R.Dominicana y México a finales de la Copa Panamericana Voleibol

Santo Domingo, 18 sep.- Los equipos de República Dominicana y México pasaron a la final de la Copa Panamericana de Voleibol femenino que se efectúa aquí, al vencer en semifinales a Canadá y Estados Unidos, respectivamente.

La sorpresa la dieron las mexicanas con su triunfo ante las estadounidenses  3-1 (22-25, 25-21, 25-23, 25-19), siendo su primera victoria después de nueve derrotas al hilo frente a ese elenco.

Por México las más destacadas fueron Samantha Bricio y Maria Fernanda Rodríguez con 19 y 17 puntos, mientras que Danielle Cuttino terminó con 21 puntos para las del norte, seguida de Lindsay Stalzer y Symone Williams-Aboot quienes marcaron 14.

En el otro partido de la discusión por la medalla de oro del torneo, Dominicana barrió a Canadá 3-0 (25-15; 25-20; 25-21), las de casa hicieron valer su condición de favoritas y no le dieron opciones a las canadienses.

El primer juego de este sábado fue por el quinto puesto entre Cuba y Puerto Rico, ganado por las primeras 3-0 (25-19, 25-23, 25-20),reptiendo de esta forma la victoria lograda la víspera.

Las cubanas Dezirett Madan y Claudia Tarin fueron las mejores anotadoras de las vencedoras con 14 y 12 puntos, y las puertorriqueñas Yuliana Martínez con 11 y Nicole Marie Cruz con 10 por las derrotadas.

of-am

Obras Públicas inicia asfaltado Samaná y María T. Sánchez

SAMANÁ.- El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones dejó iniciados los trabajos del Plan de Asfaltado para las provincias de Samaná y María Trinidad Sánchez, que incluirá también a todos los municipios y distritos municipales de estas.

Los trabajos de pavimentación iniciaron en los municipios Nagua y Samaná, capitales de ambas provincias.

El viceministro de Mantenimiento Vial del MOPC, Mélito Santana Rincón, en representación del ministro Deligne Ascención, al encabezar un recorrido por los trabajos, explicó que este primer plan de asfaltado, reasfaltado, bacheo y prensado cubrirá 23 kilómetros lineales, con un costo de unos 50 millones de pesos.

Dijo que con estas acciones Obras Públicas da inicio a lo que fueron promesas del presidente Luis Abinader con un ciclo de asfaltado en la provincia María Trinidad Sánchez, iniciando en distintas calles de la comuna cabecera, y en los barrios que tienen mayor urgencia.

Destacó que el Plan de Asfaltado a nivel nacional que realiza el MOPC, bajo las directrices del ministro Deligne Ascención, constituye un mandato directo del presidente Luis Abinader, “que quiere ver el país con sus calles en óptimas condiciones”.

Dijo que en los lugares que no estén las condiciones dadas para aplicar el asfaltado, no se hará el trabajo, “para no cometer los mismos errores de la administración pasada, que asfaltaban y al poco tiempo todo se perdía, porque lo hacían en lugares que no estaban aptos para hacer el trabajo”.

“Estamos tratando de marcar la diferencia entre un antes y un después con relación a lo que es la calidad del asfalto que se coloque en las vías”, explicó.

Expresó que en el municipio de Nagua se inició un plan de incluir alrededor de 23 kilómetros lineales entre asfaltado, reasfaltado y prensado, en lo que se invertirían unos 50 millones de pesos aproximadamente, para luego seguir en toda la provincia.

Agregó que en la primera quincena de octubre entrarán en servicio 30 lotes de asfalto con igual número de compañías, programa que abarcará todas las provincias del país, en especial las que más lo necesiten, como en la región fronteriza.

El director regional Cibao-Nordeste del MOPC, Aaron Hernández, dijo que el plan de asfaltado en Nagua abarcará las calles Enriquillo, Mercedes Bello, así como los sectores Soldado Arriba, José Francisco Peña Gómez, Kilómetro 3, Los Cacaítos, San José de Villa, Las 500, La Cruz, Los Agrónomos, Urbanización José Lucas, entre otros.

En el acto de inicio de los trabajos en Nagua también estuvieron presentes la gobernadora provincial, Gregoria Correa Amparo; el alcalde del municipio de Nagua, Alfredo Peralta Ventura; Alejandro Brito, director de Pavimentación Vial del MOPC, entre otros.

ACTO EN SAMANA

En el acto realizado en Samaná, el senador Pedro Catrain dijo que el verdadero cambio llegó a Samaná, y que esta provincia por más de 20 años vivió un atraso total “que por fin a partir de ahora será cosa del pasado”.

“Ningún gobierno en apenas un año había hecho tanto como lo ha hecho el del presidente Abinader en Samaná”, afirmó.

El alcalde de Samaná, Nelson Núñez, dijo que duró cuatro años pidiendo de rodillas al pasado gobierno un plan de asfaltado para Samaná, pero que nunca fue posible, y que por ser él, en ese entonces un alcalde en la oposición, no lo hacían.

Núñez agradeció al presidente Abinader y al ministro de Obras Públicas, Deligne Ascención, por tomar a Samaná en cuenta para que sea un verdadero destino turístico, y darle el valor que hoy se le está dando a este destino.

El presidente de la Junta de Vecinos del sector Villa Salma, René Serra, agradeció a las autoridades del gobierno por el cambio, y por hacer posible que Samaná cuente con este Plan de asfaltado, “porque era una necesidad soñada por los samanenses”.

Otros asistentes a la actividad fueron el director regional de Turismo, Camilo Medina; el diputado Ramón Aníbal Olea; los directores de juntas distritales de la provincia Samaná, y Alejandro Brito, director de Pavimentación Vial del MOPC.

NY: Banreservas ofrece charla sobre beneficios para diáspora

NUEVA YORK.- El Banco de Reservas inició este jueves en el Consulado Dominicano un ciclo de charlas sobre educación financiera, facilidades para acceder a créditos para adquirir una vivienda en República Dominicana y otros servicios de los cuales pueden beneficiarse los criollos residentes en Estados Unidos, a través de los
diferentes canales que ofrece el banco.

El subadministrador de Negocios de la institución financiera, Ysidro García, explicó en rueda de prensa en la sede consular que los dominicanos que viven en el extranjero pueden aprovechar las tasas especiales desde 5.8% que oferta ExpoHogar, y que se mantendrán vigentes hasta el 30 de septiembre, para adquirir una propiedad inmobiliaria en República Dominicana.

Al respecto, el cónsul en New York, Eligio Jáquez, valoró la iniciativa de Banreservas porque por primera vez esas facilidades y canales de servicios bancarios estarán al alcance de los dominicanos residentes aquí.

Las charlas se ofrecerán en el Consulado el viernes 17, lunes 20 y martes 21 de este mes, en horario de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, a cargo de los ejecutivos de negocios de Banreservas Robinson Portorreal, Paula González y Edgar Abreu.

Ysidro García explicó que las orientaciones económicas tienen el propósito de afianzar aún más los vínculos que tiene con el país la comunidad dominicana residente en esta importante ciudad de New York, así como en otras localidades estadounidenses.

Dijo que también tienen el objetivo de que los dominicanos en el extranjero conozcan las diversas formas de acceder a servicios bancarios de manera ágil y segura, por medio del portal https://www.banreservas.com, además de otras
gestiones bancarias que deseen efectuar en el futuro.

