El PRM (Partido Revolucionario Moderno) afronta una excelente oportunidad para probar su vocación democrática con la convención que realizará este domingo para renovar su dirigencia. Es la primera vez que lo hace, y esa es una razón para considerarlo una prueba. La otra razón para ello es la actitud que han asumido los dos líderes principales de la organización.
Más de 520 mil miembros elegirán la directiva nacional y también las municipales mediante votaciones que se efectuarán en todo el país. Escogerán al presidente y hasta veintiún vicepresidentes nacionales. Por igual será seleccionado el secretario general, la segunda figura del partido, y junto a éste, veintiún subsecretarios.
Esta renovación integral será la primera en la breve historia del PRM y ha dado pie para que los pesimistas expresen recelos. Quienes temen a la confrontación quizá crean que la convención pueda propiciar acciones capaces de agrietar la estabilidad partidaria. Pero esos temores son infundados, pues el momento demandaba esa convención.
Quien nunca se arriesga nunca triunfa. En eso consiste la prueba del PRM. Elegir sus dirigentes a todos los niveles, conforme a la íntima convicción de los militantes inscritos en el padrón, y salir airoso y fortalecido es lo que tiene que ocurrir. Facilitarlo es un compromiso de los líderes y dirigentes y –por demás- es lo que aspira el pueblo dominicano.
Es obvio que los dominicanos están hastiados de la forma de gobernar del Partido de la Liberación Dominicana, y añoran un liderazgo sólido que conduzca hacia una salida electoral que dé término a la hegemonía peledeísta. Los sucesivos escándalos protagonizados por los funcionarios morados encierran el germen de la destrucción de este régimen.
Sobre el PRM, principal partido de la oposición, recae la responsabilidad de viabilizar el finiquito del estado de descomposición que afecta a nuestra sociedad, con predominio de la corrupción y la impunidad. Es apreciación generalizada que los gobiernos encabezados por Leonel Fernández y Danilo Medina se han burlado –y se burlan- de los dominicanos.
Los líderes, Hipólito Mejía y Luis Abinader, comprometieron su apoyo a sendos aspirantes a la presidencia y a la secretaría general. A esta fecha habrán percibido los resquemores que esto ha generado. Por igual, deberán asumir las consecuencias que esa acción pueda traerles. Ambos tienen grandes cuotas de compromiso para que el PRM quede bien en su jornada.
El PRM representa una esperanza para los que creen en la democracia. Quien intente plantar la discordia se convertirá en un agente del mal, un anticristo. La infortunada democracia dominicana vive un momento crucial y reclama unidad de propósitos. Al PRM compete dirigir el necesario reencauzamiento de la democracia. De ahí el reto de la convención.

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