José Ramón López: exponente del “gran pesimismo dominicano”

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José Ramón López Lora (1886-1922)

Conceptuado José Ramón López (1866-1922) como exponente del “gran pesimismo dominicano” a raíz de su ensayo La Alimentación y las Razas (1896), posteriores estudios integrales de su obra multifacética lo han revelado agudo observador de su época, dotado de mayor rigor conceptual, con perfil reformador democrático y progresista.

A textos de J. Balaguer, F. Henríquez Gratereaux, F. A. Avelino, R. Brea, M. Baud, H. Hoetink, se agregan las compilaciones esclarecedoras de A. Blanco Díaz, y los ensayos de R. Cassá, R. González, A. Peña, F. Ferrán, M.A. Fornerín, y E. Canela.

EL AUTOR es sociólogo. Reside en Santo Domingo.

En La Paz en la República Dominicana, subtitulada Contribuciones al estudio de la Sociología Nacional (1915), López pasa revista a males crónicos de nuestra sociedad, castigada por las revoluciones de Concho Primo atizadas por riñas de caudillos. Afirmando que “a los hombres no nos basta la independencia del Estado. Queremos también la libertad individual dentro del Estado”. Critica la prédica de la paz a quien está abajo sufriendo el látigo de los de arriba, fruto de una organización social tocada por “el feudalismo que trajeron los Conquistadores”.

“Aquí predominan las larguísimas familias cuyos troncos son Miseria, Ignorancia y Soberbia”. Abogaba por los derechos de ciudadanía, dando el ejemplo desde arriba.

Tras sumariar nuestros componentes étnicos constitutivos, JRL postulaba que al momento de independizarnos imperaba una “unión gregaria”, sin suficiente solidaridad social. Uniéndonos la defensa contra la tiranía y la rebelión ante la agresión externa. Valorando la disipación de prejuicios raciales entre blancos y negros dada la pobreza e ignorancia compartida.

Diagnosticaba. Educación sólo en las ciudades y el campo sin escuelas, además dispersas, que enseñan mal a leer, escribir y contar. Falta enseñar agricultura y pecuaria.

Resaltaba la figura predatoria del alcalde pedáneo que trata a la población como rebaño. Escoge lugareños para trabajar en su finca sin paga, con comida de batata y plátanos. Abusa de las vírgenes, incauta animales, pone multas, recluta para milicia. Controla y coacciona el voto.

En la ciudad, para la autoridad hay 2 clases de derechos: el de los particulares y por encima de éste el del que manda. “La libertad individual, si garantizada en la Constitución y en las leyes, aún no ha penetrado en las reconditeces del cerebro de los mandones”.

La prensa independiente es amenazada y amordazada, proliferan escritores mercenarios y el pueblo lee al revés cuando olfatea el tufillo de la mentira pagada desde arriba. La falta de respeto a los derechos y a la vida del hombre se revela en los actos del Ejecutivo. Cultura política autoritaria y abusiva. Las frecuentes revoluciones son atribuidas, por mala fe e ignorancia, a defectos orgánicos de raza que afectan la psicología dominicana.

Para JRL conformamos una simple agrupación, más bien una “disgregación individualista”. Un siglo XIX personalista dominado por los caudillos Santana y Báez. Fecundo en héroes y mártires. Impensables partidos de principios.  Caudillos formados ejecutando actos de valor y de crueldad, carecían de educación para gobernar. Que es garantizar derechos colectivos.

El nivel medio del dominicano es inteligente. El caudillo idolatrado es abandonado al ser detectado ídolo de barro. De ahí la fluidez de lealtades y la pérdida de fronteras inter partidarias.

Siendo país con predominio rural el Ejecutivo desatiende la agricultura. Aplica excesivos aranceles a las exportaciones nacionales: azúcar y melaza, tabaco, cacao, café, maderas. Provoca desventaja competitiva a nuestros productos en los mercados exteriores. Los proyectos de ley para liberar derechos de exportación no prosperan en el Congreso por oposición del Ejecutivo. El Arancel castiga a los más pobres, los agricultores que pierden beneficios y mercados. Propone política tributaria que grave la renta y las actividades.

El Ejecutivo incurre en gasto desordenado, saltándose el Presupuesto. Despilfarra los fondos públicos y les da uso discrecional (gastos electorales, compra de conciencias, gastos de guerras causadas por incompetencia, corrupción, despotismo).

Plantea que la escuela y el roce con el elemento extranjero han iluminado algunas conciencias. El país no quiere tolerar el abuso de la dictadura, más o menos velada, de que ha sido víctima en más de cuatro siglos.

Existiría un falso concepto del principio de respeto a la autoridad, de corte feudal, que lo ha convertido en respeto al individuo funcionario, casi siempre divorciado de la ley. Ámbito de la arbitrariedad y la sumisión. Se genera así hostilidad permanente entre la autoridad y el pueblo: la primera no representa la regla, la ley que se ha votado, incurriendo en tropelías. Lo que se ilustra con expresiones como: “Quien manda, manda; y cartucho al cañón”.

