¿Vale la pena ser serio?
Escuchar que imputados por desfalcar al Estado —funcionarios que han defraudado a la sociedad— queden en libertad con el simple hecho de devolver una parte de lo sustraído, resulta indignante.
Estos acuerdos de «colaboración» o «delación premiada» se justifican bajo la premisa de alcanzar una mayor eficacia en la investigación.
Sin embargo, el mensaje que envían a la Nación es devastador. Para el hombre de honor, aquel que se gana la vida con el sudor de su frente, surge una pregunta amarga: ¿Realmente vale la pena ser serio?
Mientras los grandes negociantes del erario público regresan a sus casas tras pactar cifras que representan solo una fracción de lo robado, nuestras cárceles permanecen abarrotadas de personas por delitos menores que, ni por asomo, alcanzan la magnitud del dolo estatal.
El ciudadano honesto lucha contra la inflación, los impuestos y la escasez, aferrado a su ética.
El corrupto, en cambio, utiliza lo robado como ficha de canje para comprar su libertad y conservar el resto del botín.
Cuando la justicia se convierte en una mesa de negociación financiera, la seriedad parece un sacrificio inútil.
Si la honestidad no encuentra respaldo en el castigo al infractor, corremos el riesgo de que la integridad se convierta en una especie en extinción.
No podemos permitir que la justicia sea solo para quien no tiene con qué comprarla.
Al final del día, la sentencia podrá ser negociada en los tribunales, pero la paz de una conciencia tranquila no tiene precio ni admite acuerdos.
Con Dios siempre, a sus pies.
JPM

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Referente a éste artículo,nos viene a la memoria,el tango CAMBALACHE,escrito por Enrique Santos Discepo lo y cantado por el también argentino Carlos Gardel.
La canción Las Cuarentas cantada por Ismael Miranda,también.
«»»» la vez que quise ser bueno,en la cara se me rieron,cuando grite una injusticia,la fuerza me hizo callar»– Las Cuarentas,Ismael Miranda,Rolando La Serie cantan
Claro que vale la pena ser serio,honesto e íntegro. No importa que la vanalidad y el menosprecio de los valores estén hoy en boga, tener buen nombre es un bien invaluable . Nada como la justicia, el honor , la vergüenza pública y privada. Se vive mejor,se duerme mejor, se disfruta el socializar mejor. Nada como Dios y una buena conciencia , es la mayor de las riquezas : Es paz interior. Eso no tiene precio.
El Estado dominicano lo han transformado en la caja de enriquecer a los poderosos y politicos. Los ricos nunca han sido honestos, son perseguidores de lucro o ganancias y llega un punto en que no distinguen lo etico y la moral
Si vale la pena ser honesto, porque tienes la conciencia tranquila, libertad de tránsito, puede hablar en voz altas, nadie lo señala ,no se escondes de los demas, duerme tranquilo y CON pijama, etc. Y logrará la GLORIA ETERNA, eso no lo cambio por nada. Fíjense en los PELEDANILO, ninguno sale a la calle, porque fácilmente le dicen LADRÓN.
Una muy oportuna pregunta.
Nuestros padres y abuelos,nuestros muy queridos y recordados maestros,los viejos sacerdotes,monjas y pastores evangélicos de los sesentas y principios de los setentas,nos enseñaron e inculcaron a ser honestos y obedecer a Dios.Ya acercándonos a la septima década de vida,vemos como todo cambió,para peor,la cosa no es como antes( sigue)
Sería irresponsable y les haríamos daños futuros a nuestros hijos y nietos,educando los como nos educaron a nosotros,hay que educarlos con principios morales,pero sobre todo,que traten bien al prójimo,pero que no confíen en nadie,como dice la Santa Biblia,esa parte la obviaban antes nuestros padres y educadores.
Nos decían que respetemos los ancianos ,hoy ni eso debemos instuirles a nuestros nietos,porque hoy hay muchos viejos charlatanes y viciosos.
Vista desde ese ángulo, la seriedad no sirve para nada. Pero resulta que la persona verdaderamente seria tiene en ella un fundamente contundente e inamovible que sostiene su moral y la integridad de su conciencia. A ese tipo de personas le repugna el dolo y la corrupción porque su escala de valores así se lo dicta. Es una conducta ausente en la persona del malvado, una que no se compra con dinero y que nunca claudica ante las tentaciones.