Vivimos en una era donde atreverse a decir que existen dos sexos —hombre y mujer— se ha convertido en una declaración “controversial”. En nombre de una supuesta inclusión, la ideología de género ha instalado una narrativa que pretende desdibujar la verdad biológica, cuestionar la maternidad, y empujar a las nuevas generaciones a una confusión profunda sobre su identidad.
Respetar la dignidad humana es un principio incuestionable. Pero hay una diferencia clara entre respetar a las personas y someterse a una ideología que contradice hechos biológicos elementales. Negar que el ser humano nace con un sexo determinado no es progresismo, es desconexión de la realidad.
La biología no odia, no discrimina, no impone: describe lo que somos. Nos dice que la continuidad de la vida depende de la complementariedad entre el hombre y la mujer. Sin esa unión, simplemente no hay reproducción, no hay humanidad futura.
¿Por qué, entonces, se intenta instalar una visión que borra esa verdad en nombre de una construcción cultural cambiante?
Lo más preocupante no es solo la narrativa, sino las políticas públicas que se están desarrollando a partir de ella. Programas escolares, leyes, campañas institucionales… Todo comienza a girar alrededor de una visión subjetiva del ser humano, donde lo biológico es irrelevante y lo autopercibido se impone como absoluto.
El respeto no puede ser sinónimo de silencio obligado. Decir que un hombre no puede menstruar o que una mujer no puede dejar embarazada a otra mujer no es transfobia, es lógica biológica. El problema no es la empatía hacia las personas transgénero; el problema es cuando, en nombre de esa empatía, se exige que neguemos la base científica sobre la que se sostiene la humanidad.
No se puede construir una sociedad saludable sobre la mentira. Y negar el sexo biológico no es inclusión, es desarraigo. Es cortar de raíz nuestra conexión con la naturaleza, con el diseño humano, con la continuidad misma de la vida.
No se trata de odio, sino de coherencia. De defender el derecho a expresar una verdad sin ser censurados, señalados o silenciados. Porque en este debate, también tenemos derecho a hablar los que no estamos de acuerdo.
Y si ser fiel a la biología, a la lógica y al sentido común es “políticamente incorrecto”, entonces asumámoslo con dignidad.
jpm-am

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