En centros comunales, autorizados por el Ministerio de Cultura, los jóvenes utilizan sus celulares para aprovechar la conectividad del Wi-Fi gratuito.
“Aunque la velocidad no es impresionante, es gratis. Puedes entrar al internet la mayoría de las veces”, asegura Kevin, uno de los visitantes a este centro.
Solo un pequeño número de ciudadanos cubanos poseen conexión de internet privada, los cuales no son nada baratos.
Sin embargo, los que sí tienen internet, forman redes sociales y foros de discusión de un sin fin de temas: deportes, cultura y música.
Usualmente los cables corren por los techos conectando hasta a diez otras viviendas del mismo vecindario.
Ellos intercambian música y largometrajes, los cuales no atraen la sospecha de las autoridades, pero los foros de discusión sí son peligrosos.
“Todos sabemos que estamos siendo vigilados y pueden estar muy nerviosos de perder su inversión. Nadie quiere prescindir de su entretenimiento”, dijo Adrián, un entusiasta por las computadoras.
Como saben que en otros países hay torneos internacionales de videojuego, los jóvenes cubanos tienen la esperanza de, un día, poder jugar en la red.
“No solo en Estados Unidos sino en cualquier otro país. Pero para eso, necesitamos el internet”, dijo Armando, otro joven cubano.
Desafortunadamente, el temor del gobierno cubano, de permitir el flujo libre de información, puede obstaculizar, por algún tiempo, esos deseos.


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