Periodismo, la ética y lo inverosímil (1 de 2)
En mi rol de docente, cuando impartía clases de periodismo y gramática, siempre aconsejé a mis alumnos a que nunca dieran sus «brazos a torcer».
La proclama tenía un claro propósito: Que cuando terminaran sus estudios, y ya se consideraran periodistas, trabajaran poniendo en alto los principios y la ética.
Pero, además, que nunca creyeran lo que por décadas se ha escuchado y leído de que «el periodismo es el Cuarto Poder del Estado». Falso.
En toda sociedad donde impera la democracia, funcionan tres poderes: El Judicial, Ejecutivo y Legislativo.
Son los reales (y únicos) poderes de un Estado. Les aconsejaba que eso de que «el periodismo es el Cuarto Poder del Estado», es un mito, un decir. Una opinión vacía, sin ninguna sustentación real.
Se acepta que el periodismo sí constituye una función por la que el colectivo -en sentido general- siente mucho respeto.
Precisar, y no cesar en manifestarlo, que el periodismo es un trabajo normal, que debe ejercerse en base a los principios y la verdad.
Es, como lo proclamó siempre el laureado escritor colombiano Gabriel García Márquez (Premio Nobel de Literatura 1982), «el mejor oficio del mundo».
Pero creer que los periodistas tienen poder para, por ejemplo, influenciar a lo interno de los gobiernos para que sus más altos funcionarios, comenzando por el Presidente de la República, tomen medidas a favor de las grandes mayorías, es sencillamente un concepto inverosímil.
Lo que sí tienen que comprender los periodistas, es que su obligación es trabajar bajo las reglas que norman el deber profesional y no aceptar que el miedo los «arrope».
En mi más reciente libro, que publiqué en un masivo acto -montado el 23 de noviembre del pasado año en la Biblioteca Nacional Pedro Henríguez Ureña-, expongo bien claro el criterio que tengo sobre el ejercicio profesional de esta noble profesión que sigue siendo muy mal pagada.
En las últimas semanas el periodismo ha recibido duros golpes. Varios periodistas han sido asesinados por criminales que quieren frenar el delicado trabajo profesional de la prensa.
Lo más reciente, contra el periodismo, ocurrió en Ecuador con la muerte de un equipo de tres miembros del periódico El Comercio.
Fueron cruelmente asesinados Javier Ortega, Raúl Rivas y Efraín Segarra quienes habían sido secuestrados por un grupo disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
JPM
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