Con la muerte de Rafael Armando (Fellito) Corominas Pepín, desaparece el último de los cuatro hermanos que dejaron una huella de trabajo, esfuerzo, estudio y dedicación. Los otros fueron Antonio, Bienvenido Rafael (Dido) y Héctor Desiderio (Nan).
Antonio fue médico, fundador de la primera clínica moderna de Santiago: la Clínica Corominas. Dido fue contador, abogado, asegurador y banquero. Nan era abogado. Fellito se dedicó a ejercer la ingeniería, la docencia, la promoción de urbanizaciones, la construcción de edificaciones importantes, tales como la torre de Seguros Pepín, profesor de las Universidades Autónoma de Santo Domingo, Católica Madre y Maestra, fundador del Instituto Tecnológico de Santo Domingo, institución esta última de la cual fue rector
Los Corominas Pepín tuvieron dos faros luminosos que los guiaron hasta convertirse en los distinguidos profesionales y ciudadanos que fueron: doña Consuelo, su madre, y el tío Fello Pepín. El ejemplo de sus mayores y la legendaria historia de valor de su ascendiente Perico Pepín, político y guerrero del siglo XIX, sirvieron para normar sus vidas.
Actuaron, todo el tiempo, permanentemente, unidos como verdaderos hermanos. Fue Fellito quien construyó el edificio de la Clínica Corominas que tan eficientes y distinguidos servicios prestó a la sociedad de Santiago y a la del Cibao Central, durante décadas en las cuales el ejercicio de la medicina y el equipamiento de las instalaciones hospitalarias era precario y atrasado.
Cuando Dido fundó Seguros Pepín, su hermano menor, Nan, lo acompañó desde el primer día como promotor y funcionario que laboraba como Relacionador, como abogado, hasta que la muerte los alejó de la empresa. Y fue Felito quien construyó la torre de Seguros Pepín en la avenida 27 de Febrero.
El largo ejercicio profesional de Fellito, se inició en el Acueducto de Santo Domingo donde ejerció funciones importantes durante varios años, hasta que se dedicó al ejercicio profesional privado. En 1978-1982, ocupó la Secretaría de Obras Públicas en el gobierno de Antonio Guzmán.
Hombre serio, recto, amante y respetuoso de su esposa Doña Ofelia, cariñoso y recto con sus hijos, a quienes guió en compañía de su consorte para luego cosechar frutos de seriedad y competencia profesional.
Fellito fue el primer profesional de la ingeniería que se dedicó a estudiar los terremotos desde las fallas que los producen hasta luchar por la creación y puesta en funcionamiento de normas y sistemas de construcción que hagan más resistentes y seguras las edificaciones.
Ante la desaparición de Fellito, repito la frase de John Donne: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto, nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.”
JPM


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