Liderar o liderear, esta última para algunos países de Centro-américa y el Caribe, es la acción de dirigir un grupo, un partido político o una competición. En el caso de un partido político, el líder es la figura que marca la dirección y la marcha de la organización.
Nadie puede trazar las metas estratégicas de una agrupación política, sino tiene una ideología definida y sentido de los hechos históricos; la historia debe ser el libro de cabecera de cualquier político, porque, el devenir de los hechos le señalarán los errores y aciertos de otros líderes en diferentes circunstancias, algunas muy similares a las que el personaje en cuestión deberá enfrentarse.
El discurso es una de las herramientas más importantes de la plataforma ideológica del líder; éste, el discurso, le da el matiz a la ideología de la agrupación. Para que un líder pueda llevar con claridad y eficiencia su discurso al nicho de masas que pretende cautivar, tiene que tener un profundo dominio de los temas a tratar, y un lenguaje claro que debería ensayar antes de verse frente al auditorio, contemplando todos los escenarios posibles.
En países presidencialistas, como nuestra República Dominicana, la persona que es elegida presidente de la República, pasa a ser líder máximo de la Nación; asume sin ser designado el liderazgo de su partido, y además de presidente, pasa a ser jefe del Estado, porque en nuestro país no existe la figura del primer ministro contemplada en la Constitución.
De aquí, mirando la alta responsabilidad de un presidente en un país de mediano desarrollo como el nuestro, con una innegable fragilidad institucional, los dominicanos tenemos que decidir con mucha conciencia a quien vamos a consagrar como líder de la Nación por los próximos cuatro años, a partir del 2020.
Podemos juzgar a los proponentes por sus discursos; ellos mismos hablarán de sí mismos, y sin darse cuenta en la prisa hacia el favor del electorado dejarán los trazos de sus fortalezas y sus falencias.
En acertar o fallar al elegir, está envuelto el destino del pueblo dominicano; fallar puede significar un retroceso de cuatro años, multiplicados por el avance increíble del mundo desarrollado y sus tecnologías del conocimiento.
Acertar es avanzar bajo cualquier circunstancia hacia el desarrollo, a la par del más alto nivel del mundo civilizado.


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