POR ROBERTO VERAS
En la República Dominicana, la explotación de los recursos naturales oro, petróleo, tierras raras parece estar cada vez menos en manos de los dominicanos. Lo que debería ser una decisión soberana, anclada en el interés nacional y en el desarrollo económico de nuestras provincias más pobres, está siendo moldeada por el hegemonismo económico del primer mundo.
Hoy, mientras se comercia activamente con el oro a través empresas de capital estadounidense y canadiense, como Barrick Gold, los potenciales yacimientos de petróleo y tierras raras en zonas como Azua y Pedernales permanecen “intocables”, bajo una aparente lógica de reserva estratégica. ¿Reserva para quién? ¿Para qué momento? ¿Bajo qué criterios y con qué transparencia?
Lo que está ocurriendo aunque se diga de forma velada, es que las grandes potencias han asumido un rol de guardianes del subsuelo dominicano, sin que la población tenga voz ni voto sobre qué se extrae, cuándo se extrae y cómo se distribuyen los beneficios.
Un país pobre como el nuestro, con necesidades urgentes en salud, educación, empleo y seguridad alimentaria, no puede seguir esperando decisiones externas para activar sus propias riquezas.
La realidad es dura: estamos sentados sobre un tesoro natural, pero seguimos con las manos vacías. No porque no tengamos los recursos, sino porque no se nos permite usarlos. La riqueza de nuestras tierras está secuestrada por un sistema económico que prioriza los intereses de los países ricos y pone trabas a cualquier intento de soberanía verdadera.
No estamos abogando por una explotación indiscriminada de los recursos. No se trata de saquear el medio ambiente ni de repetir errores del pasado. Pero sí es hora de exigir transparencia, soberanía y planificación. Es hora de que las decisiones sobre nuestros minerales se tomen aquí, con técnicos dominicanos, con participación ciudadana y con una mirada estratégica al desarrollo.
Ya es tiempo de despertar. De preguntarnos por qué seguimos siendo pobres en un país que flota sobre oro, petróleo y tierras raras. Y de actuar para que esas riquezas sirvan a los intereses del pueblo dominicano, no a los de quienes nos dictan desde fuera cómo y cuándo debemos prosperar.
Porque el futuro de nuestra nación no puede seguir siendo decidido en despachos que no hablan nuestro idioma ni conocen nuestra hambre.
jpm-am


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