Necesidad restablecer la guerra para dinamizar las economías (Opinión)

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EL AUTOR es comunicador. Reside en Santo Domingo.

La historia militar de Occidente ha oscilado entre dos polos: la lógica del miedo como garante de paz y la aspiración ilustrada a una paz fundada en el derecho. Vegecio sintetizó la primera con su célebre sentencia: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. La premisa es simple: solo un Estado armado hasta los dientes puede disuadir la agresión. La debilidad invita al ataque; la fuerza, en cambio, promete estabilidad.

Pero Kant desmontó esa ilusión. Para él, una paz sostenida en el temor no es paz, sino tregua armada. Prepararse para la guerra —aunque se proclame “defensivo”— genera desconfianza, y la desconfianza alimenta carreras armamentistas. Así nació un fenómeno que el mundo moderno perfeccionó: la industria de la guerra, un sector económico que, dentro de los negocios lícitos, es uno de los más rentables del planeta.

La paradoja es brutal: la paz no se mantiene porque nadie quiera guerrear, sino porque nadie se atreve a desafiar al más fuerte. Tucídides lo dijo sin rodeos: “Los fuertes hacen lo que pueden; los débiles sufren lo que deben”. Maquiavelo lo reforzó: “Es mejor ser temido que amado”. Y Hobbes completó el triángulo: sin un poder coercitivo, la humanidad cae en la guerra de todos contra todos.

Hoy, esa lógica vuelve a imponerse. El Papa León XIV ha advertido sobre el resurgimiento de un “entusiasmo bélico” y de una “diplomacia de la fuerza”, en un contexto donde las demostraciones militares se multiplican. Su diagnóstico es inquietante: la guerra vuelve a estar de moda. «La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo, o como una búsqueda de la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres” (Ibidem).

Este retorno no es espontáneo. Tras la Guerra Fría —un conflicto político, económico y militar librado por vías indirectas entre 1947 y 1991— las dos superpotencias entraron en crisis económicas profundas. La pugna por la hegemonía global dejó al descubierto un hecho incómodo: las economías imperiales, tanto la capitalista como la socialista, dependían en gran medida de la maquinaria bélica para sostener su poder, su influencia y, en muchos casos, su crecimiento interno.

Por eso, cuando las tensiones geopolíticas actuales se reactivan, no basta con explicarlas en términos morales o ideológicos. Las guerras contemporáneas responden a motivaciones políticas y económicas estructurales. No son desviaciones del sistema: son parte del sistema. La guerra se convierte en un instrumento para reordenar mercados, asegurar recursos, probar tecnologías, cohesionar alianzas y revitalizar industrias enteras.

Al final, lo que hoy se presenta como “conflictos inevitables” no es más que la vieja maquinaria imperial buscando oxígeno. Cuando las potencias entran en crisis —cuando sus economías se estancan, sus industrias pierden competitividad y sus sociedades empiezan a cuestionar el modelo— la guerra reaparece como válvula de escape. No por fatalidad, sino por diseño.

La confrontación militar se convierte en un atajo para reactivar industrias, asegurar recursos, disciplinar aliados y reordenar mercados. Por eso las guerras del presente no brotan del odio entre pueblos, sino de la necesidad de las potencias de sostener un sistema que ya no se sostiene solo. Mientras la economía global siga dependiendo del negocio de la destrucción, la paz será apenas un intermedio entre dos crisis. Y ese es el verdadero escándalo de nuestro tiempo.

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Patriota
Patriota
45 minutos hace

ESTE PENDEJO NO DECIA ESO CUANDO EL VIEJITO SENIL DEMORATA ETA PRESIDENTE.

Ant Jueves
Ant Jueves
2 horas hace

La industria militar es pequeña en comparación con otras industrias.
La guerra en vez de dinamizar la economía, la retrasaría.

Esa opinión obedece a la narrativa de los mismos comunitoides rancios de antaño, reliquias de la guerra fría.

Zafa.

antonio Ro
antonio Ro
2 horas hace

El problema consiste que una conflagracion mundial hoy en dia podria llevearnos a la total eliminacion de los seres humanos, ni el eje Sion/Estados Unidos creo que se atreveria.