POR MARGARITA EVE
El reciente enfrentamiento entre una docente y una estudiante de secundaria en una escuela dominicana ha generado preocupación en todo el país. Más allá del hecho puntual, lo ocurrido obliga a reflexionar sobre una realidad más profunda: una crisis de autoridad y convivencia que se expresa con fuerza en el sistema educativo, pero que tiene raíces en distintos espacios de la sociedad.
La escuela dominicana no está aislada de su entorno social. Lo que ocurre en las aulas suele reflejar dinámicas familiares y comunitarias donde, en ocasiones, el irrespeto, la confrontación y la ausencia de límites se han ido normalizando y terminan reproduciéndose en la vida escolar.
La adolescencia es una etapa decisiva de formación emocional y social. Muchos estudiantes en las escuelas dominicanas crecen en contextos marcados por carencias afectivas, supervisión limitada y ausencia de referentes estables. A esto se suma la realidad de niños criados por familiares debido a la ausencia temporal o permanente de sus padres.
La conducta conflictiva de algunos adolescentes rara vez es espontánea. Con frecuencia responde a una acumulación de factores como la falta de orientación, conflictos familiares, violencia normalizada y escaso acompañamiento emocional. Lo que se observa en las aulas de las escuelas dominicanas suele ser la consecuencia de procesos que vienen gestándose desde hace años.

La relación entre familia y escuela en la República Dominicana también enfrenta tensiones crecientes. No son pocos los casos en que observaciones o medidas disciplinarias son interpretadas como ataques personales. En ocasiones, algunos padres desacreditan a los docentes frente a sus hijos, debilitando la autoridad escolar y afectando la cultura de respeto.
A esto se suma la baja participación de muchos padres en los espacios de seguimiento en las escuelas dominicanas. En numerosos centros educativos, las reuniones y jornadas de orientación registran asistencia limitada. Sin embargo, cuando surge un conflicto con un maestro o una sanción disciplinaria, la respuesta suele ser inmediata.
Sería injusto atribuir toda la responsabilidad a las familias. El sistema educativo dominicano también enfrenta desafíos relevantes. Algunos docentes requieren mayor fortalecimiento en manejo de conflictos, inteligencia emocional y comunicación efectiva. Educar hoy exige más que dominio de contenidos: exige herramientas para gestionar realidades humanas complejas.
Muchos maestros en las escuelas dominicanas trabajan bajo presión constante. El temor a conflictos con estudiantes o familiares puede limitar su capacidad de intervención. En algunos casos, esto influye en la forma en que se reportan o manejan incidentes de convivencia, lo que puede contribuir a la normalización de conductas inapropiadas dentro del entorno escolar.
Los equipos de orientación y coordinación en las escuelas dominicanas enfrentan limitaciones adicionales. Entre tareas administrativas, informes y exigencias burocráticas, se reduce el tiempo disponible para el acompañamiento directo de los estudiantes. En algunos casos, el temor a reacciones agresivas por parte de padres o tutores influye en la gestión de reportes disciplinarios.
La vida cotidiana de muchas escuelas dominicanas está marcada por conflictos entre estudiantes, situaciones de acoso, problemas de salud mental, ausencia de supervisión familiar y dificultades de convivencia. Aunque rara vez son noticia, constituyen parte esencial de la realidad educativa del país.
Existen estudiantes en las escuelas dominicanas en condiciones de especial vulnerabilidad: hogares con adicciones, violencia o abandono y otros jóvenes tímidos o retraídos que pasan desapercibidos. Los CAFI apoyan la primera infancia, pero no siempre hay una continuidad equivalente para la adolescencia, lo que evidencia una brecha en los mecanismos de protección e intervención en esta etapa.
Cuando educar deja de ser prioridad
La República Dominicana ha realizado importantes esfuerzos para fortalecer la educación y la protección de la niñez. Sin embargo, la realidad que hoy llega a las aulas evidencia que los desafíos persisten.
Fortalecer las familias, respaldar a los educadores y recuperar la formación en valores debe seguir siendo una prioridad nacional. Cuando una sociedad debilita su función educativa, termina enfrentando consecuencias que trascienden la escuela.
jpm-am


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