal dominicano, agosto podría inaugurar oficialmente el “festival nacional de demandas”. Habrá personas buscando videos viejos como arqueólogos digitales, revisando directos de Instagram, entrevistas de YouTube, programas de comentarios y hasta memes compartidos en grupos de WhatsApp.
Muchos de los llamados “deslenguados” de las redes sociales tendrán que descubrir algo peligroso: que la libertad de expresión no siempre significa libertad de consecuencias. Y eso podría cambiar el tono de numerosos comunicadores improvisados que hoy hablan frente a un micrófono creyéndose inmunes.
Los satiradores profesionales también podrían entrar en zona de turbulencia. Porque una cosa es el humor inteligente y otra muy distinta es convertir la humillación pública en entretenimiento rentable. El problema es que en la era digital la burla genera vistas, las vistas generan dinero y el dinero hace que algunos pierdan el freno verbal.
No sería extraño ver abogados convertidos en nuevas figuras mediáticas. Tal vez aparezcan oficinas jurídicas especializadas en “demanda express para ofendidos digitales”. Incluso algunos podrían terminar sus anuncios diciendo: “Si lo destruyeron en YouTube, nosotros lo reconstruimos en los tribunales”.
La gran pregunta es: ¿qué ocurrirá con el contenido agresivo que domina gran parte del debate público dominicano? ¿Bajará el nivel de violencia verbal? ¿Se moderarán los creadores de contenido? ¿O simplemente surgirán nuevas formas más refinadas de atacar sin mencionar nombres?
Agosto podría marcar el inicio de una nueva cultura de comunicación en la República Dominicana. O podría convertirse en una temporada récord de expedientes, citaciones y sometimientos judiciales.
Mientras tanto, muchos ya comienzan a preguntarse con cautela:
“¿Y ahora… de qué podré hablar en agosto?”
jpm-am


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