Durante un buen tiempo el terror de calles y carreteras se lo disputaban patanistas y guagüeros, hasta que fueron desplazados por motoconchistas, deliveries y motociclistas en sentido general.
Estos desaprensivos son dueños de las vías públicas, las cuales corren en el sentido que a ellos les parezca, sin luces, sin dirección, sin comedimiento.
En las últimas semanas la sociedad se encuentra alarmada y se ha decidido de manera colectiva llamar la atención de las autoridades, luego de varios desmanes cometidos por motoristas, asesinato incluido.
Lo sucedido con el chofer de un camión recolector de desperdicios sólidos en el Ayuntamiento de Santiago, crispó el ánimo público y llevó la frustración colectiva a los máximos niveles.
El conductor indefenso, clamando auxilio, fue ejecutado por una banda de motorizados que le persiguió por calles y avenidas de Santiago, hasta quedar atrapado en medio del desamparo.
Más recientemente, en la capital de la República, el conductor de un vehículo escolar repleto de niños fue acorralado por una horda motorizada que le agredió, sin medir las consecuencias de su vandalismo frente a menores aterrorizados.

Solo citamos dos de las últimas acciones deleznables de un segmento subhumano que no tiene miramiento para violentar las normas de convivencia civilizada en las vías, que ataca a mujeres indefensas por un simple incidente de tránsito.
¿Qué hacer frente a este masivo conglomerado para quien las leyes no existen? Peor aún: ¿qué hacer con la autoridad de tránsito que observa la forma olímpica como estos conductores desaprensivos se comportan de forma agresiva y no actúa?
Lo que está sucediendo con las bombas motorizadas que nos exponen a todos en cada tramo amerita la urgente adopción de medidas para que esto no se convierta en caldo de cultivo para una violencia generalizada.
De la incidencia en las motocicletas como instrumento de delincuencia es mejor ni hablar, pues se ha demostrado hasta el cansancio que el porcentaje más elevado de hechos criminales se comete desde motos ocupadas por más de una persona.
¿y del aporte de las motocicletas a las estadísticas de siniestralidad vial? Tampoco deberías hablar, ya que no son empíricos los datos conformes a los cuales, más del 80% de las desgracias en calles y carreteras durante los fines de semanas largos son aportadas por estos instrumentos de tragedias.
jpm-am


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