Leonel y el Águila

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EL AUTOR es comunicador. Reside en Nueva York.

Hay una historia de motivación muy leída, que habla sobre el proceso de trasformación del águila. Mentira o verdad, es una enseñanza aplicable en lo concerniente a nuestro crecimiento personal.

Se dice que el águila se resguarda durante una etapa de su vida, donde renueva fuerzas, sustituye su plumaje, pues con las viejas plumas no es posible alcanzar las alturas. En un proceso doloroso el ave rasga sus envejecidas uñas y su pico, para que nazcan de nuevo. Esto le permite mejor efectividad de caza. Una ves renovada, alza vuelo para surcar nuevos cielos.

El Dr. Leonel Fernández muy al contrario a la simbólica ave, nunca intentó renovarse en cambio su afán por el poder y el juego de “quítate tú pa ponerme yo” lo hizo radicalizar, tornándose cada vez más agresivo e irracional.

Es importante conectar con las exigencias de hoy, sobre todo con los “milenials» que empiezan a ver el mundo de manera diferente.

Decimos esto pues durante los últimos años, hemos visto un Leonel, con la misma visión de estado, el mismo discurso y costumbre de siempre. Estimulando el culto a la personalidad, permitiendo filas interminables, donde sus acólitos se dan cita para rendirle honores el día de su cumpleaños, o regalando cajitas con alimentos y por supuesto una foto suya, a familias de escasos recursos, en flagrante homenaje al subdesarrollo. La necesidad se vestía de propaganda. Sin duda alguna, de volver a ser presidente; como en sus mejores tiempos, veríamos fotos del primer mandatario, colgadas en cada oficina gubernamental; lo cual es una práctica trujillista.

Observamos como Leonel nunca dejó de usar los mismos elementos persuasivos, cuando en sus afanes discursivos, ante enardecidos multitudes preguntaba: ¿quien te hizo la carretera? ¿quien te hizo el Metro? ¿Quién te hizo aquello?¿ quien te hizo lo otro?. De alcanzar el poder, de seguro que volvería a seleccionar una familia pobre cada 24 de diciembre para cenar junto a ellos. Nada menos populista.

Lo que es peor e inexplicable es que no pudo nunca aceptar convertirse en el gran asesor de su partido, sin la necesidad de provocar esta crisis que hoy vive el PLD. Pudo ser el guía junto a Danilo e impulsar figuras, para dar paso a la “fábrica de presidentes”. Volver a ser presidente después de haber gobernado tres periodos; se convirtió en Leonel, en una especie de obsesión que inquietó a muchos especialistas del comportamiento de la mente humana. Su desborda megalomanía, parece haberlo trastornado .

No obstante, hay que admitirlo; Leonel se recuperó políticamente. El pueblo lo reivindicó. Tal suerte lo coloca en posición importante, pues con la mitad (o casi la mitad) del partido en sus manos, es indudable la conveniencia de contar con él.

Al irse del PLD, Leonel comete un error garrafal negándose así mismo. Dejando a la deriva todo lo construido, produciendo un daño irreparable al país y al legado político de Don Juan y abandonando la institución política que lo elevó tres veces a la presidencia de la república y por casi dos décadas, a la del PLD. En los últimos dos años Leonel a enfrentado a Danilo de una forma tan virulenta, que tal hostilidad dibujó en su frente, el círculo a donde iría el disparo.

Nadie debe ignorar que Danilo se ha erigido, como el mejor armador de todos los tiempos de nuestra historia democrática. En consecuencia, ya debe estar sentado en la mesa de planificación conectando todos los puntos, aplicando todas las fórmulas y hasta descifrando algunos “algoritmos”; en la construcción de soluciones posibles que le permitan llevar a la presidencia, a Gonzalo Castillo.

Mientras tanto Leonel se fue con su música a otro lado. Que suene la orquesta con músicos de izquierda y de derecha, y arreglos musicales de los Vincho. Pero que la nación nunca olvide como Leonel atentó contra el gobierno de su partido y como si esto fuera poco; contra el partido que el mismo presidía.
Que la historia lo juzgue.

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