Un abrir y cerrar de ojos
Brasil, Argentina y Venezuela, las tres economías más grandes de América Latina, convulsionadas hoy por la conjunción de graves crisis económicas, políticas y sociales, a pesar de que experimentaron un elevado crecimiento de su PIB el primer decenio de este siglo, al amparo de gobiernos populistas o progresistas.
Esas naciones, que poseen recursos naturales en abundancia y avanzados procesos de industrialización y apropiación de tecnología, caen en el precipicio en un abrir y cerrar de ojos, al punto que el desempleo, desabastecimiento e hiperinflación signan hoy su cotidianidad.
Durante el los gobiernos del presidente Inacio Lula Da Silva (2003-2011), unos 40 millones de brasileños pasaron de pobreza extrema a pobreza moderada y de esta a clase media, mientras que Brasil se convirtió en una de las más pujante economía emergentes del mundo, junto a China, Rusia, India y Sudáfrica.
Esa otrora creciente economía, sufre hoy una contracción superior al 5% de su PIB, un desempleo mayor al diez % (15 millones de parados) y una severa crisis de gobernabilidad.
Argentina, cuyo crecimiento del PIB durante el periodo 2003 a 2011 fue superior al 8% y sus exportaciones se incrementaron en más de un 80% para convertirse en la tercera economía de América Latina, superada solo por Brasil Y México, y un per cápita de 17 mil 376 dólares, el más alto de la región.
El Fondo Monetario advierte que Argentina muestra unas tendencias insostenibles, que se traducen en recesión (-1% en 2016) y mayor inflación (25%). Durante el gobierno de Macri se han producido más de 4 millones de despidos.
Venezuela se acerca al cataclismo, con una inflación que ronda el 140%, déficit fiscal por quinto año consecutivo, reducción en un 75% del precio del petróleo y agudo desabastecimiento de alimentos y medicina. La historia venezolana es similar a la de los Brasil y Venezuela, de más de un decenio de crecimiento y estabilidad.
Lo ante dicho solo procura advertir que tres grandes economías del continente colapsaron literalmente en un abrir y cerrar de ojos, a pesar de que se mantuvieron en el carril del crecimiento durante más de un decenio, un peligro al que no es inmune República Dominicana. Reflejémonos en esos espejos.

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