En Los Guaricanos ya es imposible vivir, gritaba horrorizada la mujer a la que el atrevimiento de un delincuente dejó estupefacta.
A las 10: 00 de la noche, el joven aprovechó un apagón para plantarse frente a la precaria vivienda e intentar cuchillo en mano asaltar al hijo de la desesperada dama.
En el forceje lograron desarmarlo y hasta romper el puñal. Por suerte, la cosa quedó en la huida del muchacho, sin daños a sus víctimas, que solo atinaron a pedir de las autoridades mayor vigilancia en la zona.
Pero sucede que esa situación desagradable, peligrosa, no es exclusiva de esa demarcación de Santo Domingo Norte, por lo que el grito de ayuda surge por todas partes en el país, incluidas zonas rurales en las que esas cosas nefastas solo eran vistas en las noticias.
Es ya muy cacareado el tema, pero eso en lugar de restarle importancia debe servir de referente a los encargados de velar por la seguridad ciudadana.
Que todavía haya motivos para traerlo a colación, que no sentemos a contar notas trágicas en los periódicos, da una idea de que todavía quedan muchos huecos por llenar.
El estado de paranoia colectiva en el que está sumergida la población es insufrible, alarmante y es deber del Estado cortarla. Claro que siempre ha existido la delincuencia, pero los niveles a los que ha ascendido son ya inaguantables.
of-am


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