Remesas y vivienda

Al precisar que estas actividades se enmarcan dentro del 80 aniversario que celebra este año el Banco de Reservas, el subadministrador de Negocios dijo que también se pondrán a disposición de la diáspora dominicana los diversos canales para el envío de remesas a sus familiares.

“Para que sea una realidad la adquisición de sus inmuebles, ponemos a disposición de ustedes tasas de interés anual desde 5.8%, fijas hasta 10 años, con plazos de hasta 20 años para pagar, para que nadie se quede sin su vivienda”,
subrayó García.

Añadió que los interesados pueden optar por financiar hasta el 90% del valor de la propiedad, para lo cual contarán con la cobertura de Seguros Reservas.

“Es conveniente indicar que también estará disponible la modalidad de cuotas flexibles, la cual consiste en un abono anual extraordinario, que reducirá hasta un 30% el monto a pagar mensualmente”, expresó.

García dijo que esos y otros beneficios serán ampliados para orientar y brindarle un servicio especial a los dominicanos que viven en el exterior y que desean preservar y fortalecer sus lazos con su país de origen.

Señor Presidente Abinader: La solución es el voto obligatorio

Preliminar

En nombre y representación de los dominicanos de la diáspora y de los que viven en lar nativo, que quieren un mejor país para todos, la carta más abajo expuesta es el único documento que le entregaremos personalmente a nuestro presidente Luis Abinader en su visita a Nueva York en los días 17, 18 y 19 del mes en curso. Veamos:

 

Lic. Luis Abinader Corona,

excelentísimo presidente de la República Dominicana

Estimado señor presidente:

El sistema de votación clientelista vigente en nuestra República Dominica engendra la corrupción rampante en las elecciones presidenciales, municipales y congresuales que hasta ahora, por su accionar y resultados, han sido legendarias y apocalípticas.

Debido a este sistema maligno, tradicionalmente, hasta el día de hoy, quien quiera ocupar una posición en los estamentos referidos, tiene que gastar una millonada.  Esta debilidad de nuestro sistema electoral ha sido aprovechada por el narcotráfico, por los dueños de bancas de apuestas (personeros del bajo mundo y del crimen organizado), y por los empresarios corruptos para patrocinar a la presidencia y vicepresidencia de la República, a los ayuntamientos y al Congreso Nacional, a testaferros que imponen al país sus macabras agendas personales, las cuales, nada tienen que ver con la democracia, el progreso y la paz de nuestra patria.

Señor presidente, por la experiencia de muchos países, está comprobado que esta nefasta práctica clientelista solo es conjurada por el voto obligatorio.

En consecuencia, señor presidente Luis Abinader, le sugiero a usted hacer todo lo posible a su alcance para que su presente periodo gubernamental no finalice sin haber establecido en nuestra Constitución el voto obligatorio.

Este objetivo y su conquista, adjunto al establecimiento de una justicia independiente, los buenos dominicanos residentes en Quisqueya y allende de los mares, la queremos plasmada en la historia como logros de su persona y de nuestro partido, avances estos, que serían trascendentales para la democracia, la paz y el progreso de nuestro amado país.

Con sentimientos de alta consideración y estima, y esperando su contesta,

le despide muy atentamente

Miguel Espaillat Grullón

Ing. agrónomo/abogado/escritor

Doctrina del choque: artilugio de un mitómano socialista

Prefacio

Como es habitual, el pasado sábado 11 de septiembre y a través de este medio digital, el conocido «socialista a distancia» Miguel Espaillat Grullón, se destapó con un artículo titulado «La doctrina del choque» cuya versión original en inglés es: «The shock doctrine», y en dicho artículo trató un asunto de política interna y de paso,  lo aprovechó para  arremeter contra los Estados Unidos, el capitalismo, el neoliberalismo, personas de la vida política e instituciones financieras de carácter mundial, como los causantes de todos los  tipos de crisis económicas, sociales y políticas que padece el mundo.

Me extrañó mucho que Miguel Espaillat, no hiciera tan siquiera mención de la autora de la referida teoría y, de manera sutil y aviesa, dejó al libre albedrío de los lectores pensar quién es su autor (a), un craso error que un articulista no se debe permitir. La paternidad de esa tesis es de la periodista Naomi Klein Sherr, escritora y activista canadiense, la cual es abiertamente opuesta al capitalismo y a la globalización. Huelga decir, que esta escritora no oculta su simpatía socialista y por el feminismo en su mayor expresión. En deducción, no podía esperarse menos de la finalidad y el objetivo de su redactora.

En consecuencia, cuando uno lee una obra que proviene de una mente inclinada al socialismo macabro y destructor, debe hacerlo sin apasionamiento, con grado de observación y, sobre todo, ver si lo que se plantea tiene asidero lógico, certero, sustentable y, ante todo, demostrable. Cualquiera puede elaborar una teoría que puede ser cierta o no, pero los hechos, el tiempo y lo irrebatible de su tesis es lo esencial para su validez y aceptación.

Recordemos la teoría de los evolucionistas que sostenían que «todos los vivientes superiores -incluyendo al hombre- provienen por desarrollo o evolución de vivientes inferiores», cuya autoría recayó en su autor Charles Roberts Darwin con su libro «El origen de las especies» (Londres 1859) lo cual no ha sido sustentable, aunque Darwin sentó las bases de la síntesis evolutiva moderna.

¿Que es una teoría?

Es una palabra que proviene del griego «theorein» que  significa «observar» y se usaba mucho en la visualización de una obra teatral, lo que nos induce a deducir que la noción de la teoría permite hacer referencia a un asunto provisional o que no es cien por ciento real. Su evolución en el lenguaje la dotó con sentido intelectual y se comenzó aplicarse a la capacidad para comprender la realidad de las cosas.

Hoy en día se define a la teoría como un sistema lógico que se establece a partir de axiomas, postulados y observaciones, con la tarea de afirmar bajo qué condiciones se llevarán a cabo ciertos supuestos. Para ello, se parte como punto de referencia una explicación del medio idóneo para que las predicciones puedan ser desarrolladas. A partir de ahí es posible deducir o postular otros hechos mediante ciertas reglas y razonamientos. La teoría tiene dos componentes esenciales: las conjeturas (suposiciones que no tienen el aval de las observaciones) y las hipótesis  (que sí se apoyan en las observaciones)

Hoy en día se define a la teoría como un sistema lógico que se establece a partir de axiomas, postulados y observaciones, con la tarea de afirmar bajo qué condiciones se llevarán a cabo ciertos supuestos. Para ello, se parte como punto de referencia una explicación del medio idóneo para que las predicciones puedan ser desarrolladas. A partir de ahí es posible deducir o postular otros hechos mediante ciertas reglas y razonamientos. La teoría tiene dos componentes esenciales: las conjeturas (suposiciones que no tienen el aval de las observaciones) y las hipótesis  (que sí se apoyan en las observaciones).

Las «teorías» del fabulador socialista

No es la primera vez ni tampoco será la última, que Miguel Espaillat, en su afán incansable de mostrar lo «malo y perverso» que es el capitalismo, el neoliberalismo, la política y la geopolítica de los Estados Unidos, traerá por los pelos distintas teorías de corte político, social y económico, siempre  que tengan como esencia atacar al mundo democrático y enaltecer el socialismo como vía de solución.

