En el ámbito de las Relaciones Internacionales las alianzas son fundamentales para el logro de ciertos objetivos. El objetivo puede ser defensivo como económico, en fin, se pueden hacer tantos acuerdos en tantos ámbitos, siempre y cuando signifique un beneficio para ambas partes.
Según Robert Greene en su obra “Las 33 estrategias de la guerra”, sobre la estrategia de las alianzas señala que los aliados perfectos son aquellos que nos dan algo que solos no lograríamos obtener. El hecho es que las alianzas nos pueden fortalecer sí sabemos muy bien lo que estamos haciendo.
Así lo entendió el político prusiano Otto Von Bismarck (1815-1898), quien logró la unificación del imperio alemán y venció, entre otras guerras, la conocida guerra Franco Prusiana contra Francia. Bismarck era un hombre práctico, no creía en sentimentalismos sino en los resultados concretos para el Estado, en la importancia del poder militar y las negociaciones claras.
Era un hombre que había estudiado la historia de Europa, de las sangrientas guerras que la habían azotado y sus luchas hegemónicas. Sabía muy bien que el poder adquirido por la unificación del imperio alemán podía suscitar temor en los otros países europeos, quienes temían la hegemonía de un Estado sobre los otros.
Según señala Henry Kissinger en su obra “Orden Mundial”, el Canciller de hierro conocía las consecuencias de no limitar sus pretensiones, “las coaliciones de países europeos que se habían formado en el siglo XVII en contra de Luis XIV y en contra de Napoleón al inicio del siglo XIX”, terminando siempre vencedoras , lección que al parecer los nazistas no comprendieron. Así fue que la estrategia adoptada por Bismarck fue la de realizar una serie de alianzas que a veces se contraponen, pero que lograron el objetivo buscado, el equilibrio.
“En un mundo de 5, recomendaba, era mejor estar siempre con la parte donde hay tres”. Para aislar a Francia, su enemiga, creó una red de alianzas con Rusia, el imperio Austro Hùngarico e Italia.
El objetivo era mantener la paz en Europa y así mantener sus logros.
Sin embargo, limitar las ambiciones no es fácil. En la guerra de Crimea, en la cual Rusia aprovechándose de la debilidad del Imperio Otomano pretendió expandirse al mediterráneo; Francia e Inglaterra, temiendo el control ruso en aquella zona, apoyaron al imperio. Rusia era parte de la santa alianza con Austria y Prusia, en defensa de las monarquías absolutas contra el liberalismo.
Cuando estalló la guerra la aliada Prusia permaneció neutral mientras Austria traicionó a Rusia, teniendo intereses territoriales, movilizó tropas en la región para mejorar la propia posición en los Balcanes. Austria al aliarse contra sus aliados perdió el apoyo de Rusia y quedó aislada diplomáticamente.
Este aislamiento provocó que Austria no tuviera ningún apoyo cuando las tropas francesas atacaron sus territorios en Italia, secundando la unificación de los Estados Italianos. Sucesivamente Prusia, aliada con el neonato Reino de Italia, también le hizo la guerra al imperio austriaco aprovechando un conflicto surgido por la administración de unos terrenos daneses, para lograr quitarle poder al imperio austriaco sobre pequeños Estados Alemanes. Todo esto como parte de su estrategia para lograr la unificación del imperio alemán bajo la guía Prusiana.
El poderoso imperio Austro Hùngarico seguía perdiendo poder y territorio. Ya a las vísperas de la primera guerra mundial, no cumplió acuerdos hechos con el Reino de Italia en la triple alianza sobre repartición de territorios, lo que terminó con la alianza de parte de Italia quien se alió, posteriormente, con Francia e Inglaterra en la Primera Guerra Mundial.
Visto en su momento histórico hay que analizar hasta qué punto los conflictos de intereses pueden destruir saldas alianzas y como el incumplimiento en tratados pueden perjudicar a aquellos que creen que están ganando con esto. Aunque a veces la suerte y los contextos históricos también juegan su rol.
Como indica Henry Kissinguer en su obra “El orden Mundial”, después de las consecuencias de la ruptura de su alianza con Rusia “Austria comprendió muy tarde que la reputación de ser confiable era un recurso más importante que las demostraciones de habilidades tácticas”.
Bismarck si bien cumplió su objetivo, sabía que necesitaba la paz para continuar a desarrollar su imperio. Como se sabe, sus sucesores no tuvieron esa inteligencia. Las alianzas son positivas si sirven para mantener la paz y el crecimiento y el beneficio recíproco. Hasta las asistenciales pueden ser usadas con inteligencia.
En el presente los conflictos de intereses todavía existen, y tal vez existirán siempre, pero para eso está la diplomacia. Las mutaciones históricas no pueden ser detenidas, los intereses ciegos no pueden controlar el mundo, todo debe obedecer a negociaciones objetivas y compartidas. En mi opinión siempre respetando los derechos humanos y, cuando sea posible, abogando siempre por principios democráticos.
Ante sociedades cada vez más competitivas, si realmente estamos en un mundo cada vez más civilizado, los mecanismos para lograr ese objetivo deben seguir mejorando.

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Tremendo análisis sin parcialidad y lleno de reflexiones históricas,siga aportando y llenando tantos vacíos k hay en los k disfrutamos de tantos columnistas juiciosos como es su caso