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Las elecciones del 2012, nos dejó un sabor amargo porque a pesar de que, en medio de resultados adversos –en las seccionales-, la seccional Washington obtuvo un 40% de los votos. Más, sin embargo, nadie en el partido (el PLD) valoró, en su justa dimensión, ese dato-esfuerzo. Es más, ni siquiera recibimos una felicitación, ni menos aún, una invitación-convocatoria -como era tradición- después del triunfo.
Sin embargo, estas elecciones de 2016 han puesto a la Seccional Washington -del PLD- en el punto exacto de un momento excepcional, justamente, cuando el país, en un casi 62%, ha reafirmado las ejecutorias y el liderazgo del Presidente Danilo Medina, que, de paso, se encamina, si no ya, a sentar un precedente histórico político-electoral: ¡ser el Presidente más votado de nuestra historia democrática!
Gran mérito para el Presidente Danilo Medina, que releva, en ese sitial, al maestro y líder histórico del PLD; y más que ello, al Presidente más ético y pulcro de nuestra historia contemporánea, el Prof. Juan Bosch!
Pero volvamos a este momento estelar del pueblo dominicano, el PresidenteDanilo Medina y el PLD, que, entre otras materias pendientes, tiene, en la ley de partido y la reforma a la ley electoral, dos impostergables compromisos cívico-ciudadano para adecentar la actividad política y el ejercicio del poder; pero, sobre todo, para desterrar el nauseabundo clientelismo y rescatar la institucionalidad democrática de los partidos políticos que, de paso, deberá facilitar el relevo de los liderazgos de manera ordenada y cívica, pero sin subterfugios ni posposiciones.
Al liderazgo de mi partido sólo le pido, empezando por el Presidente del país y al del partido, que empujen, sin reservas, las reformas pendientes, entre ellas, las que tienen que ver con el sastre que todos llevábamos dentro al querer, casi siempre, un traje a nuestra medida, o cuando no, queriendo y proponiendo a un segundón, dócil y complaciente, para que nos herede y no a aquel otro –dirigente o líder- con méritos y calificaciones. Alejarnos y tomar distancia de ese “conchoprimo” es lo mínimo si pensamos en Bosch y en nuestras aspiraciones más sentidas.
Y eso comienza (se lo digo a todos los compañeros de mi partido), fomentando la democracia interna –en los partidos políticos-, canalizando el relevo de liderazgos y sembrando una cultura política basada en mérito, talento y honestidad.
De mi parte, y muy pronto, tendrán noticas de que predicaré con el ejemplo. Porque estoy convencido de que nadie es indispensable y de que los liderazgos no se decretan. Porque yo puedo bailar bien, pero estoy seguro, que otros, si les damos la oportunidad, podrían bailar mejor… ¡Piénsenlo!
¡Llegó la hora de los relevos…! ¡Llegó la hora de los cambios!
jpm-am


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