Por esa razón, en otro de sus artículos sabatinos trajo a colación la llamada teoría de «La guerra de la cuarta generación», la cual le atribuyó erróneamente a Gene Sharp y que le rebatí con mi artículo: Los sofismas de un camaleón oportunista». (ver enlace):  https://almomento.net/los-sofismas-de-un-camaleon-oportunista/

Cuando Miguel Espaillat recurre a este artilugio a través de sus trabajos de opinión, pretende con ello que las doctrinas que él presenta como apoyo a sus ideales políticos, sean aceptadas como si fuera un dogma de fe, sin debates y entendiendo que las mismas son infalibles, lo cual no solo es falso, sino incorrecto. A mi humilde opinión, si hay teorías que tienen dificultades de ser acertadas a plenitud y sin confrontaciones,  son las llevadas a cabo en algunas de las ciencias sociales, las cuales están sometidas a vaivenes, imprevistos y situaciones particulares que escapan al mejor teórico y se dan en el momento menos esperado y en lugar impensado.

Tomemos como ejemplo de ello, lo sucedido en la ciudad de Sidi Bouzid en Tunez, cuando el 17 diciembre 2010, un simple vendedor callejero de nombre Mohamed Bouazizi, fue maltratado y despojado de sus mercancías por la policía y a manera de protesta se inmoló al prenderse fuego. Hubo revueltas y ello provocó la dimisión del presidente Zine el Abinidi Ben Ali.

Eso fue el hito que marcó el inicio de varias asonadas por casi todo el mundo árabe: Egipto, Siria, Yemen Argelia, El Líbano, Sudán, Marruecos, etc. Ese efecto dominó de disturbios y enfrentamientos se conoce como «La Primavera Árabe» que convulsionó esa región del planeta y logrando ciertas conquistas sociales y políticas.

Le pregunto a los amables lectores: ¿a qué teórico (a) se le ocurriría pensar y plasmar en una tesis, que eso podía suceder de esa manera tan simple e imaginar que un abuso de la policía de Túnez en contra de un humilde vendedor, iba a provocar tanta insurrección en gobiernos autoritarios y de largas datas convertidos en tiranías ?

Esos son los imprevistos a lo que yo hago referencia en torno a las teorías que se formulan de manera ligera o sesgadas en el campo social y político, las cuales no pueden tomarse como algo inequívoco o para  aceptarlo de manera pura y simple como pretende el inefable «socialista» Miguel Espaillat Grullón, cobijado desde hace cuatro décadas en las vorágines del «malvado imperio» en la ciudad de New York, símbolo del «capitalismo aberrante y decadente» según el decir de los comunistas.

Los criterios disidentes

En lo particular y es mi percepción, es  evidente que la periodista Naomi Klein, cuando escribió su teoría de la «Doctrina del  choque» como método político de los Estados Unidos, del capitalismo en todos sus aspectos y de los organismos económicos mundiales como instrumentos de ayuda a superar crisis económicas y establecer políticas de desarrollo en las naciones, lo hizo de una manera muy superficial, sesgada y sujeta a su posición política y a los fines ideológicos que ella persigue.

De igual manera, fue muy ligera en sus apreciaciones en torno a las reales intenciones de las naciones desarrolladas con la Unión Americana a la cabeza, en su papel en torno a lo social y económico en auxilio a las naciones del Tercer Mundo. Decir que se aprovechan de las catástrofes naturales para establecer su plan político y su dietario económico, me parece una irresponsabilidad de su parte y un criterio muy a la ligera para descifrar la ortodoxia del libre mercado. Es más, lo considero hasta cándido.

Pero, dejemos a un lado mi apreciación personal y leamos el criterio de periodistas, escritores,  historiadores y economistas en torno a la tesis de Naomi Klein.

Johan Norberg, escritor e historiador sueco opinó sobre la teoría de Naomi Klein lo siguiente: «El análisis de Klein es erróneo y fuera de lógica en todos los niveles» Indica que hay fallas es aspectos específicos de los análisis, como el de las protestas de Tiananmen de 1989, que, afirma: «no aplastaban a la oposición de las reformas  a los mercados, sino que en realidad causó la liberalización de residencia».

Por otra parte, el economista Tyler Cowen, calificó la retórica de ridícula y el libro «un verdadero desastre económico». Dice que «hay una series de proposiciones inventadas» tales como la de que Margaret Thatcher creó la crisis de Las Malvinas para aplastar los sindicatos y endosarles el capitlismo sin restricciones.

En tanto, Jhon Wilman del diario Financial Times, consideró el libro de Klein como: «una obra profundamente errónea done se mezclan fenómenos juntos y dispares para crear algo seductor, pero que en últimas instancias posee argumentos deshonestos».

Por último, Tom Redburn del New York Time, dice que: «lo que ella más oculta, es el papel necesario del capitalismo emprendedor en la superación de la tendencia inherente de cualquier sistema social establecido a caducar en el estancamiento.»

Sin embargo y por nuestros lares, encontramos al inefable y camaján socialista Miguel Espaillat Grullón, no solo tratando de pescar en río revuelto, sino en los que están tranquilos también, ya que, al estar presentando teorías rocambolescas a cada rato y que solo favorecen su agenda ideológica eso no es algo casual, sino que forma parte de la metodología y la dialéctica socialista de: mentir, confundir, engañar y  distorsionar la realidad para hacer potable sus propósitos políticos. Recordemos la frase de Vladimir IIyich Ulyanov «Lenin» cuando dijo:

«Hay que estar preparados para mentir, engañar, hacer operaciones ilegales, omitir o suprimir la verdad…»  (Obra escogida, Moscú, tercera edición, 1935, pág. 199).

JPM

 

López Obrador ataca las democracias y celebra las dictaduras

En el día de la independencia de México, un eufórico López Obrador, manchando de vergüenza la festividad, se empeñó en glorificar fervientemente a la más larga satrapía del continente, la dictadura cubana, al tiempo que atacaba a la mayor democracia universal, los Estados Unidos de América, por el supuesto bloqueo, (embargo), a la eterna tiranía castrista.

En su apología a la perversa y genocida dictadura castrista, el cínico mandatario de orientación marxista, en tono vehemente, se atrevió a catalogar los largos 62 años de totalitarismo comunista, como «gloriosa resistencia», cuando no han sido más que 62 años de una humillante dependencia de subsidios por parte primeramente de la URSS y luego de parte del castrochavismo impuesto dictatorialmente al pueblo venezolano por el oprobioso Hugo Chávez y los funestos Fidel y Raúl Castro.  

En la ceremonia de celebración del grito de independencia no faltaron los eslóganes exaltando la democracia y la libertad, al tiempo que también, de manera contradictoria, los que elogiaban la dictadura y la opresión que sufre el pueblo cubano de parte del régimen comunista que lo patea y lo oprime por más de seis décadas.

Esta es una característica que retrata de cuerpo entero a líderes de izquierda que suelen auto catalogarse de supuestamente democráticos; pero que su discurso pro comunista defensor del totalitarismo los pone en evidencia, y los muestra como lo que son, unos descarados, falsos y oportunistas.

Tales son los casos de López Obrador, Lula Da Silva, José Mujica y Leonel Fernández, entre otros farsantes y distorsionadores, que aunque gobernaron relativamente de manera democrática, en sus discursos y apoyos en organismos internacionales se explayaban en defensa del castrismo y el castrochavismo.

