Es completamente injusto que la muerte del general piloto Federico Fernández Smester haya pasado sin pena ni gloria, a pesar de que él fue un verdadero héroe nacional por su participación estelar en la gesta patriótica del 19 de noviembre de 1961.
Esa gesta fue la que hizo posible el final de la dictadura trujillista que sojuzgó a los dominicanos durante 31 años, ya que determinó la salida del país de todos los miembros de la familia Trujillo y de la mayoría de sus más cercanos allegados, civiles y militares.
Pero esa gesta también evitó la puesta en ejecución del plan macabro que dirigirían Petán Trujillo y el general Fernando Sánchez hijo, consistente en el asesinato de todos o la mayoría de los principales dirigentes políticos y cuadros destacados de las agrupaciones patrióticas antitrujillistas 14 de Junio y Unión Cívica Nacional.
Fernández Smester y el también oficial piloto Nelton González Pomares fueron quienes encabezaron desde aviones Vampiros, el ataque aéreo a la Base de San Isidro, y específicamente a las instalaciones del Batallón Blindado y la Compañía de Artillería, poco después de las 8 de la mañana de aquel histórico 19 de noviembre del 61.
De no haber sido por ese levantamiento militar que encabezó el comandante de la base aérea de Santiago, el general piloto Pedro Rafael Rodríguez Echavarría, la dictadura trujilliista habría retornado a sus conocidos métodos de represión sangrienta, y habría convertido el país en un montón de cadáveres de dirigentes opositores.
Fernández Smester tuvo además el mérito de haber fundado y encabezado la primera escuadrilla aérea acrobática que tanto deleitó a los habitantes de la ciudad capital en los años 50.
No se justifica que hoy, auténticos héroes como Fernández Smester mueran sin que ningún historiador, ninguna autoridad y ni ningún medio de comunicación resalte sus valiosos aportes a la patria y a los dominicanos que hoy disfrutan de un régimen de libertad en virtud de su acción heroica.
Eso es verdaderamente penoso, muy penoso que la gesta heroica del 19 de noviembre de 1961 sea completamente ignorada, y que sus héroes sin ninguna mancha posterior, permanezcan igualmente ignorados, incluso al momento de morir. ¡Cuánta injusticia!
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