Los hechos y la historia: falta de educación en todo el tejido social

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EL AUTOR es político. Reside en Raleigh, Estacdos Unidos.

Este sábado 25 de septiembre se ha cumplido un aniversario más del derrocamiento del primer ensayo democrático dominicano.

Luego de 31 años de dictadura de Rafael L Trujillo, llegó un Juan Bosch, humanista y pensador democrático, que trató de darle una pluralidad de participación a la sociedad que la encaminara a un desarrollo integral.

Luchó con denuesto durante sus 7 meses de gobierno, sin lograr ni un solo día que los reductos del régimen anterior y el poder social fáctico, cesaran en sus obstáculos en contra de la integración popular al desarrollo de la Nación; finalmente fue depuesto el presidente Bosch y mandado al exilio junto a su sueño democrático.

América Latina ha sufrido muchos golpes de Estado, pero en ninguno de ellos se ha visto con tanta rapidez las consecuencias de la ruptura institucional como se vio en el caso dominicano de 1963. El gobierno de facto, que reemplazó a don Juan Bosch, se vio casi de inmediato en una crisis de insostenibilidad que no permitió su autenticidad frente a las masas populares.

Una infranqueable división social afectó el país, y un enfrentamiento político no se hizo esperar; el 24 de abril de 1965, a menos de 2 años del golpe, estalló una guerra civil, a la que de forma recurrente se le llama “revolución de abril”; este enfrentamiento tuvo graves consecuencias para toda la familia dominicana.

58 años después de la vergonzosa colusión de intereses que terminaron el ensayo de don Juan Bosch, el país dominicano es completamente diferente al escenario en que se dieron aquellos hechos. A tropezones, pero la sociedad ha avanzado de forma increíble.

A partir de 1978 América Latina se abocó a muchos cambios políticos y estructurales, y República Dominicana no fue ajena a esos cambios; el Dr. Balaguer que había manejado el país desde el final de la guerra del 1965, fue echado del poder por una decisión electoral masiva y adversa para su partido; era la primera vez desde los eventos del 65 que el pueblo probaba que incidía en su propio destino.

La sociedad dominicana hoy, es una mezcla de modernidad y viejas prácticas que tardan en abandonar el comportamiento de nuestros conciudadanos.

Veamos algunos ejemplos: 1- mientras por nuestras calles, se desplaza un carro Tesla que no necesita la atención del conductor, delante marcha un microbús con pasajeros colgando de sus puertas.

2- Mientras un motoconchista conduce la motocicleta con una mano y con la otra sostiene una conversación por un IPhone de última generación, en la mesa de su casa no hay comida para sus hijos y allí dejó olvidado el casco protector.

3- El gobierno cacarea el impulso a las zonas turísticas, y en las comunidades colindantes se aplazan las construcciones de las carreteras, mientras el agua potable para el uso de los comunitarios y los visitantes es solo un sueño.

4- Hoy, los políticos y los ejecutivos de grandes empresas, usan desplazarse en helicópteros en una media isla que si caminas muy rápido metes los pies en el mar o te pierdes en la montaña; mientras las comunidades que visitan no disponen de los servicios básicos para la vida.

Y así, en pleno siglo XXl podemos seguir mencionando una inmensa cantidad de incongruencias entre una situación de modernidad y el atraso conviviendo al mismo tiempo.

Tantas disparidades pueden tener solución, con acciones encaminadas a reconocerlas a indagar en sus orígenes; uno de los cuales, no hay que buscarlo muy lejos, está a la vista de todo el que quiera verlo, es la falta de educación en todo el tejido social.

Con más educación, como aspiró Juan Bosch, podemos dignificar el ejercicio de la política y el ejercicio del poder mismo.

JPM

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