Estos politiqueros populistas mensajeros de la política del cinismo y la hipocresía, son una verdadera vergüenza para los pueblos e indignos personajes que deben ser despreciados por los verdaderamente demócratas de todo el mundo y no deberían jamás ser elegidos para ningún cargo en ningún país que se respete y quiera echar hacia delante buscando el progreso y la libertad.

Ese pobre espectáculo dado vergonzosamente por López Obrador, en un momento tan solemne, impregnado de intervencionismo en los asuntos internos de Cuba y de Estados Unidos; de puro populismo y de entreguismo al régimen dictatorial castrista, resulto ser muy deprimente y desagradable a la vista de los espectadores extranjeros, defensores de la libertad y la democracia.

JPM

 

NUEVA YORK: Declaran a Jenny Gómez ganadora comicios CDP

NUEVA YORK.- La Comisión Electoral del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) declaró a Jenny Gómez oficialmente ganadora de la secretarîa general de su seccional en Nueva York.
Gómez, representante de la plancha Innovación y Progreso, del Movimiento Marcelino Vega (MMV), fue favorecida por 26 votos de sus colegas, de un total de 27 que concurrieron este sábado a los comicios desarrollados en el local del patronato Juan Pablo Duarte, en Manhattan.
Las votaciones iniciaron a las 11 de la mañana y concluyeron a las 6 de la tarde.
Los nuevos directivos del CDP tendrán todo el respaldo de las autoridades nacionales, al tiempo que garantizaron trabajar por las conquistas de los afiliados a la entidad.
Dentro del programa de gobierno de la directiva electa se contempla poner en marcha, conseguir pensiones para periodistas en avanzada edad y con graves enfermedades, adquisición de un local con teléfono y otras facilidades.
jt/am

PUERTO RICO: INDEX y firma ECIJA organizan conferencia

SAN JUAN.- El Instituto del Dominicano en el Exterior en Puerto Rico (INDEX-PR) y la firma de abogados ECIJA ofrecieron la conferencia «Conociendo los derechos laborales de los empleados».

La actividad, conducida por Mery Dacosta, se llevó a cabo de forma virtual y presencial en el local de Alianza Dominicana, en el sector de Santurce.

El director del INDEX-PR, Melchor Matos, abrió la conferencia, tras destacar la importancia de la misma.

De su lado, Gabriel Dejarden, socio de ECIJA en República Dominicana, presentó al expositor invitado y experto en temas laborales, Jaime Sanabria, quien habló sobre el andamiaje jurídico laboral en Puerto Rico, los derechos y deberes de los patronos para con sus empleados.

«Vine a explicarles de manera clara cómo reclamar sus derechos bajo la ley y a darles una asesoría a los patronos presentes y sus obligaciones para con sus empleados, para que cumplan y podamos hacer una cultura laboral en Puerto Rico, una con más armonía», dijo.

Manifestó que la conferencia fue estructurada en base de preguntas de situaciones reales, resueltos por los distintos tribunales de Puerto Rico, y en cada situación se les explicó a los presentes, cuál era la norma aplicable de derechos y deberes y cómo resolver futuras situaciones no planteadas por los tribunales.

El togado tocó el tema de los derechos de los trabajadores con estatus migratorio irregular, donde expuso que no tener documentos no quiere decir que no tengan algunos derechos.

Dentro del marco de la actividad, la directiva de la Alianza Dominicana y el Concilio de Organizaciones Dominicanas en Puerto Rico entregaron dos reconocimientos a Héctor Ramírez Ramírez, fundador del primer Club de Leones, llamado Borinquen y Quisqueya.

El cónsul Opinio Díaz y la exjueza federal María Domínguez, hicieron entrega de los galardones al también expresidente del Club Cultural Dominicanos Unidos, Inc.

Igualmente, asistieron Vicenta Pérez Espinosa, directora de la Oficina de Servicios al Inmigrante del Departamento de Estado y directora de MIGRACOOP, primera cooperativa de servicios a migrantes en Puerto Rico.

 

Exministro de Interior cuestiona la comisión de reforma policial

SANTO DOMINGO.- El exministro de Interior y Policía, Rafael Suberví Bonilla, se mostró contrario a la conformación del organismo creado por el presidente Luis Abinader para reestructurar la Policía Nacional por entender que la mayoría de sus integrantes carecen de experiencia en asuntos de orden público.

A su juicio, esa comisión debió ser conformada por pasados y actuales oficiales de la Policía y las Fuerzas Armadas así como por técnicos que han trabajado el área y conocen muy bien  las fortalezas y debilidades de las instituciones encargadas de resguardar el territorio y el orden público.

El también dirigente del opositor Partido Revolucionario Dominicano (PRD) dijo que un estudio realizado durante su gestión en el Ministerio del Interior sugirió al Poder Ejecutivo cómo mejorar la imagen y la capacidad de acción de todos los estamentos de la institución encargada de mantener el orden público.

“Durante un año los responsables de modernizar y estructurar la Policía tuvimos reuniéndonos cada semana y cuando concluimos se presentó la crisis bancaria y todo se desvaneció”, explicó Suberví Bonilla en el programa “Así Vamos, con Héctor Guzmán”, que se difunde por Teleradio América.

an/am/sp

Recuerdos de aquel 22 de Septiembre de 1971 

Cuando sentí el ruido del carro en la marquesina, me alegré y a la vez me extrañé: Homero no estaba supuesto a regresar a la casa, ya que había partido al atardecer y esa noche se quedaría a dormir en la que pronto seria nuestro nuevo hogar.

Lo esperé en la puerta, y antes de que la cruzara lo abracé muy fuerte, y sentí una sensación y un sentimiento increíbles de describir, y noté que hasta  él lo percibió. Siempre me he preguntado si ya en ese momento, mi espíritu o mi alma, ¡qué se yo!,  sabía lo que se nos avecinaba y por eso atesoraba cada minuto a su lado.

Aún abrazados me dijo, con tono preocupado, refiriéndose al lugar donde nos mudaríamos, que ese sitio era muy solitario y peligroso, sobre todo por las noches, porque ahí había pocos vecinos y muy alejados y si nos rodeaban nadie se enteraría; que había que desistir de la mudanza a ese lugar.

Acordamos que el día siguiente, él se quedaría trabajando donde una pariente suya que quería conocer a la niña, y  yo llevaría a la imprenta los originales para un folleto que  Homero había terminado de escribir. Luego, yo cambiaría por otro el vehiculo alquilado en que nos desplazábamos y después del almuerzo donde su prima, regresaríamos a nuestra casa, ubicada en un paraje solitario con pocas y distantes viviendas alrededor; por detrás  y a la altura del km 15 de la nueva carretera Duarte.

Al día siguiente,  miércoles 22 de septiembre del 1971, nuestra hija Keskea (Quisqueya,  en lenguaje taíno), ya lista para salir, se quedó dormida.  Homero no quiso despertarla, así que le desabotonó el vestidito por la espalda y la dejó en su cuna. Cambiamos los planes originales: él se quedaría en casa de unos compañeros donde yo recogería el material de su folleto y lo llevaría a imprimir.

Besó a Keskea  y esa fue la última   vez que vio a su hija, la que apenas contaba con nueve meses de edad.

Homero Hernández Almánzar

Tras dejar la J.F. Kennedy, íbamos de Sur a Norte por la avenida Lope de Vega y doblamos a la derecha en la antigua avenida San Cristóbal (hoy Homero Hernández)  Casi frente a CENADARTE y a la Escuela de Artes y Oficios, noté  el repentino silencio de Homero; miré a mí alrededor y me di cuenta de que estábamos prácticamente rodeados por vehículos de todo tipo, con militares de civil y uniforme,  fuertemente armados.

