La violencia obstétrica (OPINION)

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EL AUTOR es médico y abogado. Reside en Santo Domingo

La palabra violencia parece haberse puesto de moda en los últimos años, sobre todo en temas relacionados con la relación del hombre con la mujer. Así, se habla de violencia de género, de violencia económica, de violencia sexual y la última de las violencias consideradas, que es la llamada violencia obstétrica.

La llamada violencia obstétrica, obviamente, surge de la relación del médico gineco-obstetra con una mujer embazada en trabajo de parto. Lo que no parece haberse tomado en cuenta al crear esta terminología es que el gineco-obstetra, que no siempre es hombre, lo que busca es que el evento del parto concluya con resultados satisfactorios para el binomio madre-hijo y que para lograr esto debe someterse a un periodo de intenso estrés durante muchas horas e incluso días, porque el proceso del parto termina cuando el médico da de alta a madre e hijo en buenas condiciones.

Es conocido por todos que las aborígenes de nuestra América daban a luz a sus hijos en cuclillas y solas, y que durante el trabajo de parto no estaban acostadas, sino que se mantenían de pie o caminando en la habitación hasta el momento de la expulsión en que se ponían en cuclillas, con lo que favorecían el nacimiento del producto de la gestación sin que el mismo se hiciera daño cuando se deslizaba por el suelo después de salir a presión del canal del parto.

Con el progreso de la ciencia médica se consideró que la mujer ameritaba vigilancia y atenciones durante el trabajo de parto, incluyendo la aplicación de un bloqueo peridural para minimizar el dolor de las contracciones y el monitoreo constante de la frecuencia cardíaca fetal para detectar tempranamente cualquier manifestación de sufrimiento fetal. Para esto, desde luego, se requería de la hospitalización de la mujer y su mantenimiento en una cama de una sala de pre-parto.

 Pero se adoptaban algunas medidas desde su ingreso, como el rasurado del vello perineal y público y la aplicación de un enema evacuante, a fin de vaciar el recto y eliminar cualquier obstáculo físico de las heces fecales que dificultara el descenso de la cabeza fetal. Y al momento del parto, se practicaba un corte en el periné, idealmente siguiendo la línea del rafé medio, para ampliar el canal del parto y facilitar la salida de la cabeza fetal.

 En ocasiones, para abreviar el periodo expulsivo se aplicaban unos fórceps sobre la cabeza del feto y se traccionaba el instrumento hasta lograr la salida parcial de la cabeza, momento en que se desarticulaban y extraían las cucharillas de los fórceps, para permitir la salida libre de la cabeza y el resto del cuerpo fetal. Una vez que se producía el alumbramiento, el obstetra introducía una mano en el interior de la cavidad uterina y la limpiaba con una gasa, a fin de tener la seguridad absoluta de que no quedaran restos placentarios dentro de la matriz.

 Finalmente, el obstetra debía reparar la episiotomía en tres planos anatómicos, para que la vagina y el periné quedaran con integridad física y funcional, sin que la mujer sufriera en el futuro los llamados “descensos”.

Con la llamada violencia obstétrica, sobre la cual se han emitido leyes en diferentes países, nada de lo que he narrado, como la actuación obstétrica tradicional en la atención de un parto, es permitida. No se puede mantener en una cama a una embarazada en trabajo de parto, tampoco se le puede colocar en una camilla obstétrica para la atención del parto, no se le puede rasurar, igualmente está penada la práctica de una episiotomía y mucho más la aplicación de fórceps. Todo esto es considerado como “una violación a los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres”.

Y no se crea que las penas son leves, las mismas incluyen la privación de la libertad por meses y hasta por años, según considere un juez la gravedad de la violencia obstétrica, y hasta resarcimiento económico en favor de la embarazada perjudicada con el uso de estos procedimientos prohibidos.

Estas legislaciones recientes en diferentes países obligan al obstetra a permitir el parto natural, como sucedía siglos antes, de pie, en cuclillas o en una pequeña piscina. Es decir, que cualquier intervención del médico para facilitar el proceso del parto en beneficio de la mujer y del feto es considerada como una violencia. Las buenas intenciones del médico no cuentan y el otrora llamado arte obstétrico se mandó a la porra.

Supongo que las escuelas de gineco-obstetricia están tomando en cuenta estas nuevas leyes en la formación de los futuros especialistas, más aún cuando ya en nuestro país, supongo que por simple imitación o porque ya nos toca, se ha introducido en el Congreso un anteproyecto de Ley de violencia obstétrica.

Yo me formé durante 4 años en el Hospital de Gineco-Obstetricia Número Uno, del Instituto Mexicano del Seguro Social, el mejor hospital de gineco-obsteticia de Latinoamérica, sin embargo, hoy, después de ejercer la gineco-obstetricia por 45 años, tengo que declararme incompetente para comprender e interpretar estas leyes de “violencia obstétrica”. Y me limito a decir como el amigo Carlos Batista, que son cosas de alta política que rebasan mi capacidad de entendimiento. Y ante esa situación, sencillamente, renuncio a atender un parto más. Que lo hagan los senadores y diputados, bastante bien cobran por legislar.

jpm-am

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ASURBANIPAL
ASURBANIPAL
7 meses hace

Cuando la sociologia sustituye a la biologia y el accionar del medico se convierta en un delito, se ha conseguido lo que algunos sicopatas Maltusianos miembros de organismos internacionales quieren, que se produzcan abortos esosc si son apoyados por ellos y que se reduzcan los partos con exigencias dificiles de cumplir para el ginecobtetra .Estas personas de Holdings internacionales sin ninguna autoridad pero refugiados en la aprobacion de

ASURBANIPAL
ASURBANIPAL
Responder a  ASURBANIPAL
7 meses hace

De Leyes que les permiten imponer castigos criminalizando el ejercicio medico.Las sociedades medicas deben tomar una posicion porque esto va a abarcar a todas las especialidades.

yadira
yadira
7 meses hace

yo no se hasta cuando vamos a estar aprobando y sometiendo leyes que son un disparate, que vienen a romper lo que se ha estado haciendo durante anos, y que no resuelven nada. eso es una bonita forma de perder el tiempo. muy buen articulo , doctor.