POR ROBERTO MARTINEZ ENCARNACION
“El pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Así reza esta célebre frase del filósofo y ensayista español Jorge Santayana.
Cuando inicié los estudios universitarios, en nuestra admirada y benemérita Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); nuestra Alma Mater, escuché en repetidas ocasiones esta épica frase que inicia este escrito.
Llama poderosamente la atención que la hija del convicto dictador peruano Alberto Fujimori, Keiko Fujimori, tenga una alta puntuación en el electorado del Perú, no obstante el lastre generacional del gobierno despótico que dirigió y comandó su progenitor.
Si bien es cierto que nadie es penalmente responsable por el hecho de otro; no es menos cierto que algunas condiciones humanas pueden ser heredadas debido a los factores genéticos y ambientales que rodean a un individuo .
El Perú, pueblo latinoaméricano de convicciones profundas, que ha forzado la renuncia de presidentes con menos de tres meses en el poder, debe estudiar la idea de las masas acéfalas que han favorecido con un porcentaje tan alto, que ronda en más del 49.90% de los votos emitidos en la segunda vuelta electoral de este domingo 08 de junio en ese país, frente a su contendor, el izquierdista Roberto Sánchez, quien aventaja con un estrecho margen de menos de un punto porcentual, con un 50.11% sobre la candidata Keiko, lo que casi representa un empate técnico.
Al parecer una amplia mayoría del pueblo peruano ha olvidado que el padre de Keiko Fujimori fue destituido por el Congreso de su país en el año 2000, debido a que su mandato derivó en un dictadura cívico militar que cercenó las libertades públicas y erosionó los derechos humanos de los ciudadanos del Perú.
No obstante a lo anterior, Fujimori padre creó y votó una nueva constitución acomodaticia para gobernar a sus anchas e implementar estrategias que degeneraron en crímenes de lesa humanidad.
Alberto Fujimori asumió el poder el 28 de julio del año 1990 y fue destituido el 21 de noviembre del año 2000, teniendo un decenio ininterrumpido en el poder. Se le acusó de imponer un grupo de reformas neoliberales y la evidencia de graves casos de corrupción política.
Develado los casos de corrupción más detestables, huyó del país hacia Japón en el año 2000, tiempo más tarde regresa a la República de Chile, en el año 2005, de dónde fue pedido en extradición por las autoridades peruanas que le sucedieron.
Una vez en tierra peruana, fue acusado de homicidio calificado y secuestro agravado, por una masacre humana que escenificaron personas bajo su mando en los sectores La Cuntuta y Barrio Alto; y los secuestros de un periodista y un empresario de su país.
Al parecer el pueblo peruano ha olvidado los episodios de terror que vivió durante los diez años que gobernó Alberto Fujimori, el padre de la hoy candidata a la presidencia Keiko Fujimori.
Es una gran aventura y una ruleta rusa, el favorecer con el sufragio y la simpatía electoral a una candidata que hereda un pasado hostil a la democracia y a los derechos humanos del pueblo peruano.
jpm-am


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