En pleno siglo XXI no podría concebirse los Estados sin las Naciones Unidas. Su influencia a lo largo de la historia ha estado presente en todos los ámbitos de nuestras vidas.
Esta organización junto a la OEA están en el deber de buscar una solución que ayude a la estabilidad de un Estado quebrado, destruido y en anarquía total como lo está Haití. El gobierno y pueblo haitiano están generando serias preocupaciones y no solo a nuestro Gobierno, sino a toda nuestra población.
Hoy en día la ONU y otros organismos no muestran preocupación por lo poco que queda del “Estado” haitiano; pero encabezan esfuerzos contra la determinación nacional en hacer respetar la Constitución y las leyes internas.
Nos gustaría ver la ONU, OEA, ONGs y medios satélites pro la ilegalidad combatir el hambre, la pandemia y la anarquía en Haití; y a la vez, dejen que nuestro Gobierno se proteja de la anarquía, el hambre, miseria y salvaguarden nuestro patrimonio.
La intervención en los asuntos internos no es permitida, esto según el Artículo 2, párrafo 7 que regulan la ONU, estipula que las Naciones Unidas no están autorizadas a intervenir en los asuntos que son de la jurisdicción interna de los Estados. La República Dominicana en caso de alguna violacion a algún derecho humano tiene sus órganos funcionales que aplicarían de ser necesario la ley.
Ahora bien, la Organización de las Naciones Unidas sí está calificada para realizar intervenciones cuando la nación así lo requiera, o cuando la seguridad de otros Estados se vean comprometidas. Sin embargo, en el caso haitiano no ha ocurrido ni siquiera el mínimo intento.
Los organismos internacionales tienen serios desafíos con respecto a Haití. Estas migraciones forzosas deben ser evitadas y bajo ningún concepto apoyadas. Desde que un Estado o población extranjera trasciende fronteras están bajo las leyes del Estado receptor.
Hay que evitar llegar a que se aplique métodos coercitivos con personas, pero se requiere de la cooperación internacional como nunca en nuestra historia. Se necesita la suma de esfuerzos globales para lograr el progreso de Haití y no es una tarea del Estado dominicano, sino de la propia Naciones Unidas y OEA.
Volvemos a repetir, deben existir esfuerzos internos e internacionales en lograr resolver este gran problema; de ningún otro lado podrá surgir soluciones. Olvídense de milagros, porque el problema ya está y cada día agravando.
Haití, República Dominicana y el mundo necesitan una ONU que solucione la situación. Necesitamos una ONU que renueve sus esfuerzos en favor de la estabilidad regional. Si queremos una región segura, primero necesitamos un Haití seguro y estable. Finalmente, necesitamos una ONU que sea parte de la solución y no de nuestros problemas.
JPM


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