El pasado sábado 18 de noviembre, el paso de un disturbio atmosférico por la República con sus torrenciales aguaceros produjo más de 400 milímetros de agua en pocas horas, que aumentaron exponencialmente el caudal de agua de los ríos, produjeron grandes inundaciones, al tiempo que desbordaban la capacidad de los drenajes de municipios y ciudades, como fue el caso del Gran Santo Domingo, anegando sembradíos, derribando puentes e inundando calles, negocios y hogares.
Este fenómeno produjo cuantiosos daños materiales así como dolorosas muertes de ciudadanos nacionales y extranjeros, convirtiendo este hecho en una tragedia para el pueblo dominicano. Una vez concluidas las lluvias, cuando aún no nos reponíamos del asombro, la impotencia y la tristeza, el gobierno dominicano comenzó su labor de evaluación y auxilio a los compatriotas en todos los lugares afectados.
El jefe del Estado se desplazó el domingo temprano para constatar personalmente la magnitud de los daños y ordenar a sus ministros tomar las medidas que ameritan las circunstancias, señalando el camino a seguir.
El Gobierno ha iniciado su labor de asistencia, y en la celeridad y eficiencia de sus ministros descansa la suerte de miles de dominicanos que necesitan la mano amiga que le permita comenzar el largo camino de la recuperación.
Todos los sectores que inciden en la sociedad necesitan ahora unirse bajo la consigna de acudir en auxilio de nuestros compatriotas. La clase política, especialmente la clase dirigente, debe entender que con ¨poner a disposición sus locales y nuestra militancia¨ no es suficiente.
En esta situación de tragedia nacional, los dominicanos no podemos seguir dividiéndonos en ¨partidarios y opositores¨ o fraccionando la sociedad entre los que culpan a los que se fueron
y entre los que señalan a los que están.
El país requiere una demostración de madurez de su clase política y de todos los sectores que inciden en la vida nacional, pues lo importante es acudir en auxilio de nuestros conciudadanos y aportar todos para ayudar en la reconstrucción de todas esas vidas que han sido afectadas por la tragedia.
El país espera ejemplo claro de unidad. Lo lógico es, pues, que olvidemos los antagonismos y demos claras demostraciones de que hemos aprendido la lección de la historia de que la estabilidad y la paz, la verdadera paz nacional, se fundamenta en la fusión de todos los dominicanos en el ideal de una Patria unida, decente, tolerante y sobre todo solidaria.
sp-am


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