Los partidos tradicionales y las élites políticas que los controlan, están decididos a abrirle de par en par la puerta (una oportunidad) a un outsider de la política (una cuarta vía), para que irrumpa en el escenario político y, sin tener que hacer un gran esfuerzo, pueda alzarse con la Presidencia de la República, debido a la incapacidad de todos de enfrentar con firmeza esta que es nuestra principal y más peligrosa amenaza: La ocupación haitiana.
La mayoría de los ciudadanos ha volcado su mirada a lo que está haciendo con el tema de Las Maras en el El Salvador el Presidente Nayib Bukele, y ya lo comienza a visualizar como el perfil necesario que debe tener el próximo presidente de la República en las actuales circunstancias.
Es innegable desligar el tema de la deuda pública consolidada a la exponencial ocupación haitiana, pues si continúa el aumento en el gasto público en salud y educación, en unos años veremos dicha deuda treparse a los alrededores de los 100 mil millones de dólares.
Quiere decir, que el costo de los servicios de la deuda ocupará cada año un mayor espacio en los ingresos del gobierno, lo cual, nos guste o no, terminará afectando los subsidios a los programas sociales destinados a los más vulnerables, los pobres.
Con un gasto público creciendo descontroladamente por destinarse a dos poblaciones (dominicanos y haitianos), y unos ingresos del gobierno que no crecen al mismo ritmo, es claro que el país no tendrá otra alternativa que seguir endeudándose para cubrir sus déficits fiscales.
El país requiere de un presidente con un carácter similar al que presenta el Presidente Bukele. Que tenga la suficiente firmeza de enfrentar el problema haitiano sin temor a doblegarse ni a las presiones internas ni a las externas.
Que cierre definitivamente todas las sedes consulares que el país tiene actualmente en Haití, con lo que se suspendería definitivamente la expedición de visas a nacionales haitianos y a la eliminación de la mafia que allí opera, y claro, cumplir cabalmente con la ley 285-04 de migración.
Y finalmente, que enfrente decididamente con la mafia que ha operado por años y que se burla de todo el pueblo dominicano, trayendo las parturientas haitianas para que vengan a dar a luz a nuestro país gratuitamente.
Dicho de otra manera. Un presidente con el valor suficiente para eliminar para siempre las tres variables que siguen perjudicando gravemente la existencia de la dominicanidad: La vulgar venta de visas en los consulados haitianos; la mafia en la frontera que permite que ingresen los nacionales haitianos; y la otra mafia que simula apresar los ilegales haitianos, para luego dejarlos libres por una mordida (como dicen los mexicanos).
jpm/am


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