La niñera era la encargada de cuidar a los niños de familias pudientes pero poco a poco, otras de ingresos medios y hasta bajos las contrataron, porque en este país, distinto a los desarrollados donde esta asistencia es cara, es posible comprar una trabajadora casi esclava con un pírrico monto.
De repente, pareciera que las pantallas sustituyen a esta empleada e inclusive a los padres, que entregan dispositivos a sus hijos para mantenerlos quietos, sedados, inmersos en ese mundo que ofrece de todo y para todos. Mas, sin filtro válido de verdad.
Cuando no hay supervisión, cualquier contenido está al alcance de gente apta o no para consumirlo y los menores son las mayores víctimas de esta falencia.
Así, la maravilla del mundo virtual en el que el conocimiento, la cultura general están ahí, a un click o toque de dedos, podría ser empañada por la tragedia de hallar todo tipo de aberraciones en ese mismo espacio.

El internet, con su carga de herramientas, de posibilidades vestidas de páginas tan heterogéneas, de redes sociales, es como la vida. Contiene lo bueno y lo malo. Es cierto que ahora hay más escollos para criar. Sí y mayores herramientas para una mejor crianza.
Los factores negativos han estado en cualquier época. Cuando no existía la web, los muchachos eran incentivados a hacer cosas malas, chantajeados, manipulados. Lo mismito ahora, solo que con mayor oportunidad de divulgar acciones perjudiciales. Sin embargo, de contrarrestarlas también.
Si los progenitores vaciamos nuestras responsabilidades en las pantallas para culparlas luego de la debacle, del fracaso de nuestra prole ¿Cuándo nos tocará ser papás?
Quizás debamos entender que los enemigos son viejos, que nada más cambia el método. Niñas y niños seducidos por adultos, burlas, amenazas, retos nocivos, incitación a sexo precoz, a suicidio, siempre existieron pero ahora estos delitos son cometidos también mediante plataformas digitales y reaccionamos asombrados, como que lospaul desconocíamos.
Ningún sentido tiene despotricar contra la tecnología, tal vez para de modo inconsciente evadir nuestra responsabilidad, para descargarnos del peso, porque en lugar de dar tiempo, en toda la extensión de la palabra, damos un aparato, a veces de última generación, a pequeños cada vez más desprotegidos.
Así, vulnerables los lanzamos a las calles sin mecanismo de defensa para sobrevivir a una sociedad de fieras que solo espera que caigan para devorarlos e incluso hasta los derriba para engullirlos.
jpm-am


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