Había hombres apostados detrás de  árboles, y tirados en el piso sacando la cabeza  por las esquinas de las calles. Miré hacia el frente y le dije a Homero las últimas palabras que escucharía de mí: ¡dobla allá, a la derecha!; tratando de que escapáramos por la esquina de la avenida Tiradentes donde estaba en construcción el local del Partido Reformista. Pero no creo que me estuviera escuchando; en ese mismo momento Homero  frenó de golpe el cepillito y enseguida sentí que nos chocaron por detrás y por el frente, hacia el lado de mi asiento. Los fusiles apuntaban hacia nosotros y tras apretar con su mano mi rodilla izquierda, abrió su puerta y me dijo al tiempo que salía del auto: ¡No salgas, que te matan!

Con dificultad  salí por mi puerta bloqueada, mientras escuchaba  ráfagas de fusiles y tableteo de disparos de ametralladoras, y corrí por detrás del auto buscando a Homero pero ya estaba tirado en el suelo, boca abajo; y vi su espalda agujereada.

Me abalancé en su dirección, gritándole histérica a los policías: ¡asesinos, lo mataron, estaba desarmado, asesinos! Pero no pude tocarlo; me detuvieron con un par de  culatazos en las piernas y me sujetaron por los  brazos a mi espalda. Yo seguía tratando de llegar a su lado, gritando y forcejeando por soltarme.

Y entonces, a  medio metro de su cuerpo exánime, se paró un militar — todavía los otros disparaban al aire, como locos– estiró su brazo derecho, tomó puntería  con una pistola “cuarenta y cinco” y disparó el “tiro de gracia” a la cabeza de Homero al tiempo que decía, con voz fuerte y autoritaria: “Llévenselo!

En ese momento ya mis piernas no me sostenían y gritaba con más fuerza, hincada en el suelo mientras el policía, agachado también, me sujetaba fuertemente. Entre dos, levantaron su cuerpo, y al voltearlo, vi sus ojos abiertos y sin vida. No comprendí cómo pudieron tirarlo y taparlo en el baúl de ese viejo carro azul, y partir raudos de allí  dejando uno de sus zapatos mocasines en el suelo.

Mis ojos captaron el horror y la sorpresa reflejados en los rostros de los lugareños y transeúntes que, inmóviles, presenciaron la rápida secuencia de ese crimen.

Mientras me arrastraban hacia nuestro auto, miraba atónita a mí alrededor a los obreros de la construcción del local del partido oficialista, inmóviles frente al block o la varilla; a la friturera, tenedor en mano; al paletero pálido y azorado; a profesores y estudiantes de la escuela de artesanía, como clavados frente a los balcones. Todos me parecían aterradas figuras de piedra. Fueron  segundos en los que el mundo se detuvo ante mi.

Solo parecía tener vida, la mancha roja que brillaba con el sol y parecía deslizarse en dirección a la cuneta.

Ya en nuestro auto, percibí un fuerte olor a ron. Me sentaron, apretada en medio del sargento que disparó a Homero a la cabeza y del otro que me golpeó en las piernas, conduciéndome en acelerada carrera hacia el Palacio de la Policía, cruzando semáforos en rojo, con la mano pegada a la bocina, y evadiendo con fuertes virajes los obstáculos que encontraban en el trayecto.

Con mis brazos ya libres, abrazaba mi cabeza la que balanceaba  sobre mis piernas; ya no gritaba  pero repetía con obstinación, una y otra vez, entre sollozos: “¡Oh, Dios mío, qué cobardes, qué asesinos; solo borrachos y entre tantos pudieron matarlo; malditos cobardes!  ¿Por qué no lo apresaron si él salio desarmado?”. Nada me respondían; nada les importaba; era como si yo no estuviera ahí con ellos. Más adelante uno dijo, como justificándose, –“era su vida o la mía, ese hombre me disparó y por poco me mata”-. Y yo le repetía, casi sin fuerzas: “mentira, mentira, usted sabe que eso es mentira.”.

Entramos  a toda prisa al palacio de  la Policía por la parte trasera del edificio, aumentando el revuelo y la expectativa que ya allí había. Cuando aparcaron nuestro auto y poco antes de desmontarme, me sequé el rostro a manotazos; no quería  darles el gusto de que me vieran llorando.

Cuando era conducida  tomada por un brazo hacia adentro del edificio, el oficial volteó la cabeza y gritó: ¡Registren ese carro!, y se sorprendió cuando también volteé para decir, con igual  fuerza en la voz: “Debajo del asiento del chofer hay una pistola Luger; no hay nada más en ese auto; estos malditos asesinos acaban de matar a sangre fría a un hombre desarmado que solo andaba acompañado de su esposa”!

(Durante mucho tiempo me reproché por no haber reaccionado aprovechando ese momento de confusión, mientras me conducían detenida,  para tomar esa arma y dispararles a ambos, aunque nos hubiésemos matado al chocar por la velocidad que llevábamos; pero  quizás Dios estuvo allí conmigo y no lo permitió).

                                                         ******

En el cuartito donde primero estuve detenida esa mañana, escuché cómo en la oficina contigua, redactaban y recomponían en una maquinilla, una y otra vez rompiendo las hojas, las declaraciones que del hecho darían a la prensa. Un joven  policía, con un fusil y parado muy firme, como un soldadito, vigilaba la única puerta. Miraba de reojo cómo yo daba vueltas y vueltas  recorriendo el pequeño espacio; parándome a observar un cuadro de la Virgen de la Altagracia y otro de Joaquín Balaguer y un almanaque en la pared. No me contestaba cuando le decía, como desvariando: “Ay mi hijo, salte de aquí (de la Policía); tu eres un muchacho bueno, te convertirán en criminal, mira cómo mataron a mi esposo; son asesinos, delincuentes; el primero es Pérez y Pérez…ay si, salte de esto….”. El pobre muchacho estaba visiblemente nervioso, mirando a hurtadillas cómo lloraba y me doblaba hacia adelante apretando mi cintura con ambos brazos entrelazados.

Ya más tarde me pasaron a otra dependencia, atravesando el patio; y allí, por rutina tal vez, dos policías también muy jovencitos, me hicieron la prueba de la parafina. Los chicos me dijeron con mucha profesionalidad, antes de ponerme la cera derretida sobre las manos, que la misma estaba un poco caliente pero que  no me quemaría. Y yo recuerdo haber pensado que a mi ya nada que me hicieran, podía dañarme más.

Y esa misma tarde, ubicado  en un extremo del patio policial, “Macorís”, ex miembro del 1J4, y jefe de la “Banda colorá” (grupo paramilitar balaguerista) y hoy, “ingeniero” Ramón Pérez Martínez, voceaba  a todo pulmón– muy emocionado y tal vez hasta muy bebido, con visible interés de que todos les escucháramos,–algo como esto:

–“! Elsitaaa, Elsitaaa,  Elsa Peña, Elsa Peñaaaa…..yo no tuve nada que ver con la muerte de Homerito; yo te lo garantizo; yo no estuve ahí, es más, yo te lo juro por mi madre; por lo más sagrado que  yo no tuve  nada que ver con eso; tú sabes  que yo lo admiraba mucho,  que era mi líder, que yo quería mucho a Homero Hernández; créeme Elsa Peña, yo no estuve ahí.”! 

