Sobre la impunidad
Impunidad, del vocablo latino impunitas, es el término que se refiere a la falta de castigo. Se conoce como castigo, también a la pena que se impone a aquel que ha cometido una falta o un delito.
Quiere decir que, cuando hay impunidad, el individuo que ha incurrido en una falta o un delito no recibe la pena que le corresponde por su accionar. De esta falta no se castiga ni se enmienda su conducta. Por ejemplo: “Los vecinos se reunieron en el parque para pedir que se ponga fin a la impunidad”, “No voy a aceptar que haya impunidad en un caso tan notorio”,
“El asesino goza de impunidad y todavía puede caminar con total libertad”. Se entiende la impunidad como la evasión o el escape de la sanción que envuelve una falta o un delito. Lo usual es que la impunidad se produzca cuando, por motivos políticos o de otro tipo, una persona que es responsable de haber violado la ley no revive el castigo correspondiente y, por lo tanto, sus víctimas no reciben ninguna reparación.
Por ejemplo, un vendedor de automóviles que estafa a los compradores. Las víctimas y sus abogados sostienen que, de acuerdo a la ley, al delincuente le corresponde una pena de cuatro años de prisión. El juez a cargo de la causa, sin embargo, considera que no hay pruebas suficientes para condenar al vendedor y lo absuelve. Las víctimas sostienen que se trata de un caso de impunidad y que el estafador sobornó al juez para comprar su libertad.
La impunidad suele asociarse a los ricos famosos, en especial a casos de evasión fiscal, dadas las tácticas que muchas estrellas utilizan para no pagar todos los impuestos que les corresponde, lo cual vuelve la balanza aún más a su favor en lo que a fortunas se refiere. Por lo general, los casos que quedan impunes se caracterizan por la frustración y la sensación de impotencia de las personas afectadas.
Esto sucede sobre todo en los crímenes que no logran resolverse, ya sea por corrupción o por falta de evidencias, ya que alguien pierde la vida de una forma horrible y sus familiares y amigos deben soportar que los culpables gocen de su libertad y, continúen cometiendo asesinatos.
Otro tipo de casos que muchas veces termina en la absoluta impunidad no incluyen violencia directa, sino negligencia, que puede tener consecuencias aún peores. Un ejemplo fue el fallecimiento de Florencia Mesa, una niña de 7 años que jugaba inocentemente en una hamaca cuando el desprendimiento de la estructura le quitó la vida de un fuerte golpe en la cabeza.
Los padres declararon que la plaza no se encontraba en buenas condiciones y las pericias consiguieron determinar que el desgaste de los juegos fuera alarmante; sin embargo, nadie fue señalado como responsable directo.
Hay especial miedo casi cultura a que los maleantes queden impunes, aunque muchas de las personas que han debido atravesar casos como el de la niña de marras, aseguran que después de unos años la lucha se enfoca en que no haya más víctimas y no en una mera venganza al mejor estilo la ley del talión.
Es grave
La impunidad es grave porque demuestra que la justicia no es perfecta y eso deja en evidencia que el Estado no nos puede proteger siempre y que tampoco puede garantizarnos soluciones a todos nuestros problemas sociales.
La impunidad no debe depender del juez, cuando el crimen está plenamente probado en justicia; pero mientras haya duda, vale más exponerse al riesgo de absolver al culpable que condenar a un hombre que puede ser inocente.
Suelen quedar impunes muchos delitos por razones políticas, así como otros a los que la acción penal no alcanza por ineficacia policial, y que constituyen la zona negra a que tanto alude en sus estadísticas el criminalista Hans Von Hentig.
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