Por IVAN R. ROBLES
Me deben desvelos, apoyos silentes, respaldos no solicitados, esperanzas de celebraciones festinadas. En fin, están en deuda conmigo porque la mitad de mi vida la he pasado esperando esos títulos de la NBA que yo -como fanático fiel- siempre esperé que celebraría por todo lo alto y ancho de mi barrio en RD.
El culpable de mi frustración es mi padre, pero no le paso factura. Porque yo sé que él lleva mucho mas tiempo que yo “sufriendo callado”. Yo nací en 1968, mientras que mi Viejo es un babyboomer. Y durante mi niñez escuché con placer infinito oírle hablar de los Knickerbocker y Los Knlcks, aunque él no los conoció en sus inicios pues Los Knicks nacieron un año antes que viera la luz y le cortaran el ombligo.
Así fue como me enteré de los detalles sobre el inicio de los Knicks. Nacieron en 1946 con la recién formada Basketball Association of America (BAA) y su primer partido lo ganaron 68 a 66, enfrentando a los Toronto Huskies. En 1951 llegaron a su primera Finales de la NBA, perdiendo contra Rochester Royals 79 a 75. Eran los tiempos de Carl Brown y Harry “el Caballo” Gallatin, que de nuevo, los llevaron a los playoffs en 1955 y 1956.
Mi pasión por los Knicks me arropó al final de los 70’s, cuando alcancé los 10 años de edad y ya podía buscar información en los periódicos y en la TV. Todo lo que les he contado antes lo escuché de mi padre, que lo leía de un viejo librito que compró donde Macalé y que creo se titulaba “The NBA History”. Era una joya y siempre me lamento de haberlo perdido.
Por la narrativa de mi Viejo supe que el primer negro en la NBA fue Earl Lloyd en 1950 y que el primero con lo Nicks fue Nathaniel «Aguadulce» Clifton. También me enteré de que Elgin Baylor de los Lakers nos anotó 72 puntos en 1960; que Richy Guerrin tuvo el record de 29 puntos por partido por más de 20 años con los Knicks, hasta que Bernard King lo tumbó en 1985; además supe que en 1990 Pat Ewing rompió otro récord de Guerrin: el de más puntos anotados para el team y que había durado 30 años. Pero el record que mas me dolió cuando lo conocí, fue que Wilt Chanberlain nos anotó 100 puntos en un juego, en 1962 y perdimos de los Warriors 169 a 147.
Como ustedes entenderán, tengo muchas razones para estar dolido con los Knicks y deseoso de que ganemos la final de 2026, aunque no somos los favoritos. En 1970 ganamos el primer título de la NBA, venciendo a los Lakers, pero eso me lo contaron porque yo tenía solo 2 años de edad. Al año siguiente estuvimos en la pelea, pero caímos ante los Bullets en los finales de conferencia y en 1972, avanzamos un poco más, perdiendo de los Lakers en las finales. Sin embargo, en 1973 ganamos nuestro segundo título de la NBA, venciendo a los mismos Lakers.
Fueron los tiempos de “La Perla” Monroe, de Jerry Lucas, de Frazier, de Reed, de Barnett, de Bradley y DeBusschere, todos ídolos recordados en el M S Garden.
Y justamente ahí empezaron mis lágrimas, que duraron mas de 10 años, hasta que en 1985 apareció Pat Ewing y la esperanza se renovó con este “Novato del Año”. Fue un período de altas y bajas, pero de optimismo y sueños. Cuatro años más tarde ganamos la división, después de casi 20 de sequía, pero perdimos ante los Chicago Bulls por el título de la conferencia.
Justo en ese pórtico de tiempo vinieron los cambios administrativos de nuevo y los entrenadores desfilaron al hilo: Stu Jackson, John McLeod, y luego Pat Riley, el veterano que con su “gardeo pegado” nos puso en la pelea. Claro, los cambios en la plantilla ayudaron: Charles Smith, Doc Rivers, Bo Kimble y Rolando Blackman entraron al escenario y junto al joven John Stark, con su juego florido y convertido en el ídolo del Garden, nos condujeron otra vez a la final de conferencia. Caímos de nuevo ante los Bulls y luego en la final de 1994 perdimos de Houston Rocketts.
En 1995 se fue Pat Riley y vino Don Nelson, que desde los Warriors traía un “viejo quille” contra Stark, pero salieron de él a mitad de temporada y su asistente Jeff Van Gundy se hizo cargo de la tropa. En 1996 ficharon a Allan Houston y Stark se convirtió en un sólido “sexto hombre” -con título y todo- hasta que 2 años después fue devuelto a los Warriors, terminando la “Era Stark” para los Knicks.
En 1999, sin Johnn Stark ni Charly Oakley, y Patrick Ewing lesionado, los Knicks, siempre a contra corriente, llegaron milagrosamente a la Final de la NBA, contra los mismos San Antonio Spurs que enfrentaremos en 2026. David Robinson y Tim Duncan, – aquella vez- resultaron demasiado contra los alicaídos Nicks y nos derrotaron en cinco partidos. Pero esta vez la historia se escribe diferente; estamos en las finales, y no ha sido por puro milagro.
De las nueve veces que hemos estado en la Finales de la NBA, perdimos cuatro como locales en Nueva York, una en Rochester, otra en Houston y la otra en San Antonio. Pero hemos ganado en dos oportunidades en Nueva York (1970 y 1973) y la tercera la ganaremos también en New York en este 2026.
Hasta aquí es todo lo que me interesa recordar, a 40 años de haber empezado mi calvario emocional. Sin embargo, como cristiano que soy, espero que el milagro se materialice. Cuando suceda, me sentiré muy cómodo con los Knicks y satisfecho de haber cobrado esta vieja deuda que reclamamos mi Viejo y yo.
¡Lets Go Nickerbockers!


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