Uno de los  policías, que también me tomaron una foto, al ver que Macorís seguía vociferando y repitiendo, una y otra vez lo mismo y que yo no parecía estar ni escuchándole, me preguntó tímidamente, en más de una ocasión: “Usted no es Elsa Peña; usted no está oyendo lo que le están diciendo; usted no lo conoce, usted sabe quién es?”. Y yo, finalmente, levanté la vista  y le contesté  con otra pregunta: ¿“Y tú crees que a mí me importa algo de lo que ese hombre está diciendo?; déjalo que se desgañite, escuchar eso no le devolverá la vida a mi compañero”.

Finalmente, me llevaron a la que sería mi celda; una habitación ubicada en la segunda planta del cuartel policial con una camita de una plaza, un pequeño escritorio o mesita con su  silla, un lavamos y un sanitario. Me lavé la cara y bebí agua del lavamanos. Casi al amanecer me  quedé dormida y pocas horas después, desperté sobresaltada con la fanfarria de  corneta con la que cada mañana, se anunciaba la llegada del jefe policial.

Abrí una ventana, miré hacia abajo y vi cruzando  al general Enrique Pérez y Pérez con su comitiva. Volví a tener conciencia de mi dura realidad  y empecé a insultarlo y a maldecirlo a gritos, llamándolo por su nombre; culpando  a todos de asesinos, borrachos, ladrones  y cobardes; diciéndoles que debían soltarme pues tenía derecho a asistir al entierro de mi compañero; al que solo podían haber matado de esa forma, malditos  borrachos, cobardes…En fin, hice crisis de nuevo.  Y oí que alguien, mirando hacia arriba, le dijo a Pérez y Pérez a sus espaldas: “Esa es la viuda de Homero Hernández”. Y  fue en ese justo momento que tomé conciencia de mi nuevo estado civil.

Antes de que pudiera darme cuenta de algo más, ya habían abierto la puerta de la pequeña habitación que me servía de celda, y entró como un torbellino el Coronel Francisco A. Báez Mariñez   me despegó de la ventana con un empujón, con tal violencia, que fui a tropezar con mi brazo y la boca contra  el borde del lavamos.  Mientras, me decía con voz frenética  que cuando me trajeron a este cuarto, a mi se me había advertido que no debía abrir ni asomarme a esa ventana. ! Cómo si yo en aquellos momentos hubiese estado  en capacidad de escuchar o entender  sus órdenes!  ¡Cómo si ahora, tras saber que ahí estaba el general Pérez y Pérez, el jefe de los que habían ametrallado a Homero, yo me iba a eximir de decirle lo que creía, de tener una reacción, o de exigir mi derecho a estar presente en su funeral para darle a Homero un último beso, un último adiós!

Le grité a Báez Mariñez que yo quería hablar con el Coronel Camilo Rosa; que le avisaran que yo quería verlo, que él era amigo de mis padres, que  yo exigía verlo.

Antes de salir, Báez Maríñez debió ver mi boca sangrando y más tarde  vinieron a curarme pero no me encontraron porque ya dos policías me habían llevado al piso de abajo, sin decirme que  iba a una oficina donde estaba el coronel Camilo Rosa, amigo de mis padres desde que yo era una niña y él, un joven teniente.

Lo noté visiblemente nervioso;  y de pié ante su escritorio, hurgaba en papeles sin levantar la vista a mirarme; yo me cubría la boca con papel higiénico  y antes de que le hablara me dijo que mis padres ya lo habían llamado y él les había informado que yo estaba bien. Lo interrumpí: –“Camilito, por favor—suplicando– yo solo quiero que me dejen ir al entierro de Homero y si quieren que me vuelvan a traer para acá”—Y me contestó con mi apodo de niña y sin mirarme:–“Cocola, a Homero lo enterraron hoy a las diez de la mañana, recuerda que murió ayer–“

“Que murió no, pensé, que lo mataron”, pero me contuve  para no perjudicarlo. (El  varias veces avisó a mis padres del peligro que corríamos). Y sin decir ni una palabra más, me di la vuelta y volví con los policías a la habitación. Subiendo las escaleras me dio un fuerte mareo y casi me voy de espaldas, los policías me llevaron tomada de ambos brazos y me sentaron en la cama; uno quedó afuera de la puerta, y el otro fue por el médico, el cual me dijo al llegar que ya había venido y yo no estaba.

Dos de mis dientes incisivos superiores se partieron cuando choqué con el lavamanos, pese a que el brazo amortiguó el golpe, dejándome un hueco en los dientes en forma de V invertida. El médico me encontró sentada en la cama, con la mirada perdida; no me habló más ni yo a él; solo tocó mis labios y encías y se fue. Su acompañante volvió a ponerme un suero y posiblemente un sedante pues me dormí durante casi todo ese segundo día, con una bolsa con hielo sobre la boca.

No respetaron los plazos legales para mantenerme en prisión, pero ese día, jueves al atardecer, me llevaron de nuevo a las instalaciones de la planta baja y me dejaron  hablar—solo a través de una ventana abierta–con el abogado, mi madre y mis dos hermanitas menores; las que llegaron llorosas y vestidas de medio luto, trayéndome alimentos y  prendas personales. Tras  casi cuarenta  horas, reparé en que la gente bebe agua y se alimenta; algo que no solo había olvidado yo, también mis carceleros. A mis padres les habían dicho el día anterior que hasta que no me interrogaran no podía yo hablar con ellos, pero aún no lo habían hecho.

Pedí a los policías  papel y  bolígrafo y le escribí a mi familia, en una media cuartilla de papel marrón de maquinilla– que aún conservo– unas instrucciones relativas al cuidado de la niña: bañarla en la mañana y antes de acostarla pues es muy gordita y se acalora; darle leche bien hervida de la finca de Engombe, de la UASD; etc; Y  le mandaba a decir  en ese papel a mi padre,  al que  la noticia de esa tragedia afectó su dolencia cardíaca: “Papá, ya todo pasó, estoy bien; cuídese mucho que mi hija y yo le necesitamos ahora más que nunca.” Y al entregar la nota, forcé  una sonrisa con los labios cerrados e hinchados  para despedir a mi familia.

A partir de esa noche empezaron a suplirme alimentos;  traían en bandeja la comida del club de oficiales, tal como me informaron para que me la comiera, pero solo me apetecía consumir los líquidos, lo demás quedaba intacto. Al tercer día, viernes, cuando me trajeron el desayuno, le dije a los policías que averiguaran adonde era que yo me iba a bañar porque aquí no había ducha. Vinieron a buscarme y me llevaron abajo, a un salín con muchos baños, todos sin puertas; notaron mi extrañeza y me dijeron que el  lugar estaba completamente vacío y que cuidarían tras la puerta cerrada para que nadie entrara.

 Esa mañana me interrogarían y me sentía apestosa. Me bañé en el último baño al fondo,  con parte de la ropa interior que llevaba puesta; me lavé el pelo con jabón de olor. Y pude apreciar mejor mis moratones en los muslos  y rodillas, y también en el brazo derecho. Lloraba bajo la ducha pensando que a Homero le perforaron el pecho y la cabeza. Me cambié rápidamente y me puse mi primera prenda de luto: un vestido de fondo negro con grandes flores blancas, recto y enterizo pegado  hasta las caderas y luego,  la falda al sesgo que hacía vuelos, dejando ver los moratones de mis rodillas. Ese vestido me lo había hecho mi madre en un solo día y me entallaba como si me lo hubiera probado antes.

