Como puede nuestro pueblo ser tan belicoso, altanero e intolerante, vivir con tan poco grado de amor, comprensión y tolerancia. Tomar las cosas tan violentamente, teniendo una actitud que no se corresponde con la de seres humanos civilizados.
El grado de intolerancia llega a tanto que tenemos uno de los índices más altos de muerte de jóvenes esposas, queridas, novias, compañeras, que por el simple hecho de acabar la relación y no querer volver, sea por que se enamoró de otro o porque ya no quiere seguir recibiendo los maltratos a que las parejas las someten, son asesinadas con una tranquilidad pasmosa y una frecuencia increíble.
Son muchas las vidas tronchadas, tantos los niños huérfanos y traumados de por vida, demasiados hogares de luto, destinados a descender económicamente o a seguir en esa pobreza donde tantos barrios se mantienen, perdiendo las esperanzas.
Baste una simple discusión por un estacionamiento, un choque entre vehículos, un diferendo de colmado. Un punto de vista distinto en un juego de dominó, o de pelota trae rencillas, tiros, puñaladas y tantas veces muerte.
Entre pandillas la cosa es peor. Luce ser que nuestra mente colectiva está enferma, muy enferma, y en vez de tratar de pasar esta corta y afanosa vida en armonía y tranquilidad, hacemos de la misma un infierno y de nuestro entorno un calvario.
Lo grave es que somos abusadores. Matamos a los más débiles. Nos ensañamos contra otros como si fuéramos valientes, cuando la realidad es otra.
Si no fuera así, entonces los políticos, la policía, los militares no abusarían ni robarían tanto. Sabrían que si la justicia que ellos imponen para abusar del humilde apoyándolos y dándoles inmunidad, podría tener represalias inminentes y dramáticas, pues hay tantos ciudadanos que luego de cometer sus actos delictivos se suicidan o están dispuestos a cumplir condena, sacrificando en ambos casos su vida.
Pero no. Vivimos en una necesidad perenne, en una miseria galopante y abusiva, y vemos, como personas pobres de siempre de repente tienen demasiado dinero, propiedades, viviendas de lujo, y aunque nieguen haber traficado, robado, extorsionado y recibido dinero de la droga y la mafia, su forma de vida los delata.
Esas personas, con palabras mentirosas, niegan, pagan seguidores, abogados, jueces, personas comprometidas, socios, militares para que los defiendan en eco mentiroso, y reciben apoyo de los comprometidos iguales a ellos.
Es penoso que mientras alguien mata a su novia, su esposa, su vecino, por cosas relativamente intrascendentes, se contratan infelices para matar por encargo, mostremos una pasividad, una humildad, un temor, un lambiconismo, propio de seres inferiores y enfermos, donde la conciencia y el amor no tienen cabida. Quizás el derroche que hacemos de nuestro cerebro y nuestra capacidad humana tenga alguna explicación. Por qué nos gusta que abusen de nosotros y somos tan sumisos.
Por eso y otras cosas, en los países desarrollados se dice que entre los Haitianos y los Dominicanos no hay diferencia. Ambos son pueblos salvajes, enfermos, sin control sobre sus emociones racionales y entendimiento de la justicia. Quizás el “Conectoma Humano” eventualmente arroje alguna luz.
Monterrey, Méx.* luis@arthur.net * www.luis.arthur.net * www.luisharthur.blogspot.com *22/II/2015


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