A juzgar por la férrea oposición de la cúpula de las iglesias y otros sectores cualquiera entendería que la Orden departamental 33-19 con la cual el Ministerio de Educación define como prioridad el diseño e implementación de una política de género en los diferentes niveles de la Educación Pre Universitaria, es algo pecaminoso atentatorio de la integridad y la salud sicoemocional de los niños, adolescentes y jóvenes.
Eso es, al menos, lo que pretenden algunas voces que han tratado de distorsionar los objetivos fundamentales de esa disposición. Es importante estar claros que la Orden Departamental del Ministerio de Educación es solo un mandato, una intención. Lo relevante es su puesta en ejecución y para ello, obviamente, deberán ser consultados todos los actores del sistema de enseñanza público y privado.
Vamos a estar claros, no es cierto que con ello el Ministerio de Educación busque promover una ideología de género que altere conceptos biológicos ni dañe la formación en valores de los niños, adolescentes y jóvenes, como han planteado la Conferencia del Episcopado Dominicano y las iglesias protestantes.
Todos los análisis y estudios sobre la violencia de género anotan como causa principal la concepción supremacista del hombre sobre la mujer, su dominio por factores económicos y la cultura machista incrustada hasta los tuétanos en la idiosincrasia de la sociedad dominicana.
Nadie discute que son la familia y la escuela los escenarios perfectos para promover la equidad, sustentada en el amor, el respeto y la igualdad de derechos entre varones y hembras, factor determinante en la construcción de una sociedad más armoniosa, más pacífica.
Respetar la igualdad entre los hombres y mujeres es también incentivar la convivencia en la diversidad, hacer valer el derecho de los otros a disentir, a tener una posición distinta respecto a los demás, es entender la igualdad de derechos de la mujer ante el hombre.
Es el grito desesperado de esta sociedad para cambiar su rumbo. Si desde las escuelas educamos en la equidad sembramos la semilla de la igualdad de derechos, implica que bien temprano los varoncitos asuman a la mujer como un ser igualitario, con sentimientos y emociones que deben ser respetados. Si logramos eso no hay dudas que, al menos reduciremos el desgarrador drama de la violencia intrafamiliar con su escuela de feminicidios con ya millares de niños huérfanos.
Por favor, déjense de tonterías y de retorcimientos, educar en la equidad, en la igualdad es promover una sociedad más justa, más pacífica, más progresista. Es responsabilidad del Estado y es lo que debe hacer el Ministerio de Educación. No hay que olvidar que la promoción de una sociedad igualitaria es un mandato constitucional, incluido en la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo al 2030.

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