Muertos por accidentes de tránsito del 2011 al 2021

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EL AUTOR es escritor. Reside en Santo Domingo.

Los accidentes de tránsito son parte de la rutina cotidiana de nosotros los dominicanos. Son una dolorosa tragedia que hemos aceptado con resignada indiferencia. La mayoría de las muertes provocadas por los accidentes viales son absurdas, resultado de la intemperancia y la imprudencia. La mayoría son muertes evitables.

El presupuesto de muertes por accidentes automovilísticos que tenemos tabulado por adelantado para este año 2022, sobre la base de un promedio estadístico aterrador que le da consistencia, parece que también lo vamos aceptar imperturbables y sin   rubor, tal como aceptamos el balance trágico del 2021. 

Tenemos que reconocer que ahora estamos dando algunas muestras de mayor preocupación en ánimo de reducir estas escalofriantes cifras, aunque no suficientes para que otra vez no se queden sin vida miles de dominicanos en nuestras calles y carreteras.

Los vamos a recoger con la misma resignación que hemos recogido los más de 25 mil muertos y hemos movilizado miles de heridos, muchos de ellos con lesiones   de por vida, en un período que va desde   el 2011 hasta esta fecha, a consecuencia de los accidentes de tránsito.

Ese trágico y mortal descuento que les aplicamos a los vivientes en este país carece del dramatismo social que escandaliza y que hace que los afectados comiencen a tomar medidas urgentes a favor de la vida. 

Ante este fenómeno siniestro no hemos logrado generar   un sacudimiento indignante   o una conmoción colectiva que nos lleve a una reflexión aleccionadora.   Necesitamos una reconsideración de esta trágica realidad que aliente una rectificación y proyecte cambios colectivos hacia medidas preventivas y de cuidado capaces de generar nuevos comportamientos que   hagan inadmisibles nuestras escandalosas estadísticas.

Mientras acontecen los accidentes fatales no es notable un esfuerzo preventivo que los evite y comience a reducir estas     aterradoras estadísticas que en la actualidad contabilizan más de 40 muertes trágicas por cada cien mil habitantes, lo que nos mantiene en un elevado lugar en el ranking mundial de los accidentes de tránsito. Lo lamentable es que hemos aceptado este necrófilo y ominoso puesto sin ningún empacho ni remordimiento. 

Seguimos corriendo por el carril de la muerte a igual velocidad y con la misma actitud. Estamos en marcha por la vía   del desastre, de la tragedia que arrebata vidas y recursos sin ningún   impacto aleccionador que vislumbre un cambio.

Estos muertos simplemente se entierran y se olvidan, mientras las estadísticas siguen engrosando sus dígitos. No hay una reacción colectiva, unísona, contundente que emprenda una jornada negadora y que diga que estas proyecciones fatales son inaceptables.

La cantidad excesiva de muertes por accidentes de tránsito está relacionada con el respeto a la vida. Los dominicanos tenemos una cultura pobre de respeto a la vida. En nuestras escuelas no se enseña, no se inculca como un valor el respeto a la vida. 

Necesitamos con urgencia una gran cumbre que unifique criterios y acciones en pro de la vida, una gran convocatoria, un plan, consignas y propagandas, prédicas y proclamas que nos impulsen a observar las leyes de tránsito. Se hace necesario una revisión seria, una reforma integral que redefina todo nuestro sistema de tránsito.

Hay que comenzar a revertir esta cultura de muerte que nos encadena y oprime. Parece que en la República Dominicana es más importante recoger los muertos que evitarlos. En el 2022 van a morir tanto a más como en el 2021. Tenemos organismos para contar los muertos, pero no tenemos la voluntad colectiva y social para reducir estas cifras. 

Todo indica que en este 2022 seguiremos aferrados a la amarga y depresiva inclinación, que como decía el doctor Zaglul, nos motiva a celebrar nuestro pesimismo y dejadez a son de merengue, por lo que, si no reaccionamos y hacemos una apuesta decidida por la vida, lamentablemente, seguiremos cantando con desaliento y fatalismo: “Se murió Martín en la carretera, le prendieron cuaba, porque no había velas”.

JPM

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Luis De New York
Luis De New York
4 meses hace

Sr Bueno. Los accidentes se pueden reducir. Estoy seguro que usted me va a decir que yo vivo en un pais organizado. Pero yo le digo, que aquí en NY. vivimos mucho dominicano desorganizado, y yo era uno de ellos. Por donde me entro la organización, multas que oscilaron entre$35 hasta $1200 y después de tener ese recors, una suspension de 6 meses, cumplida la suspension, una Multa de $350. Hoy dia tengo anos que no me ha parado la policía.