En ella se califica el grupo criminal organizado, en su articulado segundo, Como: Un grupo estructurado de tres o más individuos que existe durante un cierto tiempo y que actúa concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves, con la intención de conseguir, directa o indirectamente un beneficio material o económico.
Por tanto, para que se pueda hablar de delincuencia organizada es necesario que se cumplan una serie de requisitos concretos: que existe un grupo de personas esencialmente tres o más) que se organizan en una estructura interna y que, en la mayoría de las ocasiones, suele ser jerárquica; que se dé una adecuada coordinación entre sus distintos integrantes; que la finalidad de esta organización sea la comisión de actividades delictivas.
Y, finalmente, que la misma nazca con la idea de mantenerse en el tiempo, o sea, con vocación de continuidad y estabilidad. En muchos casos, aunque no todos, suele ocurrir además, que la organización tiene una dimensión económica, esto es, que persigue conseguir un lucro financiero con su actividad delictiva. Asimismo, algunos sectores doctrinales consideran como otra característica de la delincuencia organizada el uso de la violencia.
Y sucede lo mismo con la característica de la infiltración de estos grupos en instituciones públicas, aunque, no se da tampoco en todos los casos de delincuencia organizada, cuando concurre, provoca terribles consecuencias.
En cuanto a los actos delictivos que pueden realizar estas organizaciones o grupos criminales, aunque ello dependa de la legislación de cada estado, en general, no debemos identificarlos solamente con un tipo de actividad sin que el desarrollo de su tarea engloba ámbitos tan amplias como : el tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas; tráfico ilícito de armas y dispositivos explosivos, tráfico de personas, producción y distribución de material pornográfico, secuestros, falsificación de dinero, delitos contra la Hacienda Pública, delitos de apropiación indebida y blanqueo de capitales.
En lo relativo de la delincuencia organizada, y al igual que ocurría con la corrupción, tampoco podemos negar lo antiguo de su existencia. Sin ir más lejos, el origen de las primeras organizaciones criminales se sitúa, precisamente, en la corrupción por parte de gestores públicos, y, aún hoy en día, muchas de estas agrupaciones necesitan de la colaboración de los poderes públicos para sobrevivir como tales.
Después de lo ya expresado, tanto respecto a la corrupción como en relación con la delincuencia organizada, hemos de llegar a la conclusión de que las interconexiones entre ambas actividades no pueden pasarnos desapercibidas, ya que los grupos delictivos, para desempeñar fructíferamente su labor ilícita, tienden a inmiscuirse en las actividades públicas, Aclaratorio que este tipo de corrupción policia afecta no sólo a nivel estatal sino a todos los estratos de las Administraciones Públicas, cada uno con basa en las competencias asignadas por la normatividad vigente.
Pero ha llegado el momento de hacernos la siguiente pregunta: ¿Cuáles son, en definitiva, las consecuencias de la conexión entre corrupción y delincuencia organizada? Pues de manera resumida, debemos decir que el trabajador público que, de manera corrupta colabora con la delincuencia organizada, carcome el Estado de Derecho desde dentro y pone en auténtico peligro la estabilidad política, económica y social del país donde actúa e incluso del ámbito internacional.
Estas filtraciones dañinas se producen como resultado de que las organizaciones criminales tejen una red de influencias y corrupción que desemboca en casos tan graves como campañas electorales financiadas con dinero procedente del narcotráfico en algunos lugares de Hispanoamérica o el supuesto de los cárteles de la droga mexicanos que tienen en nómina a miembros de los grupos de seguridad estatal, especialmente a los que deben dedicarse a controlar el tráfico de drogas o el tráfico aduanero.
Y como resultado de ello, algo tan grave como el narcotráfico, llega a tener presencia esencial en procesos electorales, legislativos y decisiones gubernamentales de diversas índoles y calado. Pero el mayor problema para combatir este fenómeno criminal es que el planeta globalizado que hemos creado, ha favorecido la transnacionalización de este tipo de delincuencia, haciendo más difícil su persecución.
De ahí que los grupos delincuentes encuentren grandes facilidades para su expansión dada la flexibilidad de las normas encargadas de controlar, entre otros aspectos, el comerció fronterizo y los movimientos monetarios, así como de vigilar la actuación económica de un ente a nivel internacional.
Muchos son los obstáculos para realizar una investigación fértil con la finalidad de destapar las conexiones entre esos dos tipos de delincuencia, pero ello no debe hacernos flaquear en empeño de lograr, si no erradicarlos, al menos controlarlos en la medida en que sea posible. Con la finalidad de hallar soluciones más adecuadas para luchar contra la corrupción y el crimen organizado, debemos reconocer.
La conexión delincuencial analizada ha provocado que, a la vez que las redes criminales han ganado terreno a la democracia a pasos agigantados, los Estados han perdido capacidad real para hacer frente a la lucha contra el crimen. Situación alarmante que ya ha quedado expuesta en estas líneas.
jpm-am

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