¿Fue la Española primer destino del conquistador de Chile?

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EL AUTOR es presidente de la Organización Latino-Americana de Asistencia Social (OLAS).

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Durante el siglo XVI, el mapa del Nuevo Mundo tenía un centro de gravedad indiscutible: La Española. No era esta isla una simple escala en el Atlántico; era en esencia el corazón geopolítico de la Corona española en América. Aquí se estableció la aduana militar, jurídica y eclesiástica de la conquista. Su ubicación estratégica la convirtió en la plataforma de proyección hacia el continente y en la legítima Primada de América, poseedora de las primeras instituciones occidentales del hemisferio. Nada se movía en las Indias sin el consentimiento o el influjo de Santo Domingo.

De sus puertos y calles adoquinadas con piedras salieron los hombres que redibujaron la geografía imperial. Hernán Cortés pulió allí sus destrezas coloniales antes de marchar hacia México, y Francisco Pizarro consolidó sus ambiciones en la isla previo a fundar el destino del Perú. La mítica Santo Domingo funcionaba como el bautismo obligatorio para cualquier soldado con aspiraciones de gloria. Por ello, resulta natural que el destino de don Pedro de Valdivia, futuro conquistador de Chile, estuviera irremediablemente atado a la ciudad Primada de América.

La historiografía posterior se ha enredado en conjeturas y debates diversos y confusos sobre los primeros pasos de Valdivia en el Caribe, sugiriendo naufragios, arrestos militares en Venezuela y juicios por sedición ante la Real Audiencia de Santo Domingo. Sin embargo, para responder a la interrogante sobre su verdadero origen americano, resulta más esclarecedor acudir a la fuente primaria y asumir la versión del testigo directo: la Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile, escrita en 1558 por Gerónimo de Vivar, compañero de armas del propio Valdivia.

Vivar despeja las dudas con una claridad meridiana. Literalmente relata en su obra que Valdivia, guiado por el deseo de servir a su majestad, «pasó a Indias y vino a la isla Española». En el relato de Vivar no hay deshonras ni desvíos forzosos; la llegada de Valdivia a Santo Domingo fue un acto consciente de un militar experimentado que sabía perfectamente dónde se encontraba el faro del Nuevo Mundo.

Solo después de nutrirse de la experiencia en la isla (1535-1536), continuó su ruta hacia Santa Marta, Panamá y, finalmente, el Perú. Asumir la crónica de Vivar nos permite responder afirmativamente y con justicia histórica: antes de que Chile existiera en la mente de la Corona, su fundador tuvo que bautizarse en la Atenas del Nuevo Mundo. Mientras Santiago de Chile nació en el confín más remoto del continente, su creador debió sus primeras luces americanas a Santo Domingo, confirmando que La Española fue, por derecho propio, el primer destino que luego lo condujo a su extraordinaria aventura.

 of-am

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