Frecuentemente escuchamos de diversos sectores de la población, incluyendo acólitos y miembros del partido gobernante, quejas, reclamaciones y exigencias en las que muestran sus insatisfacciones por la forma en que está dirigiendo la cosa pública.
Y ese es un ejercicio normal en toda Nación en donde impere un régimen democrático, y se respeten los derechos de los ciudadanos a disentir y expresar con plena libertad sus ideas, pareceres y creencias, aún cuando estas vayan en sentido contrario de quien o quienes ostentan el poder.
Inclusive, esas opiniones salidas de las propias entrañas del pueblo, de los barrios y los campos, así como de profesionales, empresarios, gremialistas, medios de comunicación, etc,etc, en los que demandan una mejor actuación en el desempeño de los deberes asumidos por los legisladores, los alcaldes, los ministros y del Presidente de la República, deben ser tomados como sensores de alarma para corregir, algún detalle que se haya escapado o realizar aquellas, que no hayan sido observadas en las ejecutorias puestas en marcha
Y es que se trata de servidores públicos, no importa el rango o la categoría que ostenten dentro del tren gubernamental, son servidores públicos, unos, escogidos forma directa mediante el voto, otros, designados por la potestad, que ese mismo voto de la población, dio a los beneficiarios del voto emitido para designarlos en los altos cargos que ocupan en la instituciones del Estado.
De ahí, que sus actuaciones siempre estarán bajo la vigilancia y la observación de la ciudadanía, es un derecho que le asiste, y que debe y tiene que ser preservado, porque de ello depende el desarrollo, bienestar y la mejor convivencia de todos los dominicanos.
Las instituciones públicas deben y tienen que manejarse con total transparencia y suministrar todas las informaciones que sean necesarias a los gobernados a fin de que estén debidamente edificados sobre los planes y proyectos programados, que supone irán en su beneficio y de esta manera, se sientan parte de ellos, no uno simples espectadores como regularmente sucede.
El fin de todo Estado, es lograr el bien común, satisfacer las necesidades y superar las metas de su pueblo, a través de las instituciones que lo conforman y es ahí donde estriba la importancia de cada servidor público, asuma con responsabilidad las funciones puestas en sus manos, porque la mujer del César, no solo ha de ser seria y honesta, también tiene que aparentarlo.
of-am


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