Los intereses del gobierno se sitúan por encima de la ley y la Constitución, aunque el pueblo sea el dueño del Estado. Sin orden de juez competente meten preso al ciudadano en la cárcel. Sin sentencia judicial, lo envían al exilio. Sin mediar condena, atentan contra su vida. Sin formalidad legal destruyen sus intereses y atropellan su honra. Configurándose un Estado abusivo cuyos mandantes operan como mandones al actuar por encima de la ley y la Constitución.

Pondera JRL la propuesta de elegir mediante voto directo a los gobernadores provinciales, como una vía para apuntalar reformas sociales y políticas. La califica insuficiente, al atacar efectos no causas concurrentes.

Entiende que los hombres que se adueñan del poder constituyen un trust que reparte desde arriba dádivas y violencias, injusticias y favoritismos, con los cuales aterra a unos y corrompe a otros, organizando una legión de sujetos alquilados. Para López, en ese estado de cosas no hay más sociedad que la encarnada por el Poder Ejecutivo.

Opone a los enfoques individualistas, “ideas socialistas” para reducir al mínimo el trust de los expoliadores y potenciar el trust del pueblo, en beneficio de los intereses colectivos. A su ver, sufrimos un caso patológico de anafilaxia social que demanda la profilaxis indicada, consistente en la cooperación social y el ejercicio del voto popular consciente.

“La reforma tiene que ser principalmente en las costumbres, en la moralidad individual de los dominicanos”, para edificar un nuevo Estado. La mentira nada construye. Ataca López la demagogia que busca ventajas políticas electorales, cuando la oposición critica decisiones que en su momento fueron aceptadas como válidas. Sugiere legislación que castigue la mentira de la prensa manipuladora.

Sería el caso de la Convención Domínico Americana de 1907 mediante la cual se consolidó el servicio de la deuda externa concediendo a EE. UU. el manejo de las Aduanas, entre otras potestades. Materia polémica, pese a su ratificación por el Congreso.

Habla de embustes ideológicos, que recuerda un episodio de Cuentos Puertoplateños, en el cual un funcionario de visita en su pueblo es increpado por la familia porque todavía no se había enriquecido. Alude al “Aprovéchate hijo” y a su reverso sumiso “Se prudente, sólo los locos embisten a los poderosos”.

Nuestro ensayista propone atacar las causas que originan nuestros males. Inicia con la ignorancia, causa patógena. Para lo cual el Estado debe costear la instrucción pública obligatoria. Sigue con la injusticia, concausa de perturbación social. Propicia la asociatividad mediante la cooperación como principio rector, que debe empezar por la raíz económica, que en el país sería la producción agrícola. Como política pública, el fomento de cooperativas de consumo/crédito/producción agrícola. Y un Banco de Crédito y Producción Agrícola. Con acierto, apela a la tradición campesina de realizar juntas o convites para acometer tareas comunitarias o brindar apoyo solidario a un miembro de la comunidad que lo requiera.

López entiende que “es una leyenda calumniosa la de que el campesino dominicano es un hombre haragán”. Lejos de serlo, realiza esfuerzo muscular “verdaderamente admirable, y en las fincas de caña de Macorís ha podido ser comprobado y puesto fuera de discusión que el labriego dominicano realiza en cada tarea el doble del trabajo que los labriegos extranjeros allí empleados. Y esto es tanto más admirable cuanto que el campesino dominicano en la generalidad de los casos, está pésimamente alimentado”.

Qué genera entonces el atraso rural: “la suicida organización social que padecemos”.

“La agricultura que conoce ese campesino es rudimentaria, primitiva hasta más no poder. Desconoce por completo las máquinas agrícolas, ignora la eficacia del abono; no dispone de más instrumentos que el machete, el hacha y la azada; jamás ha arado el terreno al cual confía la simiente. Para riegos, las nubes, salvo raras excepciones en Baní y en la frontera”. Considera que procede, “para provecho de todos los habitantes, poner al campesino en condiciones de capital y de conocimientos, que lo habiliten para producir bien, y en el colmo de la capacidad de las tierras que posee”. Elevar su productividad con capital y tecnología.

Propugnaba por Escuelas Agrícolas y Campos Experimentales, pero creía que su impacto transformador sería muy lento. Aconsejaba poner al alcance de nuestros labradores, “la competencia técnica y el capital pecuniario”, habilitándolos como sujetos de financiamiento con garantía hipotecaria de sus propios terrenos, beneficiarios de “un Banco de crédito y producción agrícola”. Quedarían excluidos de esta iniciativa los jugadores, ladrones, borrachos y asesinos.

Los Bancos Agrícolas Cooperativos realizarían avances sobre cosechas “próximas a la maduración con garantía del fruto” (como hoy la pignoración del arroz). Asistirían a los productores, vía una Oficina de Comisiones de Exportación, para colocar sus productos en los mercados externos, “cobrando lo menos por el servicio” y ejerciendo control de calidad previo.

En su Diario de 1921, López reflexiona: “No es la Constitución la que hace un país, sino el país quien hace la Constitución”, contrastando a quienes preconizan la canonización pétrea de su Carta Magna.

jpm-am

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Bonao de la Maguana
Bonao de la Maguana
1 mes hace

Excelente, espero pronto un análisis así de la obra de Moscoso Puello.