                                                          ******

Ya esperando para ser interrogada y sola en una oficina,  ubicada al lado de otra donde se escuchaba a oficiales dando las “órdenes del día”, y con un centinela cuidando la puerta; asomo la cabeza  y veo venir por el pasillo a algunos policías y entre ellos reconozco a uno, que se impresiona al verme y da un paso atrás para cubrirse. El corazón me da un vuelco y retrocedo hacia adentro de la oficina y me quito de  la vista porque sabía que debían pasar por mi frente  para llegar hasta donde se escuchaba hablando al Coronel Caonabo Reynoso Rosario, quien momentos antes  había mandado a por mí. Cuando van cruzando por el pasillo, los observo sin que me vean y reconfirmo que ahí va el que le dio el tiro de gracias a Homero, y que  con su tufo a pólvora y a ron manejó nuestro carro. Era el teniente de la Policía, Juan María Arias Sánchez, aunque en esos momentos aún yo no conocía su nombre;  mismo personaje que pocos meses después mató al periodista Gregorio García Castro (Goyito)

El policía que cuidaba la puerta no tuvo tiempo de reaccionar cuando crucé rápidamente hacia el cuarto contiguo  y  me abalancé directamente  sobre Arias Sánchez– pasándole como un bólido por el lado a Caonabo  Reynoso–  y le agarré la cara con mis dos manos, clavándole las uñas y quedándome con piel de su rostro entre ellas. Reculando se llevaba la mano derecha a la pistola con ademán de no dejársela arrebatar, o de  tomarla para defenderse,  mientras  Caonabo le gritaba, imperioso: ¡Cuidado oficial, cuidado! Ya me tenían dominada, asida por ambos brazos y aún  le tiraba patadas entre sus piernas pues él estaba de espaldas contra la pared en una esquina,  y con un escritorio a su lado.– ¡Asesino, desgraciado,  maldito  cobarde; –le gritaba histérica  reviviendo  aquel momento–mataron a un hombre desalmado; te maldigo mil veces, esto lo vas a pagar, hijo de…!”—

Primera vez que fui esposada en mi vida,  y así procedieron a trasladarme, de inmediato, a la cárcel modelo de Honduras, recién estrenada. Antes de partir, esperamos unos minutos abajo en un patio interior hasta que llegaron con la orden de conducencia en un fordel  y con  mis pocas pertenencias. Cuando ya me montaban en el vehículo,  Caonabo Reynoso,  asomado a una ventana desde el segundo piso, dijo  como para que todos lo escucharan:–“Sargento “Fulano”, dígale al oficial “Fulano” que le envío a esa prisionera porque agredió a un oficial, que tome en cuenta que es una mujer peligrosa.”—

Cuatro policías me conducían y  los dos que iban  detrás a mi lado, empezaron a provocarme, diciéndome que intentara escaparme, que les “volara arriba” que me iban a meter cuatro tiros en la barriga para que aprendiera a respetar a los hombres, etc etc. Yo no tenía ánimos de discutir ni de escucharles, me estaba sintiendo débil y mareada, como si me hubiera bajado la presión. Ya en Honduras me esperaban; era obvio que les habían llamado y me pasaron de inmediato a una larga y espaciosa celda común  con varios camarotes nuevos y bien equipados. Todos ocupados por más de una reclusa, y vestidos con colchas de colores.

Sentada en el piso sobre una manta y acorada en una esquina, noté a una joven cuya cara me parecía familiar, la que de inmediato me hizo señas para que me sentara a su lado. Así lo hice y enseguida me dijo:–“Yo  soy  Alba Cicelia Alvarado, militante del MPD;  tú eres Elsita, la viuda de Homero”; y me echó un brazo por detrás de la espalda, siendo Cicelia la primera persona en abrazarme pues ni mi madre ni mis hermanas pudieron acercárseme antes. Otras presas ya me habían recibido con el clásico alboroto de  “carne fresca”. Ella, como era “política” no disfrutaba del privilegio de  tener  una cama como las demás presas; algunas de las cuales eran trabajadoras sexuales en “la bolita del mundo”, en espera de que su empleador pagara las multas y se las llevara.

“Sí– le dije– y no me siento bien, creo que estoy embarazada pues tengo  muchos mareos y un retraso de unos quince días”.  Cicelia me dijo que cuando mataron a Homero un policía le tiró el periódico en sus piernas; que el titular del vespertino La Notica en portada decía,  con letras bien grandes: P.N. MATA A HOMERO:  Le pregunté si ese periódico podría estar en algún lugar por ahí pues quería verlo y me dijo que se lo llevaron enseguida.  Ella estaba presa “hasta que se entregara” su esposo, Piro Céspedes, militante del MPD;  práctica muy usada por la policía política balaguerista.

Me indicó dónde estaba el baño, y cuando me puse de pie, me desplomé encima de  ella; que empezó a gritar: “una ambulancia, una ambulancia”. Cargada en alto me sacaban varios policías pero antes de perder  por completo el conocimiento, sentí cómo una de  las prisioneras que se abalanzaron sobre mí, me sacaba del dedo mi anillo de matrimonio.

Cicelia había “diagnosticado” posible principio de aborto, así que me llevaron enseguida al hospital de  la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, donde  me dejaron  internada en calidad de presa, tras apostar a dos policías en ambas  puertas de la sala. Desperté con un  suero puesto y con el pinchazo de una jeringuilla con la que una monjita me tomaba  muestras de sangre; también me pidió muestras de orina. Al día siguiente, esa misma monjita me dijo con mucha cautela y en voz muy baja  que yo no estaba embarazada, ni había abortado;  que la suspensión del “período” se debía posiblemente a estrés pero que no lo dijera a nadie.  La dirección del hospital, viéndome tan débil y acabando de pasar por ese trauma, entendió  que era abusivo tenerme en prisión y, contrario a los resultados de la prueba de embarazo,  dijo a la Policía y también a la  prensa, que determinarían si estaba embarazada y que me harían otros estudios; dejando en medio de una nebulosa un diagnóstico preciso. El doctor Vinicio Calventi era el director de la maternidad.

Confieso que me llenó de tristeza  el haber perdido la efímera ilusión de poder tener  otro  hijo de Homero, quizás un varón  que llevara su mismo  nombre y que atenuaría mi pena, y la de nuestras dos familias.

Una estudiante de medicina que me conocía, se  me acercó y me tomó la presión y escondió bajo mis sábanas recortes de periódicos con las noticias relativas a todo lo que se había escrito desde el miércoles hasta este día, los que llevé a los baños envueltos en una toalla para poder leerlos. Me contó pormenores del funeral de Homero, y se alejó antes de que los policías les llamaran la atención.

Más tarde llegaron mis padres, hermanas y otros  familiares míos y de Homero y se creó un pequeño disturbio en la puerta, pues los policías alegaban que no era día de visita, y que sus órdenes eran de no dejar  pasar a nadie. Finalmente, autoridades del hospital intercedieron, logrando que al menos dejaran pasar a  papá y a  mamá, trayéndome comida. Mamá me dijo que la familia daría una rueda de prensa con los abogados exigiendo mi inmediata libertad por mi delicado estado de salud  y porque no había acusación ninguna en mi contra, pasadas ya más de 48 horas.

Le pedí  a mis padres que les dijeran a mis demás visitantes que se asomaran a la puerta para verlos y saludarlos desde mi cama, pero cuando se pararon del lado afuera de la puerta de la sala llena de mujeres paridas o embarazadas, me levanté y fui hasta ellos, desafiando  a los policías y me abracé llorando a mi cuñado  Hidalgo, el mayor de los hermanos de Homero, y así lo hice con cada  una de las personas que estaban ahí. Los policías me llamaban la atención; estaban nerviosos; entendían el drama humano pero no sabían cómo manejar la situación.

 Los médicos no los querían parados en las puertas porque alegaban que necesitaban privacidad para examinar a las pacientes; decían que ellos solo debían cuidar  las puertas pero del lado afuera de la sala; que no era preciso que me estuvieran mirando permanentemente porque no había ningún otro lugar por donde yo me pudiera escapar.

El sábado fue otro día horrible para mí, pues en ese ambiente tan deprimente, sentía  que las horas no pasaban nunca. Ya en la tarde me paré de la cama y fui hasta donde uno de los policías, bien jovencito él,  y le dije: —“Mira muchacho, hazle saber a tus superiores lo que te voy a decir: diles que yo no voy a aguantar mucho aquí, que resuelvan ponerme en libertad porque me voy a vestir y voy a pasar por delante de ti y tú tendrás dos alternativas: matarme o dejarme ir; y las dos son complicadas para ti”—Me contestó muy serio que él cumplía órdenes y que si yo intentaba salir por esa puerta, lo iba a poner en el compromiso de detenerme de la forma que fuera necesaria. Le dije, bueno, pues ve sobando ese fusil porque mañana por la mañana me baño, me visto y salgo por esa puerta; te lo juro por Dios, estás avisado; solo te falta avisarles a tus jefes. (Años  después ese mismo policía me vio en una oficina del IDSS y me recordó que él era ese policía a quien yo había puesto en tremendo aprieto).

El domingo en la mañana vino el mismo joven policía muy sonreído, avisándome que pronto yo me iría para mi casa. Y así fue, fui puesta en libertad sin que en ningún momento me interrogaran; solo querían ganar tiempo para que los diarios publicaran y especularan con su versión oficial de los hechos, antes de que yo contara cómo acontecieron. Esa era una verdad a media porque me enteré más tarde de que, después de la insultada que le di al general Pérez y Pérez, este había dicho en privado que “la viuda de Homero se va a podrir en la cárcel; no va a salir mientras yo sea jefe de la Policía”.

Mi madre dio la rueda de  prensa y también habló con Rafael Herrera Cabral, emparentado con mi padre  por  los Cabral; quien publicó en el Listín Diario, al igual que otros medios,  las palabras de mamá diciendo que ya se había perdido una vida, la de Homero, y estaban en riesgo las de mi padre a quien le había dado un infarto cardíaco y la de la criatura que yo esperaba, pues me encontraba recluida bajo prisión hospitalaria. (De esa información es que siempre se repite que yo estaba embarazada cuando mataron a Homero pero, como he dicho, no era cierto).

A media mañana del domingo fui entregada  a mis padres en presencia de muchos periodistas que nos siguieron hasta mi casa materna, lugar donde la policía hizo firmar a  mamá un ridículo papel o “acuse de recibo”. (La recuerdo  apoyada sobre la capota  de su auto, firmando el papel. Ya antes yo había firmado otro por haber recibido el anillo de matrimonio, recuperado, ante mi insistencia, por la policía).

Mi hogar ya no existía; mi madre había hecho una mudanza apresurada  por temor a que los paleros arrasaran con todo. El doctor Luis Ibarra Ríos la ayudó a desmontar nuestra biblioteca y me guardó todos los libros; cuando pude ir por ellos, ofrecí regalarle el que eligiera y se lo dediqué.

Al llegar a mi casa materna, cargué a mi niñita y la abracé y besé mucho, y ni la presencia de extraños pudo evitar que volviera a llorar.  Nos sentamos en la sala donde la prensa tomó  mi versión de los hechos, la que también ignoraban mis padres, quienes en silencio escuchaban lo que les contaba. Por las preguntas que me hacían los periodistas, me enteré de las mentiras que había vertido  la Policía en sus  declaraciones.

Dijo que íbamos fuertemente armados, y presentaron varias armas largas y cortas y otros pertrechos militares, supuestamente encontradas en el pequeño Volkswagen y  con las cuales, según ellos, atracaríamos ese día  al Hipódromo Perla Antillana; siendo los mismos periodistas quienes  les recordaron que ese día estaba cerrado, pues no abría los miércoles, y poniendo en duda un atraco a tantas casillas por solo dos personas; ahí la PN se sacó de la manga que tras nosotros iban otros compañeros en varios vehículos pero que se les escaparon. Todos rieron cuando Emilín Herasme Peña recordó que en esa ocasión de la rueda de prensa de la PN, le dijo a la policía: “¿Todos esos datos y ustedes no sabían que habían matado a Homero Hernández; no sería que ustedes estaban informados de que pasaría por ahí y lo esperaron con una emboscada?

La policía  sabía que nadie le creería, pero tampoco le importaba. Matar a esos muchachos era ya rutinario en el gobierno de Balaguer; (cuyo partido sigue vigente a causa de la corrupción y del oportunismo de todos los partidos del sistema que lo valoran como rémora y ramera, útil en las elecciones). A la PN se le ocurrió decir que se enteraron  de que al que habían matado era a Homero Hernández, cuando yo me identifiqué como su esposa; además,  que yo había herido de bala en una rodilla a un policía, al que nunca presentaron. En ese momento levanté mi falda y les mostré parte de mis muslos y rodillas amoratados e inflamados, pero  les pedí no tomar fotografías.

El 15 de octubre de 1971, a poco menos de un mes de  la muerte de Homero,  Balaguer, como era su costumbre,  movió fichas en su tablero y destituyó al general Pérez y Pérez de la jefatura policial, y puso en el cargo al también general  Neit Nivar Seijas; quien lo primero que hizo– pese a la supuesta malquerencia entre ambos– fue ascender de rango a varios militares envueltos en el crimen de mi compañero; incluido, por supuesto, a  Juan María Arias Sánchez, el del tiro de gracia y que exhibía en su muñeca, cual trofeo de guerra, el reloj que perteneció a Homero.

Ese mismo Arias Sánchez, que tenía un prontuario de muertes y abusos, se vio envuelto pocos meses después  en el asesinato del periodista Gregorio García Castro. Estando yo en el exilio en México, al enterarme de esa noticia, llamé  a los diarios identificándolo como el que dio el tiro de gracia a Homero y publicaron mis declaraciones.

Arias Sánchez fue ascendiendo de rango hasta que, pasados los años, y durante el gobierno de don Antonio Guzmán Fernández, fue puesto en retiro con el rango de general. Se retiró a su finca en Baní y desde allí, con ex policías, dirigía  una banda de sicarios a sueldo que cometían asesinatos por encargo de narcotraficantes  que operaban, principalmente, en los Estados Unidos. Descubierto, juzgado y condenado, murió un año después  en la cárcel de La Victoria. La familia alegó que lo habían envenenado.

(Este artículo fue publicado por primera vez en el décimo aniversario de la muerte de HHH. El próximo 22 de septiembre se cumplen 50 años de ese crimen. Y lo sigo publicando  “para que no haya olvido